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sábado, 6 de junio de 2026

Entrevista a Agustín Sánchez González sobre su libro Fidel. Una historia de poder (1991)

 En 1991, editorial Planeta publicó mi libro Fidel. Una historia de poder, que tuvo un enorme éxito (20 mil ejemplares) y que despues reeditó Nueva Imagen, con el título Los primeros cien años de Fidel Velázquez. César  Güemes  me entrevistó para la sección cultural de El Financiero, que editaba Víctor Roura. Esta es la entrevista:


Agustín Sánchez publica su libro Fidel, una historia de poder.

La cultura debe observarse desde el punto de vista político.

César Güemes

Un objetivo tiene el periodista y escritor Agustín Sánchez González al trabajar textos de índole documental, no seguir historiando como se hacía antaño. Así, abocado a la narración de los hechos de manera cronicada, da a conocer su libro Fidel, una historia de poder, bajo el sello editorial de Planeta, cuya primordial característica es no ser producto de encargo, beca o patrocino alguno, sino sólo del interés personal por bucear en las entrañas del poder en México.

¿Cuáles son los motivos que lo llevan a elaborar una investigación sobre el obrerismo en el país a partir precisamente de una figura como la de Fidel Velázquez? Uno de los elementos fundamentales era el impacto tan fuerte que tenía y tiene este hombre, viejo desde siempre. A partir de ahí, buscar una explicación de todo ello. En un libro de cuentos que tengo sobre fábricas y obreros ya hay cierta preocupación por el rescate de esta cultura en particular. En el caso concreto de este nuevo texto, es saber cómo se gesta el poder y por qué no se podía acceder a él. La única manera de explicarnos esa realidad es acercarnos a Fidel, que es el punto nodal de toda la historia del movimiento obrero.

Y por otro lado, es un factor muy importante para entender todo el contexto de la propia sociedad. La vida de Fidel está vinculada estrechamente a la vida nacional. Cuando se habla de Fidel, no sólo se habla de la historia del movimiento obrero, sino de la historia del poder en México. Y nadie lo explicaba. No había ningún libro. Este hombre da pocas entrevistas. Así que fue ir rascando el asunto de tal manera que cuando estudié la carrera de Historia en el Sistema Abierto, porque en ese momento trabajaba yo en una fábrica, decidí hacer la tesis sobre él. Pero dadas las restricciones de índole académico que no permiten más que una forma ortodoxa de escribir, no lo pude hacer. Entonces, sólo tomé una parte y con eso me titulé.

Luego, seguí pensando cómo escribir un libro que rebasara los límites de la forma de escribir historia para llegar a una manera distinta. En gran medida, mi incursión al periodismo desde hace varios años me permitió llegar a ella. La agilidad y cotidianidad del periodismo me dio elementos al mismo tiempo que me los dio la literatura. Eso me permitió ir madurando más la idea. Y un día decidí escribirlo, luego de renunciar a todos mis trabajos, de manera que tuviera total independencia y libertad. Este es un proyecto que nadie patrocinó y nadie me pidió. Lo hice por mi riesgo y cuenta, la apuesta de vivir como escritor. Pues ese día que decidí hacerlo ya tenía muy claro lo que yo deseaba. Y no sé si lo habré logrado plasmar todo lo que quería, pero el intento lo hice.

¿Por qué a un historiador contemporáneo le llega a interesar una sola figura que representa el poder y no en cambio la lucha social masiva?

Yo creo que hay ahora como un regreso, no solo en México, sino en todo el mundo, a la búsqueda de los personajes. No es que me sumara la moda esta, sino que estaba ya dentro de ella. Creo que las figuras del poder tienen una seducción de toda la vida. O más que una seducción, una curiosidad por explicarte qué pasa con el poder. Y dentro de ello como que hay dos niveles. En uno, el literario, ha intentado hablar de la vida cotidiana de los obreros anónimos.  Y por otra parte, mediante la amalgama de géneros, echar mano, echando mano de documentos, testimonios, crónicas, sobre todo en un momento en que el poder está en crisis en nuestro país. Desde 1988, a pesar de lo que se diga, me parece que hay un desmoronamiento ya muy claro del poder. El mismo Fidel está en crisis.

Luego, en un país de caudillos, presidencialista, de absolutismos, que se expresa claramente en Fidel Velásquez, lo menos que uno desea es entenderlo. A propósito de la crisis del marxismo, por ejemplo, hay que volver a escribirlo y retomar nuevas formas de contar la historia. Creo que es una propuesta de lo que digo, aunque ignoro si lo logro. Ya no podemos seguir haciendo historia como se hacía antes. Hay que trabajarla de manera más amena, más cercana al tipo de lectores que existen. Los medios masivos han generado un tipo de ciudadanos distintos. Entonces no puedes meterle los rollotes de escritores del siglo XIX, que son maravillosos, pero para los que somos fanáticos en la historia. Ya no funcionan los textos tradicionales. De alguna manera José Agustín también lo hizo con la tragicomedia mexicana y ha tenido más éxito que varios historiadores que trabajan con la forma ortodoxa.

¿Qué piensa un historiador de que la figura de Fidel se antoje eterna? ¿Por qué hay un líder tan longevo?

Porque es un país de caudillos, de poder absolutista. Él puede decir con toda la mano, la CTM soy yo, y lo ha dicho por ahí de alguna forma. Y otra cosa que pasa es la desmemoria histórica. Vivimos en una nación desmemoriada, donde la historia siempre está hecha a un lado. Tratamos de olvidar lo que pasa. Hace unos días se daba la polémica entre candidatos a la gubernatura de un estado y decía uno de ellos que sí discutían, pero tomando en cuenta el pasado. El otro, por su parte, argumentaba que el pasado no tenía importancia. Y también la izquierda lo dice. Evidentemente no importa de dónde viene él, sino dónde va. Yo creo que es absurdo. Es una de las grandes tonterías de mucha gente pensar que la historia no tiene sentido.

Es cierto que no lo tiene si lo ves como un anticuario, pero sí lo posee cuando se parte del contexto hegeliano que la historia comienza con el hoy. Claro, hay que conocer todo lo que hay detrás para saber qué camino seguir luego. Creo que por eso el periodismo en los últimos tiempos ha alcanzado nuevos niveles interesantes en México. Porque empieza a haber un mayor compromiso con la propia historia. Creo que es cierta la amalgama de géneros entre la historia, la literatura y el periodismo. Textos en donde ya no se encuentran los límites.

¿Fidel Velázquez será más institucional que representativo?

Creo que hay buena dosis de los dos. Por ejemplo, a Fidel mucha gente de izquierda lo calificó de charro, y sin embargo se hace un análisis serio en el charro, porque de alguna manera sí tuvo y tiene alguna representatividad. Muy vertical, por cierto, pero la tiene. Por otro lado, también es verdad que es el hombre más institucional del mundo. Creo que no ha habido nadie en el mundo, ni siquiera alguno de los expresidentes, que sea tan institucional como él. Y ese es su secreto, su éxito. Él siempre se ha sabido disciplinar al poder. Cuando hay que agacharse, se agacha. Cuando hay que brincar, brinca. Siempre ha sido el más fiel de los soldados del Estado. De los soldados con poder, por supuesto.

 Y tan ha sido así que jamás aspiró a ser presidente. Esa es otra de sus características de preservación. Si vemos a líderes como Luis N. Morones o Lombardo Toledano, que concretarían la trinidad de Liderazgos, vemos que ellos sí quisieron ser presidentes. Fidel nunca lo deseó, ya que ellos dos quedaron por ahí y mucha gente no sabe ni quiénes fueron. Han pasado diez presidentes de la República y el hombre sigue ahí. Su secreto es la institucionalidad, la representatividad que tiene a partir de toda una capa burocrática.

¿Cómo es que se llega a conocer tanto a un personaje, tomando en cuenta que ni como historiador o periodista ha tratado directamente con él?

Bueno, son años de hurgar archivos, revistas, periódicos, de leer entre líneas, de estudiar casi como castigo los once tomos de la historia documental de la CTM, casi mil páginas, incluso rescatar frases de él de las cuales el libro está lleno. Yo estuve pescado durante un año Fidel y no pude entrevistarlo. Fueron nueve meses de estar religiosamente en su oficina hasta que me cansé y decidí que no era tan importante porque al final el hombre vive a su mito. Y lo que él me iba a decir yo lo había dicho en otras entrevistas. Cierta vez le mandé un cuestionario del cual tampoco obtuve respuesta. Y pienso que seguramente se debió, entre otros factores, a que él mismo ya no se acordaba de muchas cosas. Pienso que quizá este libro le va a recordar a él mucho de lo que hizo y ya no tiene en su memoria. Después, después de todo, es lo que nos pasa a este México con la desmemoria. De la izquierda a la derecha no hay un registro de los hechos. Hay un concepto histórico pero en general, priva la desmemoria. Pienso que hacer un rescate histórico es pasar unos videos. Piensan que hacer un rescate histórico es pasar unos videos. El anuncio de Ricardo Rocha al decir esta sí es la historia es verdaderamente aberrante. Es la historia que ellos quieren que sea, pero no es la de todos. Total, que conocí mucho a Fidel a partir de los documentos.  Sé que es espeluznante leer diez mil páginas de rollos y rollos, pero no había de otra. Necesitaba buscarlo ahí.

¿Cómo es que finalmente la mezcla de intereses por el periodismo cultural y el ensayo o la crónica vuelve a ser acá?

Yo no desvinculo la cultura de la política. En términos globales, sabemos que la cultura es todo, pero en tanto la entendemos dentro del periodismo, pensamos que solo la conforman las bellas artes. Yo no creo. Pienso que el país requiere desde hace un buen rato el observar la cultura desde el punto de vista político. Hay gente que lo está haciendo, Monsiváis, Roura, Taibo II. Es cultura, pero con un tinte político. Apenas le empezamos a perder el miedo a los procesos del poder en México. Durante mucho tiempo había temor a ciertos temas y se deslindaba a lo político de lo cultural. Creo en el compromiso del escritor. Así que hay una posición política dentro de lo cultural, aunque no sea explícita, que pienso que muchas de las crónicas que hago están bañadas de lo político.

 


martes, 2 de junio de 2026

Ligero de equipaje

 


Nunca he tenido un gran guardarropa, ni siquiera uno medianamente surtido.  

        Dos o tres pantalones de mezclilla, un par de pantalones de algodón y otros dos para usar con traje o con saco y corbata; camisas y playeras dos o tres. 

    Pero ahora, inusitadamente, es tiempo de renovar, aunque no por gusto. Unos cuantos kilos de menos me obligan a buscar y es complicado por razones que no expondré aquí.

    Pensaba en Antonio Machado, ligero de equipaje.

    Y recordaba sus versos: “al cabo, nada os debo, me debéis cuanto escribo, con mi dinero pago, el traje que me visto y la mansión que habito”.

    Y entonces pienso en mi amado Joan Manuel Serrat que ha envejecido, como mi generación, pero día a día sigue siendo reconocido por su congruencia, por su calidad, por ser parte de la educación sentimental de muchas generaciones.

    Gracias a Serrat conocí la poesía española: Machado, Miguel Hernández o León Felipe.

    De ahí a los libros de poesía española, hasta llegar a sus propios orígenes.

    Después Paco Ibáñez me mostró otros senderos, otros autores: Cernuda, Alberti, Manrique, Góngora, Quevedo, Lorca, Goytisolo, Biedma y tantos y tantos que amé, y amo, la poesía española y me siento orgulloso de que por mis venas corra esa vertiente tan estúpidamente rechazada por los ignorantes que niegan nuestro pasado plural.

    ¿Y la ropa?

    Encontré un pantalón de mezclilla dos tallas más pequeño de la habitual.

    No sé si alguna vez vuelva a usar la ropa que vestía hace un par de meses, pero si sé que mientras termino de escribir esto, pongo un USB con Serrat cantando los Proverbios y cantares de mi  Antonio Machado

 

jueves, 28 de mayo de 2026

Un cielo azul en mayo

 Hace más de dos meses no miraba el cielo, no contemplaba ese azul tan singular de la ciudad de México, tan lleno de ajolotes, de contaminación y tan escaso de nubes. Eso, por la mañana, como a las nueve.

Es raro, durante cuatro semanas solamente miraba el techo del hospital, desde una incomoda cama y atrapado entre sueros y sondas.

Hoy es jueves y caminé solo por las calles de mi pueblo, como hace mucho no lo hacía; anduve por ese pueblo hoy destruido y convertido en una colonia más de la Ciudad de los Batracios.

Es raro.

El cielo es más caprichoso aún.

Llueve mientras escribo, el cielo azul se ha convertido en gris, aunque un haz de azul se asoma saludando que la mire, que la viva, que la encuentre, y me encuentre, como esa nube que avanza con cautela, sin prisa, sin pausa.

¡Ah, las nubes! ¡Ah el cielo!


Un avión vuela entre las nubes de algodón.

Quisera estar en él.

Dejó de llover.


Saldré a caminar de nuevo.


Cartón del mes. Abril 2026

 En abril de 2026, este cartón, publicado en 1896, muestra al grupo polítcio más despreciado y criticado en México: los diputados, sumisos, como hasta hoy, al poder presidencial.








martes, 26 de mayo de 2026

Cartón del mes. Mayo 2026

 El cartón del número de mayo de 2026, de la revista Relatos e historias en México, correspondió a una crítica al general Ignacio Mejía quien quiso ser presidente en 1880, pero la maquinaría porfirista se lo impidieron




jueves, 7 de mayo de 2026

La visión de los monitos

 

La visión de los monitos

Ago 21 • destacamosprincipalesReflexiones • 4102 Views • No hay comentarios en La visión de los monitos

 

La obra de Rius inculcó una ideología que ahora es posible observar en las políticas del actual gobierno; su visión centralista y anacrónica
de la historia ha contribuido a prolongar un sentimiento de derrota

 

POR AGUSTÍN SÁNCHEZ GONZÁLEZ 
Alos pocos días que comenzó el gobierno de AMLO, recuerdo haber leído un tweet que afirmaba: “Hasta historia vamos aprender en la mañaneras”. Desde hace años, el actual presidente se vanagloria de su conocimiento histórico, no obstante que decenas de comentarios suyos le desmienten con frecuencia.

 

El difunto Carlos Monsiváis sería feliz al poder integrar, con mucha facilidad, su columna “Por mi madre, bohemios” ante las frases célebres que suele decir nuestro presidente, y hasta se podrá publicar un libro con un título twittero: Así hablaba Pejetustra.

 

Hay frases inolvidables como: “México se fundó hace diez mil años, con todo respeto, todavía pastaban los búfalos en lo que hoy es Nueva York, y ya en México había universidades, y había imprentas”, o “Inicia el Porfiriato y venden acciones de ese ferrocarril y las venden debajo de su precio; se cotizaban esas acciones en 16 libras esterlinas en Londres y las vendieron en 10 libras esterlinas las acciones. Y a los seis meses, uno de los compradores firmó como testigo en la boda en que se casó Benito Juárez con Carmelita Romero Rubio”.

 

Existen innumerables muestras de inexactitudes históricas que no pasarían de ser anécdotas banales, de no ser porque algunas de ellas muestran su inopia y lo llevan a enfrentar a personajes o gobiernos, como el español al que, en reiteradas ocasiones, le ha pedido reconocer los atropellos que cometió España durante la Conquista y a pedir disculpas por ello.

 

No me fue difícil entender de dónde venía esa concepción, pues es la misma que permea en buena parte de la sociedad mexicana y recordé a Eduardo del Río García, el genial Rius, que se convirtió en el gran ideólogo de mi generación (que es la misma que la del presidente), en las anteriores y en las posteriores. El ínclito Monsiváis afirmaba que el monero era la verdadera Secretaría de Educación.

 

Rius es el autor que más libros de “historia” ha vendido en México. Basta saber que sus obras se venden por miles, e incluso, en escuelas como el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), muchos de ellos formaron parte de los libros de texto. El impacto es sorprendente: por esas aulas han pasado más de un millón de jóvenes, desde hace medio siglo.

 

Rius fue un prolífico autor, publicó cerca de 200 títulos, con grandes tirajes y muchas reediciones; los personajes públicos que han asumido su influencia son muchos. El Subcomediante Marcos, por ejemplo, señaló que Rius era una de sus principales inspiraciones.

 

No cabe duda que los desvaríos de nuestra decadente izquierda se deben, también, a las lecturas del marxismo ramplón, de los libros Marx para principiantes (juraría que por eso apodaron así al intelectual de cuarta), Lenin para principiantes o los libros de loas que nos, me incluyo, politizaron y nos hicieron tener una visión idílica del castrismo, como Cuba para principiantes (la desgracia es que pocos leyeron la rectificación del monero al publicar Lástima de Cuba, el grandioso fracaso de los hermanos Castro).

 

Vuelvo a la visión de los monitos, pues Rius fue depositario y propagador de esa visión centralista, anacrónica, de mostrar la idea de buenos y malos, de españoles e indígenas sin entender, nunca, que estos pueblos conformaron un crisol de nacionalidades que, en su mayoría, fueron sometidos a un grupo autoritario y militarista: los mexicas; por lo que los otros pueblos, al llegar los españoles, se les aliaron para derrotar a esta grupo militarista y explotador.

 

Bueno, pues las inexactitudes históricas del presidente, como de buena parte de la sociedad, se deben a las obsesiones de Rius quien, como muchos mexicanos, odiaba a los españoles y hasta se sentía mal por ser un güero de rancho, ajeno al estereotipo indígena.

 

La capacidad didáctica de Rius, facilitó la lectura y visión de los monitos vencidos. Su mirada está plagada de lugares comunes y demoledores, con un nacionalismo ramplón (“crearon una civilización tan chingona como la egipcia, pa’ acabar pronto… y las pirámides muy superiores a las de los egipcios”).

 

Rius repite la visión idílica de una región “donde convivían con más o menos tranquilidad y armonía, culturas tan diversas como los aztecas, mayas… etc., hasta que llegaron los gallegos”. No obstante, en páginas anteriores el libro 2010 ni independencia ni revolución, contradice esta visión armónica al escribir que los aztecas vivían de explotar a todos los que se dejaban pues eran “belicosos y agresivos que habían dominado a la fuerza a todos los reinos vecinos”.

 

Su antihispanismo le lleva a realizar afirmaciones como que los invasores “pasaron a violar, follar y coger y tal a todas las mozas doncellas y las que ya no lo eran para demostrar quien mandaba ahora y en adelante: los gallegos”. Los primeros mexicanos fueron, afirma, “primeros hijos de la chingada madre”.

 

Todo ese discurso, lo lleva a responder “por qué los mexicanos ‘somos como somos’: hijos no deseados, de padre desconocido, hijos no del amor, sino de la fuerza bruta y animal, hijos rechazados por ambos lados: esa fue la base de nuestra nacionalidad”.

 

Esta guerra debió ser cruel, terrible, como cualquier invasión, pero seguimos conservando una visión centralista y de derrota. Cuando se habla de “500 años de resistencia indígena”, es un cliché demagógico, impulsado por un Estado que ha inventado y vendido, con una visión mercantil, la idea de un cambio, aunque el único cambio es de becas (espejitos) por votos (oro).

 

Estas citas, pertenecen a uno de sus recientes libros, pero desde el nacimiento de Los Agachados, en 1968, se vislumbra esta posición. “México a través de los popolucos, narra una historia de las luchas en el Valle de Anáhuac, cuenta más o menos la historia de Teotihuacán, los mayas, pero echa a perder todo con sus especulaciones en torno a los teotihuacanos marcianos”.

 

De cualquier forma, Rius no es responsable del todo, aunque sus monitos ayudaron a afianzar esta idea defensora de un pueblo, los mexicas, que fueron derrotados por muchos otros grupos indígenas aunque los ganadores fueron los invasores europeos que, por cierto, ya eran un conjunto de reinos y no, como afirma el propio monero, de una invasión gallega.

 

El sentimiento nacional de derrota, que buena parte de los mexicanos viven (nos derrotaron, nos conquistaron, etc.) está tan impregnado en nuestro ser, que me parece nunca podrá entenderse ese proceso histórico complejo y contradictorio que sentó las bases para crear la nación multicultural que somos.

 

De cualquier forma, humoralmente, hay que desentrañar esta historia de derrota; tomar ejemplo de historietas como Astérix donde se crea un historia victoriosa que generó el orgullo galo, por ejemplo, en vez de seguirnos viendo en un espejo de derrota y de seguir esperando al mesías (que no era AMLO) o al mismo Quetzalcóatl.

 

Quien no conoce la historia, está condenado a que lo manipulen con una maqueta hueca y que pronto estará en la basura, como sus propios promotores.

 

FOTO: Ilustración tomada del libro de Rius 2010, ni independencia ni revolución/ Crédito: Especia

jueves, 2 de abril de 2026

Calle de Madero, Ciudad de México

 


 No sé si cientos, por lo menos, decenas de textos he dejado regados por muchas publicaciones. Algunas, la mayoría, estarán en la hemeroteca, los que publiqué en diarios como El Sol de México, La Jornada, Milenio, El Financiero, Reforma y, sobre todo, El Universal. 

Este texto, de la avenida Madero, tal vez la más importante del país, apareció en una revista que regalaban los autobuses Pulman de Morelos, llamada Destino Morelos, No. 17, mayo de 2001.











miércoles, 1 de abril de 2026

LOS SENDEROS DE JOSÉ GUADALUPE POSADA

 

En el año 2013 publiqué, por lo menos, media docena de artículos sobre José Guadalupe Posada. Fue el centenario de este genil artista. No recuerdo que escuela de la UAM, que tenía que ver con el diseño, me pidió un texto. Con gusto lo escribí en una de esas revistas que circulan solamente en las instituciones y no salió al público. La revista se llamaba Diseño en síntesis y apareció en la primavera de 2013.

Ahora la recupero con gusto 





Entrevista a Agustín Sánchez González sobre su libro Fidel. Una historia de poder (1991)

  En 1991, editorial Planeta publicó mi libro Fidel. Una historia de poder, que tuvo un enorme éxito (20 mil ejemplares) y que despues reed...