Publicado en El Universal, ca 1987
Cronista de guardia
Cantando bajo la lluvia
Por AGUSTÍN SÁNCHEZ GONZÁLEZ
La miseria genera formas extraordinarias de comportamiento, así como
respuestas totalmente impredecibles. Es común encontrar a tipos que se la pasan
todo el día sentados en la escalera, pongamos del Metro, con una niña o niño en
brazos, generalmente dormido y él, con rostro compungido, enseña una receta
médica y pide dinero para él o la niña. “¿Qué tiene?”
“Está muy grave joven, me dijo uno de ellos, si no le compro estas
medicinas, dice el doctor que se me muere”.
¡Vaya desfachatez! la receta tenía fecha de dos meses atrás.
Otros, por lo regular invidentes, tratan de ganarse la vida instalando
fritangas, ya tacos o tortas, en lugares aledaños al Metro convirtiéndose en
los mejores promotores del cólera.
Los más pobres, supongo, o con menos contactos, se dedican al “bel
canto” en los vagones del Metro. Algunos con toda formalidad, es decir,
acompañados con instrumentos (guitarra, acordeón, violín), y otros, los más, de
plano prefieren cantar a “capella” o, algunas veces, acompañan la canción con
las notas de su vaso lleno de las monedas que los usuarios del Metro les
regalan en las diversas rutas.
También me ha sorprendido la capacidad que se tiene para adaptarse a las
necesidades de la transición que vivimos para llegar al primer mundo. Ahora,
hay cantantes que cargan su grabadora, separan sus bocinas, ponen una musi-pista
de moda, a Mijares, los Bukis, Juan Luis Guerra, o Luis Miguel, y se lanza a
gorgorear la canción con gran éxito.
La posmodernidad, pues, y ello le genera buenos centavos, sin ninguna
duda.
Esto viene a comprobar que somos un pueblo cantador a quienes la crisis
le hace los mandados. Desde niños hasta ancianos se compone el personal que
canta en el Metro. Sin embargo, nadie me había conmovido tanto como un señor
que cantaba bajo la lluvia, a un costado de la estación Viaducto rumbo a
Coruña.
El hombre: “Ojalá que llueva café en el campo”, la mano con monedas y
agua del aguacero el hombre cantando como si estuviera bajo la regadera y así
era, según escuché decir a un vendedor ambulante: “es que el tipo es tan penoso
que sólo así canta, cree que está en su casa, en la regadera”.
Así, al hombre le va bien, cantando bajo la lluvia.
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