Historias de José Guadalupe Posada, notas de prensa, crónica literaria y periodística
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lunes, 29 de junio de 2026
martes, 23 de junio de 2026
domingo, 21 de junio de 2026
Tirando a gol (Un cuento futbolero)
En 1985 publiqué mi primer (y único) libro de cuentos: Por si cambias de opinión. Ahí apareció el cuento Tirando a gol, que en el mundial de 2006, apareció en la primera época de Confabulario, de El Universal. En estos días de fiebre futbolera, lo rescato de nuevo.
Yo no iba a ver el futbol, aunque me moría de ganas, más bien iba a vender unas “mosquitas vaciladoras” de juguete que fabricaba mi primo —Chucho Mosca— y que luego vendía en los mercados y en los cines. Parecían de verdad. Las hacíamos con un pedazo de hule espuma y sacábamos buenos centavos. Volaban por medio de un alambrito y costaban un peso. Desde que salimos de la casa, el Chucho se puso a venderlas y con ello pagó el primer camión, de treinta centavos y luego los tranvías de a treinta y cinco fierros.
Como a las tres y cuarto de la tarde ya casi toda la gente había salido y ya nada más nos quedaban como veinte mosquitas. El Chucho Mosca fue a tomarse una Victoria para celebrar la venta y yo me comí unos taquitos de barbacoa y otra Pepsi para quitarme la sed tan cabrona que traía.
El tráfico estaba rete cabrón y no había manera de subir a los camiones. Nos tuvimos que ir colgados de un tranvía, yo como que no quería pues se me iba a arrugar el póster, o a la mejor ya traía el aviso de Dios por un presentimiento.sábado, 20 de junio de 2026
Venustiano Carranza visto por el cantante Caruso
Enrico
Caruso en México
Agustín Sánchez González
Enrico Caruso ha sido el más grande
cantante de ópera. En 1919, mientras se reconstruía nuestro país y previo a una
batalla más contra el poder, vino a México y permaneció durante cerca de un
mes. El periódico El Universal tuvo la primicia de
entrevistarlo y publicó un autorretrato en primera plana, pues Caruso, además
de cantante, fue un espléndido caricaturista. En México realizó una espléndida
caricatura dedicada a Venustiano Carranza.
Enrico
Caruso ha sido el más grande cantante de ópera. Ha pasado más de un siglo de su
muerte y sigue presente. En 1919, mientras se reconstruía nuestro país y previo
a una batalla más contra el poder, vino a México y permaneció durante cerca de
un mes. Es curioso, pero un país en crisis lo recibió, con costos muy altos,
para poderlo escuchar.
El
periódico El Universal tuvo la primicia de entrevistarlo y
publicó un autorretrato en primera plana, pues Caruso, además de cantante, fue
un espléndido caricaturista. En el libro Caricature di Caruso se
señala que tuvo varias ofertas para publicar sus dibujos con “poderosos
editores”, pero el tenor no aceptó y los siguió dando a la luz en un pequeño
periódico de Nueva York, de la comunidad italiana, llamado La Follia.
En
México realizó una espléndida caricatura dedicada a Venustiano Carranza, que
fue copiada de manera excepcional por Juan Terrazas, director del Museo de la
Caricatura, y que se podrá apreciar, al lado de medio centenar de dibujos sobre
don Venustiano, en el Museo Casa de Carranza, en la capital del país, durante
estos últimos meses del año.
viernes, 19 de junio de 2026
Las caricaturas olvidadas sobre Carranza
EL TÍO CON
BARBA
Las caricaturas olvidadas sobre Carranza
Agustín Sánchez González
La
historia de la historia de la caricatura tiene en Salvador Pruneda
(1895-1986) a uno de sus artífices y precursores. Humorista
gráfico, cineasta, guionista y editor, caricaturista político e
historietista, así como historiador de la caricatura y memorioso de su
vida. Su trayectoria en el periodismo mexicano es parte de la de su familia,
también inmersa en estos ámbitos: su padre, Álvaro Pruneda, y sus hermanos
Álvaro y Ernesto, quienes convivieron, en las primeras décadas del siglo
XX, con los grandes humoristas gráficos de entonces. Además, su padre y su
hermano Álvaro fueron diputados.
Salvador
Pruneda luchó en el ejército carrancista, y la caricatura y el
periodismo los asumió con disciplina militar. Quizá es el
más representativo caricaturista del carrancismo. Su
libro La caricatura como arma política es un
clásico dentro de los estudios del humor gráfico y allí son contadas
las caricaturas dedicadas a Carranza, a pesar de haberse publicado en
1958 y existir una amplia gama de periódicos donde sobraban los
cartones dedicados a don Venustiano.
Pruneda
trabajó en el periódico oficial El Nacional desde su
origen, en 1929, hasta que falleció. El diario era vocero del Partido
Nacional Revolucionario, por lo que sus dibujos y cartones tuvieron un
carácter eminentemente institucional. Hasta hace algunos años
solo existían el libro de Pruneda y el de Manuel González
Ramírez, La caricatura política (1955); por ende, ambos
sentaron las bases para los estudios posteriores.
[…]
La
caricatura contiene parte de la historia de lo inmediato. Los
caricaturistas recrean el mundo a través de una perspectiva crítica
que abstraen de la realidad y de la que opinan directamente, a través
de las líneas de sus dibujos; desnudan lo visto y, con esta mirada,
refieren el tiempo en el que viven. Esta visión resulta de una gran
riqueza para entender la historia, pues el caricaturista basa su trabajo
en personajes públicos y en situaciones cotidianas, lo cual, por cierto,
no está exento de opiniones erróneas, dada la premura con que
realizan su labor.
En
la exposición “Cuando veas sus barbas cortar… Don Venus en la
mirada de sus críticos”, que se presenta este fin de año en el Museo
Casa de Carranza, en la Ciudad de México, hemos rescatado varias decenas
de caricaturas, gracias a su hemeroteca, así como de mis archivos
personales, compilados hace más de un cuarto de siglo.
Pruneda:
en carne propia vivió la represión carrancista a los cartones que se
plasmaron en revistas como El Motín, Gladiador, Momo y El Gancho.
Al contrario de Francisco I. Madero –quien nunca censuró las caricaturas,
como las atroces de Multicolor o El Hijo del Ahuizote–,
“Carranza no entendía eso de la ‘prensa libre’”, señala; ese tipo de
caricatura crítica generó en don Venustiano una visión represora y de
control, relata Pruneda en varios capítulos del libro, incluido el
episodio en el que fue amenazado de ser pasado por las armas. Otro
caso fue el cierre del periódico Gladiador, ya que “al gobierno le
resultaban un poco molestas las informaciones políticas y las ideas
sostenidas en sus editoriales”. Carranza ordenó su clausura en 1917
por un piquete de soldados: “Fuimos arrojados a la calle a culatazos y los
soldados destruyeron el equipo tipográfico.
Carranza
no permitía que la prensa lo tratara como a Madero, con quien los
caricaturistas –de una enorme calidad, por cierto– habían sido
feroces en sus críticas y de alguna manera lo debilitaron; aunque sí
promovió la creación de nuevos periódicos, como El Universal y Excélsior,
que aún sobreviven y en los que publicaban caricaturas dedicadas al
Primer Jefe. Como señala Enrique Krauze en su Puente entre siglos, don
Venustiano aprendió de Porfirio Díaz la importancia de la imagen. A
diferencia de los demás caudillos revolucionarios, siempre tuvo un
porte ejemplar, con vestimenta formal o militar; la luenga barba le
daba un carácter patriarcal y su edad lo convertía en un
padre-abuelo, pero sobre todo, en el Primer Jefe de la Revolución.
Brillan
los autores de Multicolor, que después se sumaron a Arlequín, como Atenedoro
Pérez y Soto, Islas Allende y Santiago R. de la Vega (director
de ambas publicaciones): un potente trío de caricaturistas de una
acidez terrible. Destacan otros cartones en El Hijo del Ahuizote, donde
hay uno espléndido de José Clemente Orozco, a la par de
las críticas punzantes por su aparente sumisión ante la invasión
yanqui en Veracruz, en 1914. En La Guacamaya, los autores
anónimos muestran un vaivén político que va del apoyo al huertismo y,
luego de su caída, al acercamiento a Carranza, hasta terminar en la
abyección al Primer Jefe. Aunque los dibujos no llevan firma, el
historiador Luciano Ramírez se los adjudica a Eugenio Olvera
Medina.
Los
cartones recuperados de revistas y periódicos como La República,
El Demócrata, México Nuevo o El
Monitor Republicano, los cuales se encuentran resguardados en la Hemeroteca
de la Casa Museo de Carranza, que vale la pena seguir
explorando, pues ese acervo cuenta con verdaderos tesoros. De allí
salieron varios de los cartones que por primera vez se exhiben en
esta muestra.
Hay
innumerables retratos y fotografías de don Venustiano, y el elemento que
siempre destaca son sus barbas: modelo, origen y principio de
cualquier trazo que tenga que ver con don Venustiano.
Agustín Sánchez González, “Cuando veas sus barbas cortar. Las caricaturas olvidadas sobre Carranza”, Relatos e Historias en México, núm. 182, Diciembre, 2023, pp. 22-25.
martes, 16 de junio de 2026
Dalí... en Plaza Universidad
Me pregunto cuánta gente se detiene a admirar la exposición que se encuentra en los pasillos de Plaza Universidad: una media docena de grandes obras escultóricas de Salvador Dalí.
Tal vez se deba a que, hasta hace poco, no había ninguna referencia de que eran obras de Dalí. No tiene mucho que colocaron un espectacular donde se indica que es una obra del genio catalán.
Las personas pasan sin detenerse.
En innumerables ocasiones, como parte de mis caminatas diarias, deambulo por esos pasillos y miro como poca gente se interesa.
No obstante, si he notado el entusiasmo de jóvenes que, a pesar de los vigilantes que miran de manera acosadora, se detienen a comentar la maravilla de tener cerca, muy cerca, a Eugenio Salvador Dalí.
¡Qué bueno que el Museo Soumaya saque a la calle estas maravillas!
Palabras para Paco (Ibañez)
Paco Ibañez
En 1999, con motivo del 60 aniversario del exilio español, Paco Ibáñez vino a México. Tuve la suerte de estar con él toda una mañana, llevarlo a pasear por la ciudad, meternos en una trajinera en Xochimilco y decirle lo que le había escrito y que mi amigo Roura había publicado esa mañana en la esplendida sección cultural de El Financiero.
Estuve despierto hasta que la claridad del día me permitió ver la campiña española. No dormí más. Las imágenes de Buñuel, Saura y demás estaban presentes, latentes. Era como una película que conocía; es más, que añoraba.
Recordé a todos aquellos que se llevaron la canción y la trajeron a México.
Hoy tendré la posibilidad de abrazarlo, de regalarle estas líneas y agradecerle el mundo que me mostró. Me enseñó a conocer mucho de los que ahora conozco, a disfrutar y, sobre todo, a vivir la poesía.
miércoles, 10 de junio de 2026
martes, 9 de junio de 2026
Cartón del mes. Marzo 2026 (ReHM No. 209)
El desdén por la crítica ha sido, y es, el sino del pdoer. este cartón muestra a unarrogante Porfirio Díaz menospreciando a la prensa.
sábado, 6 de junio de 2026
Entrevista a Agustín Sánchez González sobre su libro Fidel. Una historia de poder (1991)
En 1991, editorial Planeta publicó mi libro Fidel. Una historia de poder, que tuvo un enorme éxito (20 mil ejemplares) y que despues reeditó Nueva Imagen, con el título Los primeros cien años de Fidel Velázquez. César Güemes me entrevistó para la sección cultural de El Financiero, que editaba Víctor Roura. Esta es la entrevista:
Agustín Sánchez publica su libro Fidel, una historia de poder.
La cultura debe observarse desde el punto de
vista político.
César Güemes
Un objetivo tiene el periodista y escritor
Agustín Sánchez González al trabajar textos de índole documental, no seguir
historiando como se hacía antaño. Así, abocado a la narración de los hechos de
manera cronicada, da a conocer su libro Fidel,
una historia de poder, bajo el sello editorial de Planeta, cuya primordial
característica es no ser producto de encargo, beca o patrocino alguno, sino
sólo del interés personal por bucear en las entrañas del poder en México.
¿Cuáles son los motivos que lo llevan a
elaborar una investigación sobre el obrerismo en el país a partir precisamente
de una figura como la de Fidel Velázquez? Uno de los elementos fundamentales
era el impacto tan fuerte que tenía y tiene este hombre, viejo desde siempre. A
partir de ahí, buscar una explicación de todo ello. En un libro de cuentos que
tengo sobre fábricas y obreros ya hay cierta preocupación por el rescate de
esta cultura en particular. En el caso concreto de este nuevo texto, es saber
cómo se gesta el poder y por qué no se podía acceder a él. La única manera de
explicarnos esa realidad es acercarnos a Fidel, que es el punto nodal de toda
la historia del movimiento obrero.
Y por otro
lado, es un factor muy importante para entender todo el contexto de la propia
sociedad. La vida de Fidel está vinculada estrechamente a la vida nacional.
Cuando se habla de Fidel, no sólo se habla de la historia del movimiento
obrero, sino de la historia del poder en México. Y nadie lo explicaba. No había
ningún libro. Este hombre da pocas entrevistas. Así que fue ir rascando el
asunto de tal manera que cuando estudié la carrera de Historia en el Sistema
Abierto, porque en ese momento trabajaba yo en una fábrica, decidí hacer la
tesis sobre él. Pero dadas las restricciones de índole académico que no
permiten más que una forma ortodoxa de escribir, no lo pude hacer. Entonces,
sólo tomé una parte y con eso me titulé.
Luego, seguí
pensando cómo escribir un libro que rebasara los límites de la forma de
escribir historia para llegar a una manera distinta. En gran medida, mi
incursión al periodismo desde hace varios años me permitió llegar a ella. La
agilidad y cotidianidad del periodismo me dio elementos al mismo tiempo que me
los dio la literatura. Eso me permitió ir madurando más la idea. Y un día
decidí escribirlo, luego de renunciar a todos mis trabajos, de manera que
tuviera total independencia y libertad. Este es un proyecto que nadie patrocinó
y nadie me pidió. Lo hice por mi riesgo y cuenta, la apuesta de vivir como
escritor. Pues ese día que decidí hacerlo ya tenía muy claro lo que yo deseaba.
Y no sé si lo habré logrado plasmar todo lo que quería, pero el intento lo hice.
¿Por qué a un
historiador contemporáneo le llega a interesar una sola figura que representa
el poder y no en cambio la lucha social masiva?
Yo creo que
hay ahora como un regreso, no solo en México, sino en todo el mundo, a la
búsqueda de los personajes. No es que me sumara la moda esta, sino que estaba
ya dentro de ella. Creo que las figuras del poder tienen una seducción de toda
la vida. O más que una seducción, una curiosidad por explicarte qué pasa con el
poder. Y dentro de ello como que hay dos niveles. En uno, el literario, ha
intentado hablar de la vida cotidiana de los obreros anónimos. Y por otra parte, mediante la amalgama de
géneros, echar mano, echando mano de documentos, testimonios, crónicas, sobre
todo en un momento en que el poder está en crisis en nuestro país. Desde 1988,
a pesar de lo que se diga, me parece que hay un desmoronamiento ya muy claro
del poder. El mismo Fidel está en crisis.
Luego, en un
país de caudillos, presidencialista, de absolutismos, que se expresa claramente
en Fidel Velásquez, lo menos que uno desea es entenderlo. A propósito de la
crisis del marxismo, por ejemplo, hay que volver a escribirlo y retomar nuevas
formas de contar la historia. Creo que es una propuesta de lo que digo, aunque
ignoro si lo logro. Ya no podemos seguir haciendo historia como se hacía antes.
Hay que trabajarla de manera más amena, más cercana al tipo de lectores que
existen. Los medios masivos han generado un tipo de ciudadanos distintos. Entonces
no puedes meterle los rollotes de escritores del siglo XIX, que son
maravillosos, pero para los que somos fanáticos en la historia. Ya no funcionan
los textos tradicionales. De alguna manera José Agustín también lo hizo con la tragicomedia mexicana y ha tenido más
éxito que varios historiadores que trabajan con la forma ortodoxa.
¿Qué piensa
un historiador de que la figura de Fidel se antoje eterna? ¿Por qué hay un
líder tan longevo?
Porque es un
país de caudillos, de poder absolutista. Él puede decir con toda la mano, la
CTM soy yo, y lo ha dicho por ahí de alguna forma. Y otra cosa que pasa es la
desmemoria histórica. Vivimos en una nación desmemoriada, donde la historia
siempre está hecha a un lado. Tratamos de olvidar lo que pasa. Hace unos días
se daba la polémica entre candidatos a la gubernatura de un estado y decía uno
de ellos que sí discutían, pero tomando en cuenta el pasado. El otro, por su
parte, argumentaba que el pasado no tenía importancia. Y también la izquierda
lo dice. Evidentemente no importa de dónde viene él, sino dónde va. Yo creo que
es absurdo. Es una de las grandes tonterías de mucha gente pensar que la
historia no tiene sentido.
Es cierto que
no lo tiene si lo ves como un anticuario, pero sí lo posee cuando se parte del
contexto hegeliano que la historia comienza con el hoy. Claro, hay que conocer todo lo que hay detrás para saber qué camino
seguir luego. Creo que por eso el periodismo en los últimos tiempos ha
alcanzado nuevos niveles interesantes en México. Porque empieza a haber un
mayor compromiso con la propia historia. Creo que es cierta la amalgama de
géneros entre la historia, la literatura y el periodismo. Textos en donde ya no
se encuentran los límites.
¿Fidel Velázquez
será más institucional que representativo?
Creo que hay
buena dosis de los dos. Por ejemplo, a Fidel mucha gente de izquierda lo
calificó de charro, y sin embargo se hace un análisis serio en el charro,
porque de alguna manera sí tuvo y tiene alguna representatividad. Muy vertical,
por cierto, pero la tiene. Por otro lado, también es verdad que es el hombre
más institucional del mundo. Creo que no ha habido nadie en el mundo, ni
siquiera alguno de los expresidentes, que sea tan institucional como él. Y ese
es su secreto, su éxito. Él siempre se ha sabido disciplinar al poder. Cuando
hay que agacharse, se agacha. Cuando hay que brincar, brinca. Siempre ha sido
el más fiel de los soldados del Estado. De los soldados con poder, por
supuesto.
Y tan ha sido así que jamás aspiró a ser
presidente. Esa es otra de sus características de preservación. Si vemos a
líderes como Luis N. Morones o Lombardo Toledano, que concretarían la trinidad
de Liderazgos, vemos que ellos sí quisieron ser presidentes. Fidel nunca lo
deseó, ya que ellos dos quedaron por ahí y mucha gente no sabe ni quiénes
fueron. Han pasado diez presidentes de la República y el hombre sigue ahí. Su
secreto es la institucionalidad, la representatividad que tiene a partir de
toda una capa burocrática.
¿Cómo es que
se llega a conocer tanto a un personaje, tomando en cuenta que ni como
historiador o periodista ha tratado directamente con él?
Bueno, son años
de hurgar archivos, revistas, periódicos, de leer entre líneas, de estudiar
casi como castigo los once tomos de la historia documental de la CTM, casi mil
páginas, incluso rescatar frases de él de las cuales el libro está lleno. Yo
estuve pescado durante un año Fidel y no pude entrevistarlo. Fueron nueve meses
de estar religiosamente en su oficina hasta que me cansé y decidí que no era
tan importante porque al final el hombre vive a su mito. Y lo que él me iba a
decir yo lo había dicho en otras entrevistas. Cierta vez le mandé un
cuestionario del cual tampoco obtuve respuesta. Y pienso que seguramente se
debió, entre otros factores, a que él mismo ya no se acordaba de muchas cosas. Pienso
que quizá este libro le va a recordar a él mucho de lo que hizo y ya no tiene
en su memoria. Después, después de todo, es lo que nos pasa a este México con
la desmemoria. De la izquierda a la derecha no hay un registro de los hechos. Hay
un concepto histórico pero en general, priva la desmemoria. Pienso que hacer un
rescate histórico es pasar unos videos. Piensan que hacer un rescate histórico
es pasar unos videos. El anuncio de Ricardo Rocha al decir esta sí es la
historia es verdaderamente aberrante. Es la historia que ellos quieren que sea,
pero no es la de todos. Total, que conocí mucho a Fidel a partir de los
documentos. Sé que es espeluznante leer
diez mil páginas de rollos y rollos, pero no había de otra. Necesitaba buscarlo
ahí.
¿Cómo es que
finalmente la mezcla de intereses por el periodismo cultural y el ensayo o la
crónica vuelve a ser acá?
Yo no
desvinculo la cultura de la política. En términos globales, sabemos que la
cultura es todo, pero en tanto la entendemos dentro del periodismo, pensamos
que solo la conforman las bellas artes. Yo no creo. Pienso que el país requiere
desde hace un buen rato el observar la cultura desde el punto de vista
político. Hay gente que lo está haciendo, Monsiváis,
Roura, Taibo II. Es cultura, pero con un tinte político. Apenas le empezamos a
perder el miedo a los procesos del poder en México. Durante mucho tiempo había
temor a ciertos temas y se deslindaba a lo político de lo cultural. Creo en el
compromiso del escritor. Así que hay una posición política dentro de lo
cultural, aunque no sea explícita, que pienso que muchas de las crónicas que
hago están bañadas de lo político.
martes, 2 de junio de 2026
Ligero de equipaje
Nunca he tenido un gran guardarropa, ni siquiera uno medianamente surtido.
Dos o tres pantalones de mezclilla, un par de pantalones de algodón y otros dos para usar con traje o con saco y corbata; camisas y playeras dos o tres.
Pero ahora, inusitadamente, es
tiempo de renovar, aunque no por gusto. Unos cuantos kilos de menos me obligan a
buscar y es complicado por razones que no expondré aquí.
Pensaba en
Antonio Machado, ligero de equipaje.
Y recordaba sus versos: “al cabo, nada os debo, me debéis cuanto
escribo, con mi dinero pago, el traje que me visto y la mansión que habito”.
Y entonces
pienso en mi amado Joan Manuel Serrat que ha envejecido, como mi generación,
pero día a día sigue siendo reconocido por su congruencia, por su calidad, por
ser parte de la educación sentimental de muchas generaciones.
Gracias a
Serrat conocí la poesía española: Machado, Miguel Hernández o León Felipe.
De ahí a los
libros de poesía española, hasta llegar a sus propios orígenes.
Después Paco
Ibáñez me mostró otros senderos, otros autores: Cernuda, Alberti, Manrique, Góngora,
Quevedo, Lorca, Goytisolo, Biedma y tantos y tantos que amé, y amo, la poesía
española y me siento orgulloso de que por mis venas corra esa vertiente tan estúpidamente
rechazada por los ignorantes que niegan nuestro pasado plural.
¿Y la ropa?
Encontré un
pantalón de mezclilla dos tallas más pequeño de la habitual.
No sé si
alguna vez vuelva a usar la ropa que vestía hace un par de meses, pero si sé
que mientras termino de escribir esto, pongo un USB con Serrat
cantando los Proverbios y cantares de
mi Antonio Machado
jueves, 28 de mayo de 2026
Un cielo azul en mayo
Hace más de dos meses no miraba el cielo, no contemplaba ese azul tan singular de la ciudad de México, tan lleno de ajolotes, de contaminación y tan escaso de nubes. Eso, por la mañana, como a las nueve.
Es raro, durante cuatro semanas solamente miraba el techo del hospital, desde una incomoda cama y atrapado entre sueros y sondas.
Hoy es jueves y caminé solo por las calles de mi pueblo, como hace mucho no lo hacía; anduve por ese pueblo hoy destruido y convertido en una colonia más de la Ciudad de los Batracios.
Es raro.El cielo es más caprichoso aún.
Llueve mientras escribo, el cielo azul se ha convertido en gris, aunque un haz de azul se asoma saludando que la mire, que la viva, que la encuentre, y me encuentre, como esa nube que avanza con cautela, sin prisa, sin pausa.
¡Ah, las nubes! ¡Ah el cielo!
Un avión vuela entre las nubes de algodón.
Quisera estar en él.
Dejó de llover.
Saldré a caminar de nuevo.
Cartón del mes. Abril 2026 (ReHM No. 210)
En abril de 2026, este cartón, publicado en 1896, muestra al grupo polítcio más despreciado y criticado en México: los diputados, sumisos, como hasta hoy, al poder presidencial.
martes, 26 de mayo de 2026
Cartón del mes. Mayo 2026 (ReHM No. 211)
El cartón del número de mayo de 2026, de la revista Relatos e historias en México, correspondió a una crítica al general Ignacio Mejía quien quiso ser presidente en 1880, pero la maquinaría porfirista se lo impidió
jueves, 7 de mayo de 2026
La visión de los monitos

La visión de los monitos
Ago 21 • destacamos, principales, Reflexiones • 4102 Views • No hay comentarios en La visión de los monitos
La obra de Rius inculcó una ideología que ahora es posible observar en las políticas del actual gobierno; su visión centralista y anacrónica
de la historia ha contribuido a prolongar un sentimiento de derrota
POR AGUSTÍN SÁNCHEZ GONZÁLEZ
Alos pocos días que comenzó el gobierno de AMLO, recuerdo haber leído un tweet que afirmaba: “Hasta historia vamos aprender en la mañaneras”. Desde hace años, el actual presidente se vanagloria de su conocimiento histórico, no obstante que decenas de comentarios suyos le desmienten con frecuencia.
El difunto Carlos Monsiváis sería feliz al poder integrar, con mucha facilidad, su columna “Por mi madre, bohemios” ante las frases célebres que suele decir nuestro presidente, y hasta se podrá publicar un libro con un título twittero: Así hablaba Pejetustra.
Hay frases inolvidables como: “México se fundó hace diez mil años, con todo respeto, todavía pastaban los búfalos en lo que hoy es Nueva York, y ya en México había universidades, y había imprentas”, o “Inicia el Porfiriato y venden acciones de ese ferrocarril y las venden debajo de su precio; se cotizaban esas acciones en 16 libras esterlinas en Londres y las vendieron en 10 libras esterlinas las acciones. Y a los seis meses, uno de los compradores firmó como testigo en la boda en que se casó Benito Juárez con Carmelita Romero Rubio”.
Existen innumerables muestras de inexactitudes históricas que no pasarían de ser anécdotas banales, de no ser porque algunas de ellas muestran su inopia y lo llevan a enfrentar a personajes o gobiernos, como el español al que, en reiteradas ocasiones, le ha pedido reconocer los atropellos que cometió España durante la Conquista y a pedir disculpas por ello.
No me fue difícil entender de dónde venía esa concepción, pues es la misma que permea en buena parte de la sociedad mexicana y recordé a Eduardo del Río García, el genial Rius, que se convirtió en el gran ideólogo de mi generación (que es la misma que la del presidente), en las anteriores y en las posteriores. El ínclito Monsiváis afirmaba que el monero era la verdadera Secretaría de Educación.
Rius es el autor que más libros de “historia” ha vendido en México. Basta saber que sus obras se venden por miles, e incluso, en escuelas como el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), muchos de ellos formaron parte de los libros de texto. El impacto es sorprendente: por esas aulas han pasado más de un millón de jóvenes, desde hace medio siglo.
Rius fue un prolífico autor, publicó cerca de 200 títulos, con grandes tirajes y muchas reediciones; los personajes públicos que han asumido su influencia son muchos. El Subcomediante Marcos, por ejemplo, señaló que Rius era una de sus principales inspiraciones.
No cabe duda que los desvaríos de nuestra decadente izquierda se deben, también, a las lecturas del marxismo ramplón, de los libros Marx para principiantes (juraría que por eso apodaron así al intelectual de cuarta), Lenin para principiantes o los libros de loas que nos, me incluyo, politizaron y nos hicieron tener una visión idílica del castrismo, como Cuba para principiantes (la desgracia es que pocos leyeron la rectificación del monero al publicar Lástima de Cuba, el grandioso fracaso de los hermanos Castro).
Vuelvo a la visión de los monitos, pues Rius fue depositario y propagador de esa visión centralista, anacrónica, de mostrar la idea de buenos y malos, de españoles e indígenas sin entender, nunca, que estos pueblos conformaron un crisol de nacionalidades que, en su mayoría, fueron sometidos a un grupo autoritario y militarista: los mexicas; por lo que los otros pueblos, al llegar los españoles, se les aliaron para derrotar a esta grupo militarista y explotador.
Bueno, pues las inexactitudes históricas del presidente, como de buena parte de la sociedad, se deben a las obsesiones de Rius quien, como muchos mexicanos, odiaba a los españoles y hasta se sentía mal por ser un güero de rancho, ajeno al estereotipo indígena.
La capacidad didáctica de Rius, facilitó la lectura y visión de los monitos vencidos. Su mirada está plagada de lugares comunes y demoledores, con un nacionalismo ramplón (“crearon una civilización tan chingona como la egipcia, pa’ acabar pronto… y las pirámides muy superiores a las de los egipcios”).
Rius repite la visión idílica de una región “donde convivían con más o menos tranquilidad y armonía, culturas tan diversas como los aztecas, mayas… etc., hasta que llegaron los gallegos”. No obstante, en páginas anteriores el libro 2010 ni independencia ni revolución, contradice esta visión armónica al escribir que los aztecas vivían de explotar a todos los que se dejaban pues eran “belicosos y agresivos que habían dominado a la fuerza a todos los reinos vecinos”.
Su antihispanismo le lleva a realizar afirmaciones como que los invasores “pasaron a violar, follar y coger y tal a todas las mozas doncellas y las que ya no lo eran para demostrar quien mandaba ahora y en adelante: los gallegos”. Los primeros mexicanos fueron, afirma, “primeros hijos de la chingada madre”.
Todo ese discurso, lo lleva a responder “por qué los mexicanos ‘somos como somos’: hijos no deseados, de padre desconocido, hijos no del amor, sino de la fuerza bruta y animal, hijos rechazados por ambos lados: esa fue la base de nuestra nacionalidad”.
Esta guerra debió ser cruel, terrible, como cualquier invasión, pero seguimos conservando una visión centralista y de derrota. Cuando se habla de “500 años de resistencia indígena”, es un cliché demagógico, impulsado por un Estado que ha inventado y vendido, con una visión mercantil, la idea de un cambio, aunque el único cambio es de becas (espejitos) por votos (oro).
Estas citas, pertenecen a uno de sus recientes libros, pero desde el nacimiento de Los Agachados, en 1968, se vislumbra esta posición. “México a través de los popolucos, narra una historia de las luchas en el Valle de Anáhuac, cuenta más o menos la historia de Teotihuacán, los mayas, pero echa a perder todo con sus especulaciones en torno a los teotihuacanos marcianos”.
De cualquier forma, Rius no es responsable del todo, aunque sus monitos ayudaron a afianzar esta idea defensora de un pueblo, los mexicas, que fueron derrotados por muchos otros grupos indígenas aunque los ganadores fueron los invasores europeos que, por cierto, ya eran un conjunto de reinos y no, como afirma el propio monero, de una invasión gallega.
El sentimiento nacional de derrota, que buena parte de los mexicanos viven (nos derrotaron, nos conquistaron, etc.) está tan impregnado en nuestro ser, que me parece nunca podrá entenderse ese proceso histórico complejo y contradictorio que sentó las bases para crear la nación multicultural que somos.
De cualquier forma, humoralmente, hay que desentrañar esta historia de derrota; tomar ejemplo de historietas como Astérix donde se crea un historia victoriosa que generó el orgullo galo, por ejemplo, en vez de seguirnos viendo en un espejo de derrota y de seguir esperando al mesías (que no era AMLO) o al mismo Quetzalcóatl.
Quien no conoce la historia, está condenado a que lo manipulen con una maqueta hueca y que pronto estará en la basura, como sus propios promotores.
FOTO: Ilustración tomada del libro de Rius 2010, ni independencia ni revolución/ Crédito: Especia
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