Vistas de página en total

domingo, 12 de julio de 2026

5 Razones porque México no gana la Copa Mundial de Fut

1. Dice Toño Garci: "El Ulama (juego de pelota prehispánico), siempre terminaba con un asesinato, si ganabas te sacrificaban pero era un honor y si perdías también te mataban, pero era una deshonra. Creo que eso pegó fuerte en los mexicanos y por eso siempre fallamos los penales, a la final sabes que lo metas o lo falles te van a “matar”.

2. Nos vendieron la idea de que somos aztecas. Una mentira más del poder. Lo cierto es que al asumirnos como tales, siempre nos va mal. Cuando un jugador llevaba la pelota, su contrincante le decía Haste cabrón, haste cabrón, hasteca...

3, Ni siquiera MORENA fue capaz de crear una liga sólida deportiva, a pesar de la corrución de personajes como René Bejarano quien tenía sus ligas de billetes y no de futbol.

4. Ningún mexicano ha dirigido la FIFA y, por tanto, no ha tenido chance de corromper arbitros. 

5. Cuando el tricolor priismo se transformó en MORENA, cambiaron la camiseta verde y los Ratones dejaron ese color por el espantoso guinda con los demagogicos dibujos prehispánicos y fueron eliminados luego luego. 


Sólo escuchamos a CriCri

 En cada aniversario de la sección cultural de el periódico El Financiero, su editor, Víctor Roura, convocaba a colaboradores a escribir sobre un tema. 

El 8 de agosto de 1997,  el tema fue ¿Qué música escuchas? Mateo, mi hijo recién había nacido un par de años atrás y esto escribí.


Sólo escuchamos a Cri Cri


Desde que nació Mateo, hace dos años y medio, sólo escuchamos a Cri Cri.

Ello tiene su gracia, los cuentos narra-dos por Manuel Bernal son una reflexión de don Gabilondo en torno a la vida y sus cosas.

Los consejos de Periquín -hacer las cosas sin prisa pero sin pausa-, las can- ciones de lucha de clases, como "El jicote aguamielero"; las protestas de la patita; la historia del osito barbudo y barrigón, y tantas otras, rememoran una infancia cada vez más lejana.

Cri Cri, en versiones de Eugenia León y de Flavio, para variar de las originales, suenan y resuenan, obsesivamente, en casa.

Es curioso, sólo Mecano logra acallar las protestas de Mateo cuando no suena Cri Cri.

Quedan para las noches y su silencio Michel Camilo o Cachao, héroes maravillosos del piano y el bajo que complementan el peculiar sonido de don Francisco Gabilondo Soler, el mismo que escuchaba cuando era niño.

viernes, 10 de julio de 2026

¡Quiero engordar!

 


Como siempre, en contra de las tendencias de las masas, que piden un cuerpo delgado, yo quiero engordar.

Perder catorce kilos, ahora lo sé, es muy normal después de una cirugía; con mayor razón, cuando padeces tres cirugías en menos de un mes.

Mi escaso guardarropa es inútil. 

Nada me queda. 

Mi saco favorito podría parecer al que usaba Clavillazo.

Nunca he sido delgado, mis formas circulares son de origen. Tampoco padecí jamás de una obesidad escandalosa, que fuera propicio para el pitorreo o para el bullyng, como dicen los preposmodernos.

Pero si, era pasadito un poco de peso (y de lanza).

Aun, hace un año, el cardiólogo recomendó bajar unos cinco kilos. Pensé en mis largas caminatas en Madrid o en París que provocan, a pesar de las grandiosas comidas, una baja de peso, invariablemente.

No quisiera ser modelo de Botero, pero me urge aumentar unos kilitos para no comprar ropa que, después, no me quedará.

Mi alimentación es muy buena, camino a diario pero... no sé cómo recuperar mi saco preferido, mis guayaberas, mis pantalones de mezclilla; ahora uso puros pants deportivos, cuando prefiero los pantalones de Portales, mi barrio querido.

Miro mis fotos de hace medio siglo, cuando creía estar gordito y, oh, no lo estoy. 

Claro, en la adolescencia uno cree estar en lo peor. No tengo muchas fotos de esa época, pero me veo como un chico de peso normal.

Hoy quisiera estar así, pero no sé bien cómo hacer.

Tampoco puedo comer en exceso, ni cualquier cosa, no explicaré por qué.

En unos meses más, volveré a la báscula.

Bueno, el espejo no miente ni mi saco de cuadritos con parches en los codos, cual si fuera intelectual del Parnaso (la exllibrería de Coyoacán)

Ahora a comer.

Una leyenda sobre la seguridad industrial (segunda parte)

Encontré la revista
Colonial en marcha, de la empresa de dulces y chocolates La Colonial, donde rescata la nota acerca d ela Semana de Seguridad en donde, ya mencioné, obtuve el primer lugar. 
Fue el 8 de septiembre de 1977, hace apenas 49 años.

Por cierto, en esta revista publiqué, también, varios textos. O sea, llevo casi medio siglo jugando con las palabras





martes, 7 de julio de 2026

Cartón del mes: Santiago Hernández No. 117/ mayo 2018

 El 12 de octubre de 1871, Benito Juárez fue declarado presidente, después de las elecciones celebradas ese año, aunque el malestar de la opinión pública con la clase política era tal que La Orquesta, quizá la más importante revista de humor gráfico en nuestra historia, había comentado un año antes: "La candidatura de D. Sebastián Lerdo para presidente de la República nos parece tan mala como la de D. Benito Juárez, o tal vez peor, porque creemos que la mayor parte de lo que pasa, ha pasado y pasará en el curato, se debe y deberá tanto al uno como al otro y por consiguiente La Orquesta, primero daria su voto al Papa, que al cura o al vicario".

Esta espléndida caricatura de Santiago Hernández es un fiel retrato de esa declaración. 

Ambos politicos se miran frente a frente, arriba de la leyenda: "Con cualquiera de los dos, el porvenir de la patria es el mismo".


lunes, 6 de julio de 2026

Patadas por todas partes

El 18 de noviembre de 1992, publiqué este relato; desde cinco o seis años atrás, varios colegas escribíamos, a diario, la columna Cronista de guardia, en la sección cultural de El Universal, cuyo editor era don Paco Taibo

Cronista de guardia

Patadas por todas partes

Por Agustín Sánchez González


El futbol es un deporte esencial para los mexicanos de nuestro tiempo. El concreto y el chapopote, por suerte, todavía no arrasan con todas las canchas deportivas, aunque cada día hay menos en la ciudad.

Campos de futbol, como los que existían en los camellones de la avenida de los Cien Metros, por decir "un solo ejemplo, fueron destruidos y su lugar lo ocupa hoy día el Metro.

Sábados y domingos, uno puede encontrarse, en el Metro, los autobuses y los peseros, a grupos de hombres de todas las edades con sus playeras de colores, que a veces semejan a los grandes equipos 0, simplemente, con playera blanca.

En estos dias lluviosos, se suben a la pesera llenos de lodo pues, como los carteros, los futbolistas llaneros no se detienen ante nada.

El futbol es una forma de vida para miles de chilangos que juegan, van a ver jugar y, los más, desde su casa, frente a la televisión y a un par de ‘‘caguamas”, se enfrentan al “juego del hombre”, como lo bautizó Ángel Fernández hace arios. Los que se sienten Hugo SANCHEZ o Luis García, llevan en sus mochilas una o dos cervezas para la cruda, para celebrar el triunfo, la derrota o el empate, para el caso es lo mismo. No falta el que sufre por la cruda del día anterior pero, cumplidor, asi juegan y así se la juegan.

Y en las patadas, muchos de ellos, encuentran su razón de ser. Allí descargan sus frustraciones y odios. El domingo pasaba por la calzada del Toro, fuera de donde quedan los campos de entrenamiento del América. El trafico rumbo a Tlalpan estaba detenido. No, no era que salían los jugadores profesionales, sino que los llaneros, sudorosos, llenos de lodo y tierra, se liaban a golpes en una riña colectiva.

Las patadas y puñetazos salían por todas partes. Algunos buscaban detenerlos, los niños y las mujeres, esposas e hijos de los futboleros, gritaban asustados; otros corrían, la sangre brotaba; cuando por otro lado brotaba otro.

Más que futbol, parecía una lucha libre de todos contra todos. Los imitadores de Zague, semejaban, más bien, del “Vampiro’’ canadiense. El deporte de las patadas nunca tuvo mejor acepción. ¡Lástima que no vi ningún gol y si varios nocauts!


domingo, 5 de julio de 2026

Una leyenda sobre la seguridad industrial



Todas aquellas personas que entraban por la puerta principal, obreros, empleados, proveedores, compradores, de la Compañía Colonial, que en septiembre de 1977 ya pertenecía a la empresa Chicles Adams, podían leer en la pared una leyenda de seguridad industrial con la que había obtenido mi primer premio que, aunque en sentido estricto no era literario, se acercaba al trabajo que un par de años después comenzaría a realizar: escribir.

En 1977 estudiaba la licenciatura en Historia en el Sistema Universidad Abierta (SUA) de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de donde fui el primer egresado que se tituló, incluso, con Mención Honorífica.

En ese año, la empresa convocó a un Premio, entre sus trabajadores, para crear una leyenda con la temática de seguridad industrial.

Además de otorgar un estímulo monetario, que según recuerdo era equivalente a un par de meses de mi salario, se rotularía la pared con la leyenda.

Durante los siguientes años, después se cerró la empresa, mi frase permaneció en esa pared.

Lo paradójico es que el día de la premiación cayó un tremendo aguacero. Se había colocado una lona gigantesca para resguárdesenos de la tempestad mientras se realizaba la ceremonia.

Fue tal la lluvia que la lona se fue llenando hasta que, por la tarde noche, se rompió y cayó sobre la camioneta de servicios de la empresa que estaba estacionada en ese lugar.

Por fortuna no hubo lesionados, pero si hubo una lección que se puede leer en la pared:

Quién tiene confianza, no tiene seguridad.

Quién tiene seguridad, tiene confianza.

 

domingo, 21 de junio de 2026

Tirando a gol (Un cuento futbolero)


 En 1985 publiqué mi primer (y único) libro de cuentos: Por si cambias de opinión. Ahí apareció el cuento Tirando a gol, que en el mundial de 2006, apareció en la primera época de Confabulario, de El Universal. En estos días de fiebre futbolera, lo rescato de nuevo. 


TIRANDO A GOL 
Agustín Sánchez González

“A todos los que quieren y aman el futbol“
 Ángel Fernández

Aunque le parezca extraño, hace años que no veo futbol. No, ya ni siquiera me gusta, es más, me encabrona. Todo empezó ese día en que inauguraron el Estadio Azteca. Me acuerdo que mucha gente circulaba por la Calzada de Tlalpan, en aquel entonces no había Metro y los tranvías hacían un largo recorrido por toda la ciudad. El sueño de mucho tiempo atrás se convertía en realidad, todos mis cuates me envidiaron, claro que yo no les conté a qué iba, pero todos compartían conmigo la emoción, ninguno de nosotros conocía cómo era un estadio y ni idea teníamos. Cuando vi la construcción desde el tranvía, me quedé toditito apendejado.
Yo no iba a ver el futbol, aunque me moría de ganas, más bien iba a vender unas “mosquitas vaciladoras” de juguete que fabricaba mi primo —Chucho Mosca— y que luego vendía en los mercados y en los cines. Parecían de verdad. Las hacíamos con un pedazo de hule espuma y sacábamos buenos centavos. Volaban por medio de un alambrito y costaban un peso. Desde que salimos de la casa, el Chucho se puso a venderlas y con ello pagó el primer camión, de treinta centavos y luego los tranvías de a treinta y cinco fierros.
Pues sí, fue hace 20 años y como ve, ahora ya no puedo correr como en ese entonces cuando imitaba al Chalo Fragoso o me aventaba unos paradones como Ataúlfo Sánchez.
Me gustaba jugar de caza-goles pero también era un buen guardameta que defendía a capa y espada a los cremas del América.  Jugábamos en los camellones del Río Consulado, ahí por donde pasa ahora el Circuito Interior; esto estaba a la salida de mi escuela —la Club de Leones— por el monumento a La Raza; viera qué golazos metía.
En las mañanas, antes de irme a la escuela, iba con mi primo a trabajar en las mosquitas. Ganaba entre ocho y diez pesos a la semana, dependía que no echara la hueva y taloneara bonito. Mi primo nos pagaba a destajo; por pegar el cuadro de hule espuma, coser el cuerpo o amarrar el alambre con el que volaban, diez centavos la pieza; pegar alitas, ojos, o poner las patas con hilo, cinco. Ganábamos más: si nos poníamos a venderlas, pero a mí me daba pena.
El estadio era bien bonito. El día de la inauguración hasta me espanté cuando oí el inmenso grito que hizo retumbar el puente que atraviesa Tlalpan, y es que el América había anotado un gol.
Ese pinche negrito del Arlindo lo metió y eso que los contrarios eran un equipo europeo, creo que el Torino y eran de Italia. Cómo quise estar dentro del estadio, sin embargo, me conformé. Estaba muy contento de que el América les ganara y así fue. Mientras acababa el partido y empezaba a salir la gente nos compramos unas tortas, porque después iba a ser rete difícil que comiéramos algo. No estaban mal las tortitas, lástima que fuera pura finta lo del jamón. Me tomé una Pepsi para bajar el pan y el Chucho pidió una cerveza.  
Me cai que en ese tiempo pensaba que algún día iba a estar adentro de la cancha vistiendo los colores americanistas.
Oímos dos gritos más de gol y nos enteramos del triunfo del América. La gente empezó a salir, nunca había visto tantas personas juntas y afuera un chingo de puestos multicolores que vendían banderines, escudos, llaveros, fotos y muchas otras cosas de los equipos. Había también tortas, tacos sudados —cinco por un peso— y los puestos de birria o tacos de barbacoa. Todo era chingonsísimo y yo estaba tan contento.
“Mosquitas vaciladoras
para bromas y vaciladas
son de a peso”.
Y ahí nos tiene vendiendo mucho, como si las estuviéramos regalando. Toda la semana habíamos chambiado el resto, me acuerdo que, incluso, había faltado un día a la escuela para poder acabar.
El Chucho estaba rete contento, no podía creerlo.
Como a las tres y cuarto de la tarde ya casi toda la gente había salido y ya nada más nos quedaban como veinte mosquitas. El Chucho Mosca fue a tomarse una Victoria para celebrar la venta y yo me comí unos taquitos de barbacoa y otra Pepsi para quitarme la sed tan cabrona que traía.
Me dio veinte varos, de los de entonces. Yo me sentí inmensamente rico. Luego, pensé en comprarme unos zapatos de futbol que había visto en el mercado de Granaditas que costaban 15 pesos y fui a comprar un póster gigante de los azulcremas.
Luego de que el Chucho se tomara cinco o seis cervezas más, nos regresamos.
El tráfico estaba rete cabrón y no había manera de subir a los camiones. Nos tuvimos que ir colgados de un tranvía, yo como que no quería pues se me iba a arrugar el póster, o a la mejor ya traía el aviso de Dios por un presentimiento.
A la altura de Municipio Libre, al acomodar mi póster, me resbalé y esta pierna, la “pata bendita”, fue alcanzada por la rueda del pinche tren.
Durante días enteros, en el hospital, sufrí intensamente pues sabía que ya no jugaría futbol con el América, ni estaría en la cancha del monumental Estadio Azteca.
¿Ahora entiende por qué chingaos no me gusta eI futbol?

sábado, 20 de junio de 2026

Venustiano Carranza visto por el cantante Caruso

Enrico Caruso en México

Agustín Sánchez González

Enrico Caruso ha sido el más grande cantante de ópera. En 1919, mientras se reconstruía nuestro país y previo a una batalla más contra el poder, vino a México y permaneció durante cerca de un mes. El periódico El Universal tuvo la primicia de entrevistarlo y publicó un autorretrato en primera plana, pues Caruso, además de cantante, fue un espléndido caricaturista. En México realizó una espléndida caricatura dedicada a Venustiano Carranza.

 

Enrico Caruso ha sido el más grande cantante de ópera. Ha pasado más de un siglo de su muerte y sigue presente. En 1919, mientras se reconstruía nuestro país y previo a una batalla más contra el poder, vino a México y permaneció durante cerca de un mes. Es curioso, pero un país en crisis lo recibió, con costos muy altos, para poderlo escuchar.

El periódico El Universal tuvo la primicia de entrevistarlo y publicó un autorretrato en primera plana, pues Caruso, además de cantante, fue un espléndido caricaturista. En el libro Caricature di Caruso se señala que tuvo varias ofertas para publicar sus dibujos con “poderosos editores”, pero el tenor no aceptó y los siguió dando a la luz en un pequeño periódico de Nueva York, de la comunidad italiana, llamado La Follia.

En México realizó una espléndida caricatura dedicada a Venustiano Carranza, que fue copiada de manera excepcional por Juan Terrazas, director del Museo de la Caricatura, y que se podrá apreciar, al lado de medio centenar de dibujos sobre don Venustiano, en el Museo Casa de Carranza, en la capital del país, durante estos últimos meses del año.


viernes, 19 de junio de 2026

Las caricaturas olvidadas sobre Carranza

 


EL TÍO CON BARBA

Las caricaturas olvidadas sobre Carranza

Agustín Sánchez González

La historia de la historia de la caricatura tiene en Salvador Pruneda (1895-1986) a uno de sus artífices y precursores. Humorista gráfico, cineasta, guionista y editor, caricaturista político  e historietista, así como historiador de la caricatura y memorioso de su vida. Su trayectoria en el periodismo mexicano es parte de la de su familia, también inmersa en estos ámbitos: su padre, Álvaro Pruneda, y sus hermanos Álvaro y Ernesto, quienes convivieron, en las primeras décadas del siglo XX, con los grandes humoristas gráficos de entonces. Además, su padre y su hermano Álvaro fueron diputados.

Salvador Pruneda luchó en el ejército carrancista, y la caricatura y el periodismo los asumió con disciplina militar. Quizá es el más representativo caricaturista del carrancismo. Su libro La caricatura como arma política es un clásico dentro de los estudios del humor gráfico y allí son contadas las caricaturas dedicadas a Carranza, a pesar de haberse publicado en 1958 y existir una amplia gama de periódicos donde sobraban los cartones dedicados a don Venustiano. 

Pruneda trabajó en el periódico oficial El Nacional desde su origen, en 1929, hasta que falleció. El diario era vocero del Partido Nacional Revolucionario, por lo que sus dibujos y cartones tuvieron un carácter eminentemente institucional. Hasta hace algunos años solo existían el libro de Pruneda y el de Manuel González Ramírez, La caricatura política (1955); por ende, ambos sentaron las bases para los estudios posteriores.

[…]

La caricatura contiene parte de la historia de lo inmediato. Los caricaturistas recrean el mundo a través de una perspectiva crítica que abstraen de la realidad y de la que opinan directamente, a través de las líneas de sus dibujos; desnudan lo visto y, con esta mirada, refieren el tiempo en el que viven. Esta visión resulta de una gran riqueza para entender la historia, pues el caricaturista basa su trabajo en personajes públicos y en situaciones cotidianas, lo cual, por cierto, no está exento de opiniones erróneas, dada la premura con que realizan su labor.

En la exposición “Cuando veas sus barbas cortar… Don Venus en la mirada de sus críticos”, que se presenta este fin de año en el Museo Casa de Carranza, en la Ciudad de México, hemos rescatado varias decenas de caricaturas, gracias a su hemeroteca, así como de mis archivos personales, compilados hace más de un cuarto de siglo.

Pruneda: en carne propia vivió la represión carrancista a los cartones que se plasmaron en revistas como El Motín, Gladiador, Momo y El Gancho. Al contrario de Francisco I. Madero –quien nunca censuró las caricaturas, como las atroces de Multicolor o El Hijo del Ahuizote–, “Carranza no entendía eso de la ‘prensa libre’”, señala; ese tipo de caricatura crítica generó en don Venustiano una visión represora y de control, relata Pruneda en varios capítulos del libro, incluido el episodio en el que fue amenazado de ser pasado por las armas. Otro caso fue el cierre del periódico Gladiador, ya que “al gobierno le resultaban un poco molestas las informaciones políticas y las ideas sostenidas en sus editoriales”. Carranza ordenó su  clausura en 1917 por un piquete de soldados: “Fuimos arrojados a la calle a culatazos y los soldados destruyeron el equipo tipográfico.

Carranza no permitía que la prensa lo tratara como a Madero, con quien los caricaturistas –de una enorme calidad, por cierto– habían sido feroces en sus críticas y de alguna manera lo debilitaron; aunque sí promovió la creación de nuevos periódicos, como El Universal Excélsior, que aún sobreviven y en los que publicaban caricaturas dedicadas al Primer Jefe. Como señala Enrique Krauze en su Puente entre siglos, don Venustiano aprendió de Porfirio Díaz la importancia de la imagen. A diferencia de los demás caudillos revolucionarios, siempre tuvo un porte ejemplar, con vestimenta formal o militar; la luenga barba le daba un carácter patriarcal y su edad lo convertía en un padre-abuelo, pero sobre todo, en el Primer Jefe de la Revolución.

Brillan los autores de Multicolor, que después se sumaron a Arlequín, como Atenedoro Pérez y SotoIslas Allende y Santiago R. de la Vega (director de ambas publicaciones): un potente trío de caricaturistas de una acidez terrible. Destacan otros cartones en El Hijo del Ahuizote, donde hay uno espléndido de José Clemente Orozco, a la par de las críticas punzantes por su aparente sumisión ante la invasión yanqui en Veracruz, en 1914. En La Guacamaya, los autores anónimos muestran un vaivén político que va del apoyo al huertismo y, luego de su caída, al acercamiento a Carranza, hasta terminar en la abyección al Primer Jefe. Aunque los dibujos no llevan firma, el historiador Luciano Ramírez se los adjudica a Eugenio Olvera Medina

Los cartones recuperados de revistas y periódicos como La República, El Demócrata, México Nuevo El Monitor Republicano, los cuales se encuentran resguardados en la Hemeroteca de la Casa Museo de Carranza, que vale la pena seguir explorando, pues ese acervo cuenta con verdaderos tesoros. De allí salieron varios de los cartones que por primera vez se exhiben en esta muestra.

Hay innumerables retratos y fotografías de don Venustiano, y el elemento que siempre destaca son sus barbas: modelo, origen y principio de cualquier trazo que tenga que ver con don Venustiano. 


​Agustín Sánchez González, “Cuando veas sus barbas cortar. Las caricaturas olvidadas sobre Carranza”, Relatos e Historias en México, núm. 182, Diciembre, 2023, pp. 22-25.

martes, 16 de junio de 2026

Dalí... en Plaza Universidad

 Me pregunto cuánta gente se detiene a admirar la exposición que se encuentra en los pasillos de Plaza Universidad: una media docena de grandes obras escultóricas de Salvador Dalí.



Tal vez se deba a que, hasta hace poco, no había ninguna referencia de que eran obras de Dalí. No tiene mucho que colocaron un espectacular donde se indica que es una obra del genio catalán.



Las personas pasan sin detenerse. 

En innumerables ocasiones, como parte de mis caminatas diarias, deambulo por esos pasillos y miro como poca gente se interesa.

No obstante, si he notado el entusiasmo de jóvenes que, a pesar de los vigilantes que miran de manera acosadora, se detienen a comentar la maravilla de tener cerca, muy cerca, a Eugenio Salvador Dalí.

¡Qué bueno que el Museo Soumaya saque a la calle estas maravillas!






















Palabras para Paco (Ibañez)

 

Paco Ibañez

En 1999, con motivo del 60 aniversario del exilio español, Paco Ibáñez vino a México. Tuve la suerte de estar con él toda una mañana, llevarlo a pasear por la ciudad, meternos en una trajinera en Xochimilco y decirle lo que le había escrito y que mi amigo Roura había publicado esa mañana en la esplendida sección cultural de El Financiero.

Eran los años setenta cuando, adoles­cente aún, me hallaba en la trinchera del sindicalismo independiente a través de la lucha dentro de una izquierda acosada y sin muchas vías.

Entonces, buscaba respuestas para la vida.

En aquellos tiempos, una amiga me prestó un disco doble de Paco Ibá­ñez. Se trataba de una grabación en vivo en el Olympia de París. 
Ese disco me cambió la vida; gracias a él, conocí la mejor poesía española: Luis de Góngo­ra, Federico García Lorca, Gabriel Celaya, Rafael Alberti, todos, todos los poetas que me hicieron encontrar una forma de ver el mundo, de encontrarse con el placer.
Lo escuché una y otra vez. Logré gra­barlo; hasta la fecha conservo el caset, y a menudo lo escucho. m(Muchos años después obtuve el CD)
Pero además de oír las canciones, co­mencé a buscar a los autores que canta­ba Paco. Pronto la casa se llenó de los li­bros de poetas como Luis Cernuda, José Agustín Goytisolo, León Felipe, Francisco de Quevedo, Antonio Machado y más y más que me llenaron de gozo el corazón.
Luego Serrat completó el panorama: Antonio Machado, de nuevo, León Feli­pe, Miguel Hernández, Rafael Alberti.
Este vínculo con la poesía me condu­jo, necesariamente, a la literatura. Leí Don Quijote de la Mancha, La vida del Buscón y demás obras clásicas.
El otro nexo fue el cine. Por esos años murió Francisco Franco; yo tenía veinte años, estudiaba historia en la Fa­cultad de Filosofía y Letras, y seguía las cintas de la época del destape.
En esa escuela tomé un curso con el doctor Wenceslao Roces, una institu­ción del marxismo que yo abrazaba por esos días.

Años más tarde me acercaría al Ateneo Español, donde tengo buenos y entrañables amigos; asumí a un grupo de abuelos queridos con los que colaboré muchos años como vocal de prensa y con los que compartí la historia viva de muje­res y hombres que dejaron la vieja España para llegar a la antigua Nueva España, a México, un país que les debe mucho.
Desde el ateneo obtuve una visión completa de lo que ha sido el exilio. Participé como jurado del concurso del testimonio sobre el exilio y conocí a mucha gente que estudiaba este fenó­meno o, mejor aún, que lo habían vivi­do sin rencores y con un gran amor a México, como Leonor Sarmiento, Pepe Puche o Pepe Sacristán.
En 1993 conocí España. Viajaba en un tren nocturno de París a Madrid, al­go me hizo despertar, un haz de luz que se colaba por la cortina del tren.

Estuve despierto hasta que la claridad del día me permitió ver la campiña española. No dormí más. Las imágenes de Bu­ñuel, Saura y demás estaban presentes, latentes. Era como una película que co­nocía; es más, que añoraba.

Caminé Madrid, Sevilla, Córdoba, Granada y Barcelona, recordando siem­pre a Paco Ibáñez, a los poetas que me regaló, a la vida que me mostró. "Nun­ca entré en Granada" y yo estaba ahí con Eleonora; junto al Guadalquivir, de nuevo evoqué a Ibáñez y le recité "Pala­bras para Julia", de Goytisolo. Recordé, también, a los "caínes sempiternos" al ver una placa de agradecimiento a quie­nes acabaron con el comunismo.
Recor­dé a todos aquellos que se llevaron la canción y la trajeron a México.

Hoy Paco está aquí. Hace veinticin­co años que no venía; hace un cuarto de siglo estuvo en Bellas Artes y ahora can­tará en la calle, en el Parque México. 

Hoy tendré la posibilidad de abrazarlo, de regalarle estas líneas y agradecerle el mundo que me mostró. Me enseñó a conocer mucho de los que ahora conozco, a disfrutar y, sobre todo, a vivir la poesía.

martes, 9 de junio de 2026

Cartón del mes. Marzo 2026 (ReHM No. 209)

 El desdén por la crítica ha sido, y es, el sino del pdoer. este cartón muestra a unarrogante Porfirio Díaz menospreciando a la prensa.





sábado, 6 de junio de 2026

Entrevista a Agustín Sánchez González sobre su libro Fidel. Una historia de poder (1991)

 En 1991, editorial Planeta publicó mi libro Fidel. Una historia de poder, que tuvo un enorme éxito (20 mil ejemplares) y que despues reeditó Nueva Imagen, con el título Los primeros cien años de Fidel Velázquez. César  Güemes  me entrevistó para la sección cultural de El Financiero, que editaba Víctor Roura. Esta es la entrevista:


Agustín Sánchez publica su libro Fidel, una historia de poder.

La cultura debe observarse desde el punto de vista político.

César Güemes

Un objetivo tiene el periodista y escritor Agustín Sánchez González al trabajar textos de índole documental, no seguir historiando como se hacía antaño. Así, abocado a la narración de los hechos de manera cronicada, da a conocer su libro Fidel, una historia de poder, bajo el sello editorial de Planeta, cuya primordial característica es no ser producto de encargo, beca o patrocino alguno, sino sólo del interés personal por bucear en las entrañas del poder en México.

¿Cuáles son los motivos que lo llevan a elaborar una investigación sobre el obrerismo en el país a partir precisamente de una figura como la de Fidel Velázquez? Uno de los elementos fundamentales era el impacto tan fuerte que tenía y tiene este hombre, viejo desde siempre. A partir de ahí, buscar una explicación de todo ello. En un libro de cuentos que tengo sobre fábricas y obreros ya hay cierta preocupación por el rescate de esta cultura en particular. En el caso concreto de este nuevo texto, es saber cómo se gesta el poder y por qué no se podía acceder a él. La única manera de explicarnos esa realidad es acercarnos a Fidel, que es el punto nodal de toda la historia del movimiento obrero.

Y por otro lado, es un factor muy importante para entender todo el contexto de la propia sociedad. La vida de Fidel está vinculada estrechamente a la vida nacional. Cuando se habla de Fidel, no sólo se habla de la historia del movimiento obrero, sino de la historia del poder en México. Y nadie lo explicaba. No había ningún libro. Este hombre da pocas entrevistas. Así que fue ir rascando el asunto de tal manera que cuando estudié la carrera de Historia en el Sistema Abierto, porque en ese momento trabajaba yo en una fábrica, decidí hacer la tesis sobre él. Pero dadas las restricciones de índole académico que no permiten más que una forma ortodoxa de escribir, no lo pude hacer. Entonces, sólo tomé una parte y con eso me titulé.

Luego, seguí pensando cómo escribir un libro que rebasara los límites de la forma de escribir historia para llegar a una manera distinta. En gran medida, mi incursión al periodismo desde hace varios años me permitió llegar a ella. La agilidad y cotidianidad del periodismo me dio elementos al mismo tiempo que me los dio la literatura. Eso me permitió ir madurando más la idea. Y un día decidí escribirlo, luego de renunciar a todos mis trabajos, de manera que tuviera total independencia y libertad. Este es un proyecto que nadie patrocinó y nadie me pidió. Lo hice por mi riesgo y cuenta, la apuesta de vivir como escritor. Pues ese día que decidí hacerlo ya tenía muy claro lo que yo deseaba. Y no sé si lo habré logrado plasmar todo lo que quería, pero el intento lo hice.

¿Por qué a un historiador contemporáneo le llega a interesar una sola figura que representa el poder y no en cambio la lucha social masiva?

Yo creo que hay ahora como un regreso, no solo en México, sino en todo el mundo, a la búsqueda de los personajes. No es que me sumara la moda esta, sino que estaba ya dentro de ella. Creo que las figuras del poder tienen una seducción de toda la vida. O más que una seducción, una curiosidad por explicarte qué pasa con el poder. Y dentro de ello como que hay dos niveles. En uno, el literario, ha intentado hablar de la vida cotidiana de los obreros anónimos.  Y por otra parte, mediante la amalgama de géneros, echar mano, echando mano de documentos, testimonios, crónicas, sobre todo en un momento en que el poder está en crisis en nuestro país. Desde 1988, a pesar de lo que se diga, me parece que hay un desmoronamiento ya muy claro del poder. El mismo Fidel está en crisis.

Luego, en un país de caudillos, presidencialista, de absolutismos, que se expresa claramente en Fidel Velásquez, lo menos que uno desea es entenderlo. A propósito de la crisis del marxismo, por ejemplo, hay que volver a escribirlo y retomar nuevas formas de contar la historia. Creo que es una propuesta de lo que digo, aunque ignoro si lo logro. Ya no podemos seguir haciendo historia como se hacía antes. Hay que trabajarla de manera más amena, más cercana al tipo de lectores que existen. Los medios masivos han generado un tipo de ciudadanos distintos. Entonces no puedes meterle los rollotes de escritores del siglo XIX, que son maravillosos, pero para los que somos fanáticos en la historia. Ya no funcionan los textos tradicionales. De alguna manera José Agustín también lo hizo con la tragicomedia mexicana y ha tenido más éxito que varios historiadores que trabajan con la forma ortodoxa.

¿Qué piensa un historiador de que la figura de Fidel se antoje eterna? ¿Por qué hay un líder tan longevo?

Porque es un país de caudillos, de poder absolutista. Él puede decir con toda la mano, la CTM soy yo, y lo ha dicho por ahí de alguna forma. Y otra cosa que pasa es la desmemoria histórica. Vivimos en una nación desmemoriada, donde la historia siempre está hecha a un lado. Tratamos de olvidar lo que pasa. Hace unos días se daba la polémica entre candidatos a la gubernatura de un estado y decía uno de ellos que sí discutían, pero tomando en cuenta el pasado. El otro, por su parte, argumentaba que el pasado no tenía importancia. Y también la izquierda lo dice. Evidentemente no importa de dónde viene él, sino dónde va. Yo creo que es absurdo. Es una de las grandes tonterías de mucha gente pensar que la historia no tiene sentido.

Es cierto que no lo tiene si lo ves como un anticuario, pero sí lo posee cuando se parte del contexto hegeliano que la historia comienza con el hoy. Claro, hay que conocer todo lo que hay detrás para saber qué camino seguir luego. Creo que por eso el periodismo en los últimos tiempos ha alcanzado nuevos niveles interesantes en México. Porque empieza a haber un mayor compromiso con la propia historia. Creo que es cierta la amalgama de géneros entre la historia, la literatura y el periodismo. Textos en donde ya no se encuentran los límites.

¿Fidel Velázquez será más institucional que representativo?

Creo que hay buena dosis de los dos. Por ejemplo, a Fidel mucha gente de izquierda lo calificó de charro, y sin embargo se hace un análisis serio en el charro, porque de alguna manera sí tuvo y tiene alguna representatividad. Muy vertical, por cierto, pero la tiene. Por otro lado, también es verdad que es el hombre más institucional del mundo. Creo que no ha habido nadie en el mundo, ni siquiera alguno de los expresidentes, que sea tan institucional como él. Y ese es su secreto, su éxito. Él siempre se ha sabido disciplinar al poder. Cuando hay que agacharse, se agacha. Cuando hay que brincar, brinca. Siempre ha sido el más fiel de los soldados del Estado. De los soldados con poder, por supuesto.

 Y tan ha sido así que jamás aspiró a ser presidente. Esa es otra de sus características de preservación. Si vemos a líderes como Luis N. Morones o Lombardo Toledano, que concretarían la trinidad de Liderazgos, vemos que ellos sí quisieron ser presidentes. Fidel nunca lo deseó, ya que ellos dos quedaron por ahí y mucha gente no sabe ni quiénes fueron. Han pasado diez presidentes de la República y el hombre sigue ahí. Su secreto es la institucionalidad, la representatividad que tiene a partir de toda una capa burocrática.

¿Cómo es que se llega a conocer tanto a un personaje, tomando en cuenta que ni como historiador o periodista ha tratado directamente con él?

Bueno, son años de hurgar archivos, revistas, periódicos, de leer entre líneas, de estudiar casi como castigo los once tomos de la historia documental de la CTM, casi mil páginas, incluso rescatar frases de él de las cuales el libro está lleno. Yo estuve pescado durante un año Fidel y no pude entrevistarlo. Fueron nueve meses de estar religiosamente en su oficina hasta que me cansé y decidí que no era tan importante porque al final el hombre vive a su mito. Y lo que él me iba a decir yo lo había dicho en otras entrevistas. Cierta vez le mandé un cuestionario del cual tampoco obtuve respuesta. Y pienso que seguramente se debió, entre otros factores, a que él mismo ya no se acordaba de muchas cosas. Pienso que quizá este libro le va a recordar a él mucho de lo que hizo y ya no tiene en su memoria. Después, después de todo, es lo que nos pasa a este México con la desmemoria. De la izquierda a la derecha no hay un registro de los hechos. Hay un concepto histórico pero en general, priva la desmemoria. Pienso que hacer un rescate histórico es pasar unos videos. Piensan que hacer un rescate histórico es pasar unos videos. El anuncio de Ricardo Rocha al decir esta sí es la historia es verdaderamente aberrante. Es la historia que ellos quieren que sea, pero no es la de todos. Total, que conocí mucho a Fidel a partir de los documentos.  Sé que es espeluznante leer diez mil páginas de rollos y rollos, pero no había de otra. Necesitaba buscarlo ahí.

¿Cómo es que finalmente la mezcla de intereses por el periodismo cultural y el ensayo o la crónica vuelve a ser acá?

Yo no desvinculo la cultura de la política. En términos globales, sabemos que la cultura es todo, pero en tanto la entendemos dentro del periodismo, pensamos que solo la conforman las bellas artes. Yo no creo. Pienso que el país requiere desde hace un buen rato el observar la cultura desde el punto de vista político. Hay gente que lo está haciendo, Monsiváis, Roura, Taibo II. Es cultura, pero con un tinte político. Apenas le empezamos a perder el miedo a los procesos del poder en México. Durante mucho tiempo había temor a ciertos temas y se deslindaba a lo político de lo cultural. Creo en el compromiso del escritor. Así que hay una posición política dentro de lo cultural, aunque no sea explícita, que pienso que muchas de las crónicas que hago están bañadas de lo político.

 


5 Razones porque México no gana la Copa Mundial de Fut

1. Dice Toño Garci: "El Ulama (juego de pelota prehispánico), siempre  terminaba con un asesinato, si ganabas te sacrificaban pero era ...