AGUSTÍN SÁNCHEZ GONZÁLEZ
Historias de José Guadalupe Posada, notas de prensa, crónica literaria y periodística
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viernes, 10 de julio de 2026
Una leyenda sobre la seguridad industrial (segunda parte)
martes, 7 de julio de 2026
Cartón del mes: Santiago Hernández No. 117/ mayo 2018
El 12 de octubre de 1871, Benito Juárez fue declarado presidente, después de las elecciones celebradas ese año, aunque el malestar de la opinión pública con la clase política era tal que La Orquesta, quizá la más importante revista de humor gráfico en nuestra historia, había comentado un año antes: "La candidatura de D. Sebastián Lerdo para presidente de la República nos parece tan mala como la de D. Benito Juárez, o tal vez peor, porque creemos que la mayor parte de lo que pasa, ha pasado y pasará en el curato, se debe y deberá tanto al uno como al otro y por consiguiente La Orquesta, primero daria su voto al Papa, que al cura o al vicario".
Esta espléndida caricatura de Santiago Hernández es un fiel retrato de esa declaración.
Ambos politicos se miran frente a frente, arriba de
la leyenda: "Con cualquiera de los dos, el porvenir de la patria es el
mismo".
lunes, 6 de julio de 2026
Patadas por todas partes
Cronista de guardia
Patadas por todas partes
Por Agustín Sánchez González
El futbol es un deporte esencial para los mexicanos de nuestro tiempo. El concreto y el chapopote, por suerte, todavía no arrasan con todas las canchas deportivas, aunque cada día hay menos en la ciudad.
Campos de futbol, como los que existían en los camellones
de la avenida de los Cien Metros, por decir "un solo ejemplo, fueron
destruidos y su lugar lo ocupa hoy día el Metro.
Sábados y domingos, uno puede encontrarse, en el Metro,
los autobuses y los peseros, a grupos de hombres de todas las edades con sus
playeras de colores, que a veces semejan a los grandes equipos 0, simplemente,
con playera blanca.
En estos dias lluviosos, se suben a la pesera llenos de
lodo pues, como los carteros, los futbolistas llaneros no se detienen ante
nada.
El futbol es una forma de vida para miles de chilangos
que juegan, van a ver jugar y, los más, desde su casa, frente a la televisión y
a un par de ‘‘caguamas”, se enfrentan al “juego del hombre”, como lo bautizó Ángel
Fernández hace arios. Los que se sienten Hugo SANCHEZ o Luis García, llevan en
sus mochilas una o dos cervezas para la cruda, para celebrar el triunfo, la derrota
o el empate, para el caso es lo mismo. No falta el que sufre por la cruda del
día anterior pero, cumplidor, asi juegan y así se la juegan.
Y en las patadas, muchos de ellos, encuentran su razón
de ser. Allí descargan sus frustraciones y odios. El domingo pasaba por la
calzada del Toro, fuera de donde quedan los campos de entrenamiento del América.
El trafico rumbo a Tlalpan estaba detenido. No, no era que salían los jugadores
profesionales, sino que los llaneros, sudorosos, llenos de lodo y tierra, se liaban
a golpes en una riña colectiva.
Las patadas y puñetazos salían por todas partes. Algunos
buscaban detenerlos, los niños y las mujeres, esposas e hijos de los
futboleros, gritaban asustados; otros corrían, la sangre brotaba; cuando por
otro lado brotaba otro.
Más que futbol, parecía una lucha libre de todos contra
todos. Los imitadores de Zague, semejaban, más bien, del “Vampiro’’ canadiense.
El deporte de las patadas nunca tuvo mejor acepción. ¡Lástima que no vi ningún
gol y si varios nocauts!
domingo, 5 de julio de 2026
Una leyenda sobre la seguridad industrial
Todas aquellas personas que entraban por la puerta principal,
obreros, empleados, proveedores, compradores, de la Compañía Colonial, que en septiembre
de 1977 ya pertenecía a la empresa Chicles Adams, podían leer en la pared una
leyenda de seguridad industrial con la que había obtenido mi primer premio que,
aunque en sentido estricto no era literario, se acercaba al trabajo que un par
de años después comenzaría a realizar: escribir.
En 1977 estudiaba la licenciatura en Historia en el Sistema
Universidad Abierta (SUA) de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de donde
fui el primer egresado que se tituló, incluso, con Mención Honorífica.
En ese año, la empresa convocó a un Premio, entre sus
trabajadores, para crear una leyenda con la temática de seguridad industrial.
Además de otorgar un estímulo monetario, que según recuerdo
era equivalente a un par de meses de mi salario, se rotularía la pared con la
leyenda.
Durante los siguientes años, después se cerró la empresa,
mi frase permaneció en esa pared.
Lo paradójico es que el día de la premiación cayó un tremendo
aguacero. Se había colocado una lona gigantesca para resguárdesenos de la
tempestad mientras se realizaba la ceremonia.
Fue tal la lluvia que la lona se fue llenando hasta que,
por la tarde noche, se rompió y cayó sobre la camioneta de servicios de la
empresa que estaba estacionada en ese lugar.
Por fortuna no hubo lesionados, pero si hubo una lección
que se puede leer en la pared:
Quién tiene confianza, no tiene seguridad.
Quién tiene seguridad, tiene confianza.
lunes, 29 de junio de 2026
martes, 23 de junio de 2026
domingo, 21 de junio de 2026
Tirando a gol (Un cuento futbolero)
En 1985 publiqué mi primer (y único) libro de cuentos: Por si cambias de opinión. Ahí apareció el cuento Tirando a gol, que en el mundial de 2006, apareció en la primera época de Confabulario, de El Universal. En estos días de fiebre futbolera, lo rescato de nuevo.
Yo no iba a ver el futbol, aunque me moría de ganas, más bien iba a vender unas “mosquitas vaciladoras” de juguete que fabricaba mi primo —Chucho Mosca— y que luego vendía en los mercados y en los cines. Parecían de verdad. Las hacíamos con un pedazo de hule espuma y sacábamos buenos centavos. Volaban por medio de un alambrito y costaban un peso. Desde que salimos de la casa, el Chucho se puso a venderlas y con ello pagó el primer camión, de treinta centavos y luego los tranvías de a treinta y cinco fierros.
Como a las tres y cuarto de la tarde ya casi toda la gente había salido y ya nada más nos quedaban como veinte mosquitas. El Chucho Mosca fue a tomarse una Victoria para celebrar la venta y yo me comí unos taquitos de barbacoa y otra Pepsi para quitarme la sed tan cabrona que traía.
El tráfico estaba rete cabrón y no había manera de subir a los camiones. Nos tuvimos que ir colgados de un tranvía, yo como que no quería pues se me iba a arrugar el póster, o a la mejor ya traía el aviso de Dios por un presentimiento.sábado, 20 de junio de 2026
Venustiano Carranza visto por el cantante Caruso
Enrico
Caruso en México
Agustín Sánchez González
Enrico Caruso ha sido el más grande
cantante de ópera. En 1919, mientras se reconstruía nuestro país y previo a una
batalla más contra el poder, vino a México y permaneció durante cerca de un
mes. El periódico El Universal tuvo la primicia de
entrevistarlo y publicó un autorretrato en primera plana, pues Caruso, además
de cantante, fue un espléndido caricaturista. En México realizó una espléndida
caricatura dedicada a Venustiano Carranza.
Enrico
Caruso ha sido el más grande cantante de ópera. Ha pasado más de un siglo de su
muerte y sigue presente. En 1919, mientras se reconstruía nuestro país y previo
a una batalla más contra el poder, vino a México y permaneció durante cerca de
un mes. Es curioso, pero un país en crisis lo recibió, con costos muy altos,
para poderlo escuchar.
El
periódico El Universal tuvo la primicia de entrevistarlo y
publicó un autorretrato en primera plana, pues Caruso, además de cantante, fue
un espléndido caricaturista. En el libro Caricature di Caruso se
señala que tuvo varias ofertas para publicar sus dibujos con “poderosos
editores”, pero el tenor no aceptó y los siguió dando a la luz en un pequeño
periódico de Nueva York, de la comunidad italiana, llamado La Follia.
En
México realizó una espléndida caricatura dedicada a Venustiano Carranza, que
fue copiada de manera excepcional por Juan Terrazas, director del Museo de la
Caricatura, y que se podrá apreciar, al lado de medio centenar de dibujos sobre
don Venustiano, en el Museo Casa de Carranza, en la capital del país, durante
estos últimos meses del año.
viernes, 19 de junio de 2026
Las caricaturas olvidadas sobre Carranza
EL TÍO CON
BARBA
Las caricaturas olvidadas sobre Carranza
Agustín Sánchez González
La
historia de la historia de la caricatura tiene en Salvador Pruneda
(1895-1986) a uno de sus artífices y precursores. Humorista
gráfico, cineasta, guionista y editor, caricaturista político e
historietista, así como historiador de la caricatura y memorioso de su
vida. Su trayectoria en el periodismo mexicano es parte de la de su familia,
también inmersa en estos ámbitos: su padre, Álvaro Pruneda, y sus hermanos
Álvaro y Ernesto, quienes convivieron, en las primeras décadas del siglo
XX, con los grandes humoristas gráficos de entonces. Además, su padre y su
hermano Álvaro fueron diputados.
Salvador
Pruneda luchó en el ejército carrancista, y la caricatura y el
periodismo los asumió con disciplina militar. Quizá es el
más representativo caricaturista del carrancismo. Su
libro La caricatura como arma política es un
clásico dentro de los estudios del humor gráfico y allí son contadas
las caricaturas dedicadas a Carranza, a pesar de haberse publicado en
1958 y existir una amplia gama de periódicos donde sobraban los
cartones dedicados a don Venustiano.
Pruneda
trabajó en el periódico oficial El Nacional desde su
origen, en 1929, hasta que falleció. El diario era vocero del Partido
Nacional Revolucionario, por lo que sus dibujos y cartones tuvieron un
carácter eminentemente institucional. Hasta hace algunos años
solo existían el libro de Pruneda y el de Manuel González
Ramírez, La caricatura política (1955); por ende, ambos
sentaron las bases para los estudios posteriores.
[…]
La
caricatura contiene parte de la historia de lo inmediato. Los
caricaturistas recrean el mundo a través de una perspectiva crítica
que abstraen de la realidad y de la que opinan directamente, a través
de las líneas de sus dibujos; desnudan lo visto y, con esta mirada,
refieren el tiempo en el que viven. Esta visión resulta de una gran
riqueza para entender la historia, pues el caricaturista basa su trabajo
en personajes públicos y en situaciones cotidianas, lo cual, por cierto,
no está exento de opiniones erróneas, dada la premura con que
realizan su labor.
En
la exposición “Cuando veas sus barbas cortar… Don Venus en la
mirada de sus críticos”, que se presenta este fin de año en el Museo
Casa de Carranza, en la Ciudad de México, hemos rescatado varias decenas
de caricaturas, gracias a su hemeroteca, así como de mis archivos
personales, compilados hace más de un cuarto de siglo.
Pruneda:
en carne propia vivió la represión carrancista a los cartones que se
plasmaron en revistas como El Motín, Gladiador, Momo y El Gancho.
Al contrario de Francisco I. Madero –quien nunca censuró las caricaturas,
como las atroces de Multicolor o El Hijo del Ahuizote–,
“Carranza no entendía eso de la ‘prensa libre’”, señala; ese tipo de
caricatura crítica generó en don Venustiano una visión represora y de
control, relata Pruneda en varios capítulos del libro, incluido el
episodio en el que fue amenazado de ser pasado por las armas. Otro
caso fue el cierre del periódico Gladiador, ya que “al gobierno le
resultaban un poco molestas las informaciones políticas y las ideas
sostenidas en sus editoriales”. Carranza ordenó su clausura en 1917
por un piquete de soldados: “Fuimos arrojados a la calle a culatazos y los
soldados destruyeron el equipo tipográfico.
Carranza
no permitía que la prensa lo tratara como a Madero, con quien los
caricaturistas –de una enorme calidad, por cierto– habían sido
feroces en sus críticas y de alguna manera lo debilitaron; aunque sí
promovió la creación de nuevos periódicos, como El Universal y Excélsior,
que aún sobreviven y en los que publicaban caricaturas dedicadas al
Primer Jefe. Como señala Enrique Krauze en su Puente entre siglos, don
Venustiano aprendió de Porfirio Díaz la importancia de la imagen. A
diferencia de los demás caudillos revolucionarios, siempre tuvo un
porte ejemplar, con vestimenta formal o militar; la luenga barba le
daba un carácter patriarcal y su edad lo convertía en un
padre-abuelo, pero sobre todo, en el Primer Jefe de la Revolución.
Brillan
los autores de Multicolor, que después se sumaron a Arlequín, como Atenedoro
Pérez y Soto, Islas Allende y Santiago R. de la Vega (director
de ambas publicaciones): un potente trío de caricaturistas de una
acidez terrible. Destacan otros cartones en El Hijo del Ahuizote, donde
hay uno espléndido de José Clemente Orozco, a la par de
las críticas punzantes por su aparente sumisión ante la invasión
yanqui en Veracruz, en 1914. En La Guacamaya, los autores
anónimos muestran un vaivén político que va del apoyo al huertismo y,
luego de su caída, al acercamiento a Carranza, hasta terminar en la
abyección al Primer Jefe. Aunque los dibujos no llevan firma, el
historiador Luciano Ramírez se los adjudica a Eugenio Olvera
Medina.
Los
cartones recuperados de revistas y periódicos como La República,
El Demócrata, México Nuevo o El
Monitor Republicano, los cuales se encuentran resguardados en la Hemeroteca
de la Casa Museo de Carranza, que vale la pena seguir
explorando, pues ese acervo cuenta con verdaderos tesoros. De allí
salieron varios de los cartones que por primera vez se exhiben en
esta muestra.
Hay
innumerables retratos y fotografías de don Venustiano, y el elemento que
siempre destaca son sus barbas: modelo, origen y principio de
cualquier trazo que tenga que ver con don Venustiano.
Agustín Sánchez González, “Cuando veas sus barbas cortar. Las caricaturas olvidadas sobre Carranza”, Relatos e Historias en México, núm. 182, Diciembre, 2023, pp. 22-25.
martes, 16 de junio de 2026
Dalí... en Plaza Universidad
Me pregunto cuánta gente se detiene a admirar la exposición que se encuentra en los pasillos de Plaza Universidad: una media docena de grandes obras escultóricas de Salvador Dalí.
Tal vez se deba a que, hasta hace poco, no había ninguna referencia de que eran obras de Dalí. No tiene mucho que colocaron un espectacular donde se indica que es una obra del genio catalán.
Las personas pasan sin detenerse.
En innumerables ocasiones, como parte de mis caminatas diarias, deambulo por esos pasillos y miro como poca gente se interesa.
No obstante, si he notado el entusiasmo de jóvenes que, a pesar de los vigilantes que miran de manera acosadora, se detienen a comentar la maravilla de tener cerca, muy cerca, a Eugenio Salvador Dalí.
¡Qué bueno que el Museo Soumaya saque a la calle estas maravillas!
Una leyenda sobre la seguridad industrial (segunda parte)
Encontré la revista Colonial en marcha , de la empresa de dulces y chocolates La Colonial, donde rescata la nota acerca d ela Semana de Segu...
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El trabajo de un investigador se parece mucho al de un detective: hurgar lugares, sacar conclusiones, buscar documentos comprobatorios. E...
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Caricatura de Silvia J. Medel. Del blog http://silviajmedel.blogspot.mx/2013/05/luis-de-gongora.html El amor es el amor. Maravilloso,...
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Me impresiona, gratamente, la respuesta al sitio dedicado a Efraín Huerta. Pensaba dejarlo pero no es posible. Seguiré compartiendo con uste...

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