Nunca he tenido un gran guardarropa, ni siquiera uno medianamente surtido.
Dos o tres pantalones de mezclilla, un par de pantalones de algodón y otros dos para usar con traje o con saco y corbata; camisas y playeras dos o tres.
Pero ahora, inusitadamente, es
tiempo de renovar, aunque no por gusto. Unos cuantos kilos de menos me obligan a
buscar y es complicado por razones que no expondré aquí.
Pensaba en
Antonio Machado, ligero de equipaje.
Y recordaba sus versos: “al cabo, nada os debo, me debéis cuanto
escribo, con mi dinero pago, el traje que me visto y la mansión que habito”.
Y entonces
pienso en mi amado Joan Manuel Serrat que ha envejecido, como mi generación,
pero día a día sigue siendo reconocido por su congruencia, por su calidad, por
ser parte de la educación sentimental de muchas generaciones.
Gracias a
Serrat conocí la poesía española: Machado, Miguel Hernández o León Felipe.
De ahí a los
libros de poesía española, hasta llegar a sus propios orígenes.
Después Paco
Ibáñez me mostró otros senderos, otros autores: Cernuda, Alberti, Manrique, Góngora,
Quevedo, Lorca, Goytisolo, Biedma y tantos y tantos que amé, y amo, la poesía
española y me siento orgulloso de que por mis venas corra esa vertiente tan estúpidamente
rechazada por los ignorantes que niegan nuestro pasado plural.
¿Y la ropa?
Encontré un
pantalón de mezclilla dos tallas más pequeño de la habitual.
No sé si
alguna vez vuelva a usar la ropa que vestía hace un par de meses, pero si sé
que mientras termino de escribir esto, pongo un USB con Serrat
cantando los Proverbios y cantares de
mi Antonio Machado
.jpeg)