En 1991, editorial Planeta publicó mi libro Fidel. Una historia de poder, que tuvo un enorme éxito (20 mil ejemplares) y que despues reeditó Nueva Imagen, con el título Los primeros cien años de Fidel Velázquez. César Güemes me entrevistó para la sección cultural de El Financiero, que editaba Víctor Roura. Esta es la entrevista:
Agustín Sánchez publica su libro Fidel, una historia de poder.
La cultura debe observarse desde el punto de
vista político.
César Güemes
Un objetivo tiene el periodista y escritor
Agustín Sánchez González al trabajar textos de índole documental, no seguir
historiando como se hacía antaño. Así, abocado a la narración de los hechos de
manera cronicada, da a conocer su libro Fidel,
una historia de poder, bajo el sello editorial de Planeta, cuya primordial
característica es no ser producto de encargo, beca o patrocino alguno, sino
sólo del interés personal por bucear en las entrañas del poder en México.
¿Cuáles son los motivos que lo llevan a
elaborar una investigación sobre el obrerismo en el país a partir precisamente
de una figura como la de Fidel Velázquez? Uno de los elementos fundamentales
era el impacto tan fuerte que tenía y tiene este hombre, viejo desde siempre. A
partir de ahí, buscar una explicación de todo ello. En un libro de cuentos que
tengo sobre fábricas y obreros ya hay cierta preocupación por el rescate de
esta cultura en particular. En el caso concreto de este nuevo texto, es saber
cómo se gesta el poder y por qué no se podía acceder a él. La única manera de
explicarnos esa realidad es acercarnos a Fidel, que es el punto nodal de toda
la historia del movimiento obrero.
Y por otro
lado, es un factor muy importante para entender todo el contexto de la propia
sociedad. La vida de Fidel está vinculada estrechamente a la vida nacional.
Cuando se habla de Fidel, no sólo se habla de la historia del movimiento
obrero, sino de la historia del poder en México. Y nadie lo explicaba. No había
ningún libro. Este hombre da pocas entrevistas. Así que fue ir rascando el
asunto de tal manera que cuando estudié la carrera de Historia en el Sistema
Abierto, porque en ese momento trabajaba yo en una fábrica, decidí hacer la
tesis sobre él. Pero dadas las restricciones de índole académico que no
permiten más que una forma ortodoxa de escribir, no lo pude hacer. Entonces,
sólo tomé una parte y con eso me titulé.
Luego, seguí
pensando cómo escribir un libro que rebasara los límites de la forma de
escribir historia para llegar a una manera distinta. En gran medida, mi
incursión al periodismo desde hace varios años me permitió llegar a ella. La
agilidad y cotidianidad del periodismo me dio elementos al mismo tiempo que me
los dio la literatura. Eso me permitió ir madurando más la idea. Y un día
decidí escribirlo, luego de renunciar a todos mis trabajos, de manera que
tuviera total independencia y libertad. Este es un proyecto que nadie patrocinó
y nadie me pidió. Lo hice por mi riesgo y cuenta, la apuesta de vivir como
escritor. Pues ese día que decidí hacerlo ya tenía muy claro lo que yo deseaba.
Y no sé si lo habré logrado plasmar todo lo que quería, pero el intento lo hice.
¿Por qué a un
historiador contemporáneo le llega a interesar una sola figura que representa
el poder y no en cambio la lucha social masiva?
Yo creo que
hay ahora como un regreso, no solo en México, sino en todo el mundo, a la
búsqueda de los personajes. No es que me sumara la moda esta, sino que estaba
ya dentro de ella. Creo que las figuras del poder tienen una seducción de toda
la vida. O más que una seducción, una curiosidad por explicarte qué pasa con el
poder. Y dentro de ello como que hay dos niveles. En uno, el literario, ha
intentado hablar de la vida cotidiana de los obreros anónimos. Y por otra parte, mediante la amalgama de
géneros, echar mano, echando mano de documentos, testimonios, crónicas, sobre
todo en un momento en que el poder está en crisis en nuestro país. Desde 1988,
a pesar de lo que se diga, me parece que hay un desmoronamiento ya muy claro
del poder. El mismo Fidel está en crisis.
Luego, en un
país de caudillos, presidencialista, de absolutismos, que se expresa claramente
en Fidel Velásquez, lo menos que uno desea es entenderlo. A propósito de la
crisis del marxismo, por ejemplo, hay que volver a escribirlo y retomar nuevas
formas de contar la historia. Creo que es una propuesta de lo que digo, aunque
ignoro si lo logro. Ya no podemos seguir haciendo historia como se hacía antes.
Hay que trabajarla de manera más amena, más cercana al tipo de lectores que
existen. Los medios masivos han generado un tipo de ciudadanos distintos. Entonces
no puedes meterle los rollotes de escritores del siglo XIX, que son
maravillosos, pero para los que somos fanáticos en la historia. Ya no funcionan
los textos tradicionales. De alguna manera José Agustín también lo hizo con la tragicomedia mexicana y ha tenido más
éxito que varios historiadores que trabajan con la forma ortodoxa.
¿Qué piensa
un historiador de que la figura de Fidel se antoje eterna? ¿Por qué hay un
líder tan longevo?
Porque es un
país de caudillos, de poder absolutista. Él puede decir con toda la mano, la
CTM soy yo, y lo ha dicho por ahí de alguna forma. Y otra cosa que pasa es la
desmemoria histórica. Vivimos en una nación desmemoriada, donde la historia
siempre está hecha a un lado. Tratamos de olvidar lo que pasa. Hace unos días
se daba la polémica entre candidatos a la gubernatura de un estado y decía uno
de ellos que sí discutían, pero tomando en cuenta el pasado. El otro, por su
parte, argumentaba que el pasado no tenía importancia. Y también la izquierda
lo dice. Evidentemente no importa de dónde viene él, sino dónde va. Yo creo que
es absurdo. Es una de las grandes tonterías de mucha gente pensar que la
historia no tiene sentido.
Es cierto que
no lo tiene si lo ves como un anticuario, pero sí lo posee cuando se parte del
contexto hegeliano que la historia comienza con el hoy. Claro, hay que conocer todo lo que hay detrás para saber qué camino
seguir luego. Creo que por eso el periodismo en los últimos tiempos ha
alcanzado nuevos niveles interesantes en México. Porque empieza a haber un
mayor compromiso con la propia historia. Creo que es cierta la amalgama de
géneros entre la historia, la literatura y el periodismo. Textos en donde ya no
se encuentran los límites.
¿Fidel Velázquez
será más institucional que representativo?
Creo que hay
buena dosis de los dos. Por ejemplo, a Fidel mucha gente de izquierda lo
calificó de charro, y sin embargo se hace un análisis serio en el charro,
porque de alguna manera sí tuvo y tiene alguna representatividad. Muy vertical,
por cierto, pero la tiene. Por otro lado, también es verdad que es el hombre
más institucional del mundo. Creo que no ha habido nadie en el mundo, ni
siquiera alguno de los expresidentes, que sea tan institucional como él. Y ese
es su secreto, su éxito. Él siempre se ha sabido disciplinar al poder. Cuando
hay que agacharse, se agacha. Cuando hay que brincar, brinca. Siempre ha sido
el más fiel de los soldados del Estado. De los soldados con poder, por
supuesto.
Y tan ha sido así que jamás aspiró a ser
presidente. Esa es otra de sus características de preservación. Si vemos a
líderes como Luis N. Morones o Lombardo Toledano, que concretarían la trinidad
de Liderazgos, vemos que ellos sí quisieron ser presidentes. Fidel nunca lo
deseó, ya que ellos dos quedaron por ahí y mucha gente no sabe ni quiénes
fueron. Han pasado diez presidentes de la República y el hombre sigue ahí. Su
secreto es la institucionalidad, la representatividad que tiene a partir de
toda una capa burocrática.
¿Cómo es que
se llega a conocer tanto a un personaje, tomando en cuenta que ni como
historiador o periodista ha tratado directamente con él?
Bueno, son años
de hurgar archivos, revistas, periódicos, de leer entre líneas, de estudiar
casi como castigo los once tomos de la historia documental de la CTM, casi mil
páginas, incluso rescatar frases de él de las cuales el libro está lleno. Yo
estuve pescado durante un año Fidel y no pude entrevistarlo. Fueron nueve meses
de estar religiosamente en su oficina hasta que me cansé y decidí que no era
tan importante porque al final el hombre vive a su mito. Y lo que él me iba a
decir yo lo había dicho en otras entrevistas. Cierta vez le mandé un
cuestionario del cual tampoco obtuve respuesta. Y pienso que seguramente se
debió, entre otros factores, a que él mismo ya no se acordaba de muchas cosas. Pienso
que quizá este libro le va a recordar a él mucho de lo que hizo y ya no tiene
en su memoria. Después, después de todo, es lo que nos pasa a este México con
la desmemoria. De la izquierda a la derecha no hay un registro de los hechos. Hay
un concepto histórico pero en general, priva la desmemoria. Pienso que hacer un
rescate histórico es pasar unos videos. Piensan que hacer un rescate histórico
es pasar unos videos. El anuncio de Ricardo Rocha al decir esta sí es la
historia es verdaderamente aberrante. Es la historia que ellos quieren que sea,
pero no es la de todos. Total, que conocí mucho a Fidel a partir de los
documentos. Sé que es espeluznante leer
diez mil páginas de rollos y rollos, pero no había de otra. Necesitaba buscarlo
ahí.
¿Cómo es que
finalmente la mezcla de intereses por el periodismo cultural y el ensayo o la
crónica vuelve a ser acá?
Yo no
desvinculo la cultura de la política. En términos globales, sabemos que la
cultura es todo, pero en tanto la entendemos dentro del periodismo, pensamos
que solo la conforman las bellas artes. Yo no creo. Pienso que el país requiere
desde hace un buen rato el observar la cultura desde el punto de vista
político. Hay gente que lo está haciendo, Monsiváis,
Roura, Taibo II. Es cultura, pero con un tinte político. Apenas le empezamos a
perder el miedo a los procesos del poder en México. Durante mucho tiempo había
temor a ciertos temas y se deslindaba a lo político de lo cultural. Creo en el
compromiso del escritor. Así que hay una posición política dentro de lo
cultural, aunque no sea explícita, que pienso que muchas de las crónicas que
hago están bañadas de lo político.

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