Nuestra ciudad tiene secretos nada ocultos. Por sus calles nos topamos, a diario, con sorpresas cotidianas.
Mientras espero que se ponga verde el semáforo y una larga fila
avance por las calles del antiguo y hoy totalmente desaparecido pueblo de
Mixcoac, me encuentro una muñeca desnuda y sonriente, metida en un alcorque,
sin ninguna pretensión artística, pero con un impacto visual hermoso.
Me recuerda la canción de CriCri, de la muñeca fea, aunque la muñeca de Mixcoac, no está escondida tras los rincones ni temerosa de que alguien la vea.
Está ahí, sonriendo, en un árbol, en una calle de un espacio urbano que hace rato abandonó su carácter antiguo y hoy ha dejado las pequeñas casas por grandes, y no tan grandes, edificios.



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