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sábado, 20 de junio de 2026

Vnuestiano Carranza visto por el cantante Caruso

Enrico Caruso en México

Agustín Sánchez González

Enrico Caruso ha sido el más grande cantante de ópera. En 1919, mientras se reconstruía nuestro país y previo a una batalla más contra el poder, vino a México y permaneció durante cerca de un mes. El periódico El Universal tuvo la primicia de entrevistarlo y publicó un autorretrato en primera plana, pues Caruso, además de cantante, fue un espléndido caricaturista. En México realizó una espléndida caricatura dedicada a Venustiano Carranza.

 

Enrico Caruso ha sido el más grande cantante de ópera. Ha pasado más de un siglo de su muerte y sigue presente. En 1919, mientras se reconstruía nuestro país y previo a una batalla más contra el poder, vino a México y permaneció durante cerca de un mes. Es curioso, pero un país en crisis lo recibió, con costos muy altos, para poderlo escuchar.

El periódico El Universal tuvo la primicia de entrevistarlo y publicó un autorretrato en primera plana, pues Caruso, además de cantante, fue un espléndido caricaturista. En el libro Caricature di Caruso se señala que tuvo varias ofertas para publicar sus dibujos con “poderosos editores”, pero el tenor no aceptó y los siguió dando a la luz en un pequeño periódico de Nueva York, de la comunidad italiana, llamado La Follia.

En México realizó una espléndida caricatura dedicada a Venustiano Carranza, que fue copiada de manera excepcional por Juan Terrazas, director del Museo de la Caricatura, y que se podrá apreciar, al lado de medio centenar de dibujos sobre don Venustiano, en el Museo Casa de Carranza, en la capital del país, durante estos últimos meses del año.


viernes, 19 de junio de 2026

Las caricaturas olvidadas sobre Carranza

 


EL TÍO CON BARBA

Las caricaturas olvidadas sobre Carranza

Agustín Sánchez González

La historia de la historia de la caricatura tiene en Salvador Pruneda (1895-1986) a uno de sus artífices y precursores. Humorista gráfico, cineasta, guionista y editor, caricaturista político  e historietista, así como historiador de la caricatura y memorioso de su vida. Su trayectoria en el periodismo mexicano es parte de la de su familia, también inmersa en estos ámbitos: su padre, Álvaro Pruneda, y sus hermanos Álvaro y Ernesto, quienes convivieron, en las primeras décadas del siglo XX, con los grandes humoristas gráficos de entonces. Además, su padre y su hermano Álvaro fueron diputados.

Salvador Pruneda luchó en el ejército carrancista, y la caricatura y el periodismo los asumió con disciplina militar. Quizá es el más representativo caricaturista del carrancismo. Su libro La caricatura como arma política es un clásico dentro de los estudios del humor gráfico y allí son contadas las caricaturas dedicadas a Carranza, a pesar de haberse publicado en 1958 y existir una amplia gama de periódicos donde sobraban los cartones dedicados a don Venustiano. 

Pruneda trabajó en el periódico oficial El Nacional desde su origen, en 1929, hasta que falleció. El diario era vocero del Partido Nacional Revolucionario, por lo que sus dibujos y cartones tuvieron un carácter eminentemente institucional. Hasta hace algunos años solo existían el libro de Pruneda y el de Manuel González Ramírez, La caricatura política (1955); por ende, ambos sentaron las bases para los estudios posteriores.

[…]

La caricatura contiene parte de la historia de lo inmediato. Los caricaturistas recrean el mundo a través de una perspectiva crítica que abstraen de la realidad y de la que opinan directamente, a través de las líneas de sus dibujos; desnudan lo visto y, con esta mirada, refieren el tiempo en el que viven. Esta visión resulta de una gran riqueza para entender la historia, pues el caricaturista basa su trabajo en personajes públicos y en situaciones cotidianas, lo cual, por cierto, no está exento de opiniones erróneas, dada la premura con que realizan su labor.

En la exposición “Cuando veas sus barbas cortar… Don Venus en la mirada de sus críticos”, que se presenta este fin de año en el Museo Casa de Carranza, en la Ciudad de México, hemos rescatado varias decenas de caricaturas, gracias a su hemeroteca, así como de mis archivos personales, compilados hace más de un cuarto de siglo.

Pruneda: en carne propia vivió la represión carrancista a los cartones que se plasmaron en revistas como El Motín, Gladiador, Momo y El Gancho. Al contrario de Francisco I. Madero –quien nunca censuró las caricaturas, como las atroces de Multicolor o El Hijo del Ahuizote–, “Carranza no entendía eso de la ‘prensa libre’”, señala; ese tipo de caricatura crítica generó en don Venustiano una visión represora y de control, relata Pruneda en varios capítulos del libro, incluido el episodio en el que fue amenazado de ser pasado por las armas. Otro caso fue el cierre del periódico Gladiador, ya que “al gobierno le resultaban un poco molestas las informaciones políticas y las ideas sostenidas en sus editoriales”. Carranza ordenó su  clausura en 1917 por un piquete de soldados: “Fuimos arrojados a la calle a culatazos y los soldados destruyeron el equipo tipográfico.

Carranza no permitía que la prensa lo tratara como a Madero, con quien los caricaturistas –de una enorme calidad, por cierto– habían sido feroces en sus críticas y de alguna manera lo debilitaron; aunque sí promovió la creación de nuevos periódicos, como El Universal Excélsior, que aún sobreviven y en los que publicaban caricaturas dedicadas al Primer Jefe. Como señala Enrique Krauze en su Puente entre siglos, don Venustiano aprendió de Porfirio Díaz la importancia de la imagen. A diferencia de los demás caudillos revolucionarios, siempre tuvo un porte ejemplar, con vestimenta formal o militar; la luenga barba le daba un carácter patriarcal y su edad lo convertía en un padre-abuelo, pero sobre todo, en el Primer Jefe de la Revolución.

Brillan los autores de Multicolor, que después se sumaron a Arlequín, como Atenedoro Pérez y SotoIslas Allende y Santiago R. de la Vega (director de ambas publicaciones): un potente trío de caricaturistas de una acidez terrible. Destacan otros cartones en El Hijo del Ahuizote, donde hay uno espléndido de José Clemente Orozco, a la par de las críticas punzantes por su aparente sumisión ante la invasión yanqui en Veracruz, en 1914. En La Guacamaya, los autores anónimos muestran un vaivén político que va del apoyo al huertismo y, luego de su caída, al acercamiento a Carranza, hasta terminar en la abyección al Primer Jefe. Aunque los dibujos no llevan firma, el historiador Luciano Ramírez se los adjudica a Eugenio Olvera Medina

Los cartones recuperados de revistas y periódicos como La República, El Demócrata, México Nuevo El Monitor Republicano, los cuales se encuentran resguardados en la Hemeroteca de la Casa Museo de Carranza, que vale la pena seguir explorando, pues ese acervo cuenta con verdaderos tesoros. De allí salieron varios de los cartones que por primera vez se exhiben en esta muestra.

Hay innumerables retratos y fotografías de don Venustiano, y el elemento que siempre destaca son sus barbas: modelo, origen y principio de cualquier trazo que tenga que ver con don Venustiano. 


​Agustín Sánchez González, “Cuando veas sus barbas cortar. Las caricaturas olvidadas sobre Carranza”, Relatos e Historias en México, núm. 182, Diciembre, 2023, pp. 22-25.

martes, 16 de junio de 2026

Dalí... en Plaza Universidad

 Me pregunto cuánta gente se detiene a admirar la exposición que se encuentra en los pasillos de Plaza Universidad: una media docena de grandes obras escultóricas de Salvador Dalí.



Tal vez se deba a que, hasta hace poco, no había ninguna referencia de que eran obras de Dalí. No tiene mucho que colocaron un espectacular donde se indica que es una obra del genio catalán.



Las personas pasan sin detenerse. 

En innumerables ocasiones, como parte de mis caminatas diarias, deambulo por esos pasillos y miro como poca gente se interesa.

No obstante, si he notado el entusiasmo de jóvenes que, a pesar de los vigilantes que miran de manera acosadora, se detienen a comentar la maravilla de tener cerca, muy cerca, a Eugenio Salvador Dalí.

¡Qué bueno que el Museo Soumaya saque a la calle estas maravillas!






















Palabras para Paco (Ibañez)

 

Paco Ibañez

En 1999, con motivo del 60 aniversario del exilio español, Paco Ibáñez vino a México. Tuve la suerte de estar con él toda una mañana, llevarlo a pasear por la ciudad, meternos en una trajinera en Xochimilco y decirle lo que le había escrito y que mi amigo Roura había publicado esa mañana en la esplendida sección cultural de El Financiero.

Eran los años setenta cuando, adoles­cente aún, me hallaba en la trinchera del sindicalismo independiente a través de la lucha dentro de una izquierda acosada y sin muchas vías.

Entonces, buscaba respuestas para la vida.

En aquellos tiempos, una amiga me prestó un disco doble de Paco Ibá­ñez. Se trataba de una grabación en vivo en el Olympia de París. 
Ese disco me cambió la vida; gracias a él, conocí la mejor poesía española: Luis de Góngo­ra, Federico García Lorca, Gabriel Celaya, Rafael Alberti, todos, todos los poetas que me hicieron encontrar una forma de ver el mundo, de encontrarse con el placer.
Lo escuché una y otra vez. Logré gra­barlo; hasta la fecha conservo el caset, y a menudo lo escucho. m(Muchos años después obtuve el CD)
Pero además de oír las canciones, co­mencé a buscar a los autores que canta­ba Paco. Pronto la casa se llenó de los li­bros de poetas como Luis Cernuda, José Agustín Goytisolo, León Felipe, Francisco de Quevedo, Antonio Machado y más y más que me llenaron de gozo el corazón.
Luego Serrat completó el panorama: Antonio Machado, de nuevo, León Feli­pe, Miguel Hernández, Rafael Alberti.
Este vínculo con la poesía me condu­jo, necesariamente, a la literatura. Leí Don Quijote de la Mancha, La vida del Buscón y demás obras clásicas.
El otro nexo fue el cine. Por esos años murió Francisco Franco; yo tenía veinte años, estudiaba historia en la Fa­cultad de Filosofía y Letras, y seguía las cintas de la época del destape.
En esa escuela tomé un curso con el doctor Wenceslao Roces, una institu­ción del marxismo que yo abrazaba por esos días.

Años más tarde me acercaría al Ateneo Español, donde tengo buenos y entrañables amigos; asumí a un grupo de abuelos queridos con los que colaboré muchos años como vocal de prensa y con los que compartí la historia viva de muje­res y hombres que dejaron la vieja España para llegar a la antigua Nueva España, a México, un país que les debe mucho.
Desde el ateneo obtuve una visión completa de lo que ha sido el exilio. Participé como jurado del concurso del testimonio sobre el exilio y conocí a mucha gente que estudiaba este fenó­meno o, mejor aún, que lo habían vivi­do sin rencores y con un gran amor a México, como Leonor Sarmiento, Pepe Puche o Pepe Sacristán.
En 1993 conocí España. Viajaba en un tren nocturno de París a Madrid, al­go me hizo despertar, un haz de luz que se colaba por la cortina del tren.

Estuve despierto hasta que la claridad del día me permitió ver la campiña española. No dormí más. Las imágenes de Bu­ñuel, Saura y demás estaban presentes, latentes. Era como una película que co­nocía; es más, que añoraba.

Caminé Madrid, Sevilla, Córdoba, Granada y Barcelona, recordando siem­pre a Paco Ibáñez, a los poetas que me regaló, a la vida que me mostró. "Nun­ca entré en Granada" y yo estaba ahí con Eleonora; junto al Guadalquivir, de nuevo evoqué a Ibáñez y le recité "Pala­bras para Julia", de Goytisolo. Recordé, también, a los "caínes sempiternos" al ver una placa de agradecimiento a quie­nes acabaron con el comunismo.
Recor­dé a todos aquellos que se llevaron la canción y la trajeron a México.

Hoy Paco está aquí. Hace veinticin­co años que no venía; hace un cuarto de siglo estuvo en Bellas Artes y ahora can­tará en la calle, en el Parque México. 

Hoy tendré la posibilidad de abrazarlo, de regalarle estas líneas y agradecerle el mundo que me mostró. Me enseñó a conocer mucho de los que ahora conozco, a disfrutar y, sobre todo, a vivir la poesía.

martes, 9 de junio de 2026

Cartón del mes. Marzo 2026 (ReHM No. 209)

 El desdén por la crítica ha sido, y es, el sino del pdoer. este cartón muestra a unarrogante Porfirio Díaz menospreciando a la prensa.





sábado, 6 de junio de 2026

Entrevista a Agustín Sánchez González sobre su libro Fidel. Una historia de poder (1991)

 En 1991, editorial Planeta publicó mi libro Fidel. Una historia de poder, que tuvo un enorme éxito (20 mil ejemplares) y que despues reeditó Nueva Imagen, con el título Los primeros cien años de Fidel Velázquez. César  Güemes  me entrevistó para la sección cultural de El Financiero, que editaba Víctor Roura. Esta es la entrevista:


Agustín Sánchez publica su libro Fidel, una historia de poder.

La cultura debe observarse desde el punto de vista político.

César Güemes

Un objetivo tiene el periodista y escritor Agustín Sánchez González al trabajar textos de índole documental, no seguir historiando como se hacía antaño. Así, abocado a la narración de los hechos de manera cronicada, da a conocer su libro Fidel, una historia de poder, bajo el sello editorial de Planeta, cuya primordial característica es no ser producto de encargo, beca o patrocino alguno, sino sólo del interés personal por bucear en las entrañas del poder en México.

¿Cuáles son los motivos que lo llevan a elaborar una investigación sobre el obrerismo en el país a partir precisamente de una figura como la de Fidel Velázquez? Uno de los elementos fundamentales era el impacto tan fuerte que tenía y tiene este hombre, viejo desde siempre. A partir de ahí, buscar una explicación de todo ello. En un libro de cuentos que tengo sobre fábricas y obreros ya hay cierta preocupación por el rescate de esta cultura en particular. En el caso concreto de este nuevo texto, es saber cómo se gesta el poder y por qué no se podía acceder a él. La única manera de explicarnos esa realidad es acercarnos a Fidel, que es el punto nodal de toda la historia del movimiento obrero.

Y por otro lado, es un factor muy importante para entender todo el contexto de la propia sociedad. La vida de Fidel está vinculada estrechamente a la vida nacional. Cuando se habla de Fidel, no sólo se habla de la historia del movimiento obrero, sino de la historia del poder en México. Y nadie lo explicaba. No había ningún libro. Este hombre da pocas entrevistas. Así que fue ir rascando el asunto de tal manera que cuando estudié la carrera de Historia en el Sistema Abierto, porque en ese momento trabajaba yo en una fábrica, decidí hacer la tesis sobre él. Pero dadas las restricciones de índole académico que no permiten más que una forma ortodoxa de escribir, no lo pude hacer. Entonces, sólo tomé una parte y con eso me titulé.

Luego, seguí pensando cómo escribir un libro que rebasara los límites de la forma de escribir historia para llegar a una manera distinta. En gran medida, mi incursión al periodismo desde hace varios años me permitió llegar a ella. La agilidad y cotidianidad del periodismo me dio elementos al mismo tiempo que me los dio la literatura. Eso me permitió ir madurando más la idea. Y un día decidí escribirlo, luego de renunciar a todos mis trabajos, de manera que tuviera total independencia y libertad. Este es un proyecto que nadie patrocinó y nadie me pidió. Lo hice por mi riesgo y cuenta, la apuesta de vivir como escritor. Pues ese día que decidí hacerlo ya tenía muy claro lo que yo deseaba. Y no sé si lo habré logrado plasmar todo lo que quería, pero el intento lo hice.

¿Por qué a un historiador contemporáneo le llega a interesar una sola figura que representa el poder y no en cambio la lucha social masiva?

Yo creo que hay ahora como un regreso, no solo en México, sino en todo el mundo, a la búsqueda de los personajes. No es que me sumara la moda esta, sino que estaba ya dentro de ella. Creo que las figuras del poder tienen una seducción de toda la vida. O más que una seducción, una curiosidad por explicarte qué pasa con el poder. Y dentro de ello como que hay dos niveles. En uno, el literario, ha intentado hablar de la vida cotidiana de los obreros anónimos.  Y por otra parte, mediante la amalgama de géneros, echar mano, echando mano de documentos, testimonios, crónicas, sobre todo en un momento en que el poder está en crisis en nuestro país. Desde 1988, a pesar de lo que se diga, me parece que hay un desmoronamiento ya muy claro del poder. El mismo Fidel está en crisis.

Luego, en un país de caudillos, presidencialista, de absolutismos, que se expresa claramente en Fidel Velásquez, lo menos que uno desea es entenderlo. A propósito de la crisis del marxismo, por ejemplo, hay que volver a escribirlo y retomar nuevas formas de contar la historia. Creo que es una propuesta de lo que digo, aunque ignoro si lo logro. Ya no podemos seguir haciendo historia como se hacía antes. Hay que trabajarla de manera más amena, más cercana al tipo de lectores que existen. Los medios masivos han generado un tipo de ciudadanos distintos. Entonces no puedes meterle los rollotes de escritores del siglo XIX, que son maravillosos, pero para los que somos fanáticos en la historia. Ya no funcionan los textos tradicionales. De alguna manera José Agustín también lo hizo con la tragicomedia mexicana y ha tenido más éxito que varios historiadores que trabajan con la forma ortodoxa.

¿Qué piensa un historiador de que la figura de Fidel se antoje eterna? ¿Por qué hay un líder tan longevo?

Porque es un país de caudillos, de poder absolutista. Él puede decir con toda la mano, la CTM soy yo, y lo ha dicho por ahí de alguna forma. Y otra cosa que pasa es la desmemoria histórica. Vivimos en una nación desmemoriada, donde la historia siempre está hecha a un lado. Tratamos de olvidar lo que pasa. Hace unos días se daba la polémica entre candidatos a la gubernatura de un estado y decía uno de ellos que sí discutían, pero tomando en cuenta el pasado. El otro, por su parte, argumentaba que el pasado no tenía importancia. Y también la izquierda lo dice. Evidentemente no importa de dónde viene él, sino dónde va. Yo creo que es absurdo. Es una de las grandes tonterías de mucha gente pensar que la historia no tiene sentido.

Es cierto que no lo tiene si lo ves como un anticuario, pero sí lo posee cuando se parte del contexto hegeliano que la historia comienza con el hoy. Claro, hay que conocer todo lo que hay detrás para saber qué camino seguir luego. Creo que por eso el periodismo en los últimos tiempos ha alcanzado nuevos niveles interesantes en México. Porque empieza a haber un mayor compromiso con la propia historia. Creo que es cierta la amalgama de géneros entre la historia, la literatura y el periodismo. Textos en donde ya no se encuentran los límites.

¿Fidel Velázquez será más institucional que representativo?

Creo que hay buena dosis de los dos. Por ejemplo, a Fidel mucha gente de izquierda lo calificó de charro, y sin embargo se hace un análisis serio en el charro, porque de alguna manera sí tuvo y tiene alguna representatividad. Muy vertical, por cierto, pero la tiene. Por otro lado, también es verdad que es el hombre más institucional del mundo. Creo que no ha habido nadie en el mundo, ni siquiera alguno de los expresidentes, que sea tan institucional como él. Y ese es su secreto, su éxito. Él siempre se ha sabido disciplinar al poder. Cuando hay que agacharse, se agacha. Cuando hay que brincar, brinca. Siempre ha sido el más fiel de los soldados del Estado. De los soldados con poder, por supuesto.

 Y tan ha sido así que jamás aspiró a ser presidente. Esa es otra de sus características de preservación. Si vemos a líderes como Luis N. Morones o Lombardo Toledano, que concretarían la trinidad de Liderazgos, vemos que ellos sí quisieron ser presidentes. Fidel nunca lo deseó, ya que ellos dos quedaron por ahí y mucha gente no sabe ni quiénes fueron. Han pasado diez presidentes de la República y el hombre sigue ahí. Su secreto es la institucionalidad, la representatividad que tiene a partir de toda una capa burocrática.

¿Cómo es que se llega a conocer tanto a un personaje, tomando en cuenta que ni como historiador o periodista ha tratado directamente con él?

Bueno, son años de hurgar archivos, revistas, periódicos, de leer entre líneas, de estudiar casi como castigo los once tomos de la historia documental de la CTM, casi mil páginas, incluso rescatar frases de él de las cuales el libro está lleno. Yo estuve pescado durante un año Fidel y no pude entrevistarlo. Fueron nueve meses de estar religiosamente en su oficina hasta que me cansé y decidí que no era tan importante porque al final el hombre vive a su mito. Y lo que él me iba a decir yo lo había dicho en otras entrevistas. Cierta vez le mandé un cuestionario del cual tampoco obtuve respuesta. Y pienso que seguramente se debió, entre otros factores, a que él mismo ya no se acordaba de muchas cosas. Pienso que quizá este libro le va a recordar a él mucho de lo que hizo y ya no tiene en su memoria. Después, después de todo, es lo que nos pasa a este México con la desmemoria. De la izquierda a la derecha no hay un registro de los hechos. Hay un concepto histórico pero en general, priva la desmemoria. Pienso que hacer un rescate histórico es pasar unos videos. Piensan que hacer un rescate histórico es pasar unos videos. El anuncio de Ricardo Rocha al decir esta sí es la historia es verdaderamente aberrante. Es la historia que ellos quieren que sea, pero no es la de todos. Total, que conocí mucho a Fidel a partir de los documentos.  Sé que es espeluznante leer diez mil páginas de rollos y rollos, pero no había de otra. Necesitaba buscarlo ahí.

¿Cómo es que finalmente la mezcla de intereses por el periodismo cultural y el ensayo o la crónica vuelve a ser acá?

Yo no desvinculo la cultura de la política. En términos globales, sabemos que la cultura es todo, pero en tanto la entendemos dentro del periodismo, pensamos que solo la conforman las bellas artes. Yo no creo. Pienso que el país requiere desde hace un buen rato el observar la cultura desde el punto de vista político. Hay gente que lo está haciendo, Monsiváis, Roura, Taibo II. Es cultura, pero con un tinte político. Apenas le empezamos a perder el miedo a los procesos del poder en México. Durante mucho tiempo había temor a ciertos temas y se deslindaba a lo político de lo cultural. Creo en el compromiso del escritor. Así que hay una posición política dentro de lo cultural, aunque no sea explícita, que pienso que muchas de las crónicas que hago están bañadas de lo político.

 


martes, 2 de junio de 2026

Ligero de equipaje

 


Nunca he tenido un gran guardarropa, ni siquiera uno medianamente surtido.  

        Dos o tres pantalones de mezclilla, un par de pantalones de algodón y otros dos para usar con traje o con saco y corbata; camisas y playeras dos o tres. 

    Pero ahora, inusitadamente, es tiempo de renovar, aunque no por gusto. Unos cuantos kilos de menos me obligan a buscar y es complicado por razones que no expondré aquí.

    Pensaba en Antonio Machado, ligero de equipaje.

    Y recordaba sus versos: “al cabo, nada os debo, me debéis cuanto escribo, con mi dinero pago, el traje que me visto y la mansión que habito”.

    Y entonces pienso en mi amado Joan Manuel Serrat que ha envejecido, como mi generación, pero día a día sigue siendo reconocido por su congruencia, por su calidad, por ser parte de la educación sentimental de muchas generaciones.

    Gracias a Serrat conocí la poesía española: Machado, Miguel Hernández o León Felipe.

    De ahí a los libros de poesía española, hasta llegar a sus propios orígenes.

    Después Paco Ibáñez me mostró otros senderos, otros autores: Cernuda, Alberti, Manrique, Góngora, Quevedo, Lorca, Goytisolo, Biedma y tantos y tantos que amé, y amo, la poesía española y me siento orgulloso de que por mis venas corra esa vertiente tan estúpidamente rechazada por los ignorantes que niegan nuestro pasado plural.

    ¿Y la ropa?

    Encontré un pantalón de mezclilla dos tallas más pequeño de la habitual.

    No sé si alguna vez vuelva a usar la ropa que vestía hace un par de meses, pero si sé que mientras termino de escribir esto, pongo un USB con Serrat cantando los Proverbios y cantares de mi  Antonio Machado

 

jueves, 28 de mayo de 2026

Un cielo azul en mayo

 Hace más de dos meses no miraba el cielo, no contemplaba ese azul tan singular de la ciudad de México, tan lleno de ajolotes, de contaminación y tan escaso de nubes. Eso, por la mañana, como a las nueve.

Es raro, durante cuatro semanas solamente miraba el techo del hospital, desde una incomoda cama y atrapado entre sueros y sondas.

Hoy es jueves y caminé solo por las calles de mi pueblo, como hace mucho no lo hacía; anduve por ese pueblo hoy destruido y convertido en una colonia más de la Ciudad de los Batracios.

Es raro.

El cielo es más caprichoso aún.

Llueve mientras escribo, el cielo azul se ha convertido en gris, aunque un haz de azul se asoma saludando que la mire, que la viva, que la encuentre, y me encuentre, como esa nube que avanza con cautela, sin prisa, sin pausa.

¡Ah, las nubes! ¡Ah el cielo!


Un avión vuela entre las nubes de algodón.

Quisera estar en él.

Dejó de llover.


Saldré a caminar de nuevo.


Cartón del mes. Abril 2026 (ReHM No. 210)

 En abril de 2026, este cartón, publicado en 1896, muestra al grupo polítcio más despreciado y criticado en México: los diputados, sumisos, como hasta hoy, al poder presidencial.








Vnuestiano Carranza visto por el cantante Caruso

Enrico Caruso en México Agustín Sánchez González Enrico Caruso ha sido el más grande cantante de ópera. En 1919, mientras se reconstruía...