domingo, 11 de mayo de 2014

A media noche. CIUDAD CRÓNICA.

i.    A media noche
Agustín Sánchez González


A la media noche impresiona el silencio.
           El asta bandera se halla vacía, las campanas de Catedral no se mueven, ni se conmueven.

En la penumbra y en la soledad, el Zócalo es aún más impresionante.
Me recargo en la base que sostiene el asta y doy vueltas y vueltas y más vueltitas. Recuerdo los juegos de la infancia, recuerdo las vueltas, pero también las revueltas vividas en esta enorme mole de concreto.
Pienso en los setenta y en los ochenta, pienso en el dos mil, pero también evoco las pequeñas cosas, los breves momentos, el tiempo, los tiempos.
Son las doce de la noche. Apenas aparecen unas cuantas personas que pasan sin miran, o gente que corre para alcanzar el último tren del metro.
Pocos automóviles recorren las calles. Una patrulla transita despacio, se detiene a mirar y se marcha.
Hay pocas luces en los edificios aledaños a la plaza. Añoro los foquitos navideños y/o patrioteros, aquellos de las fiestas de independencia, la revolución o la navidad. El Cura Hidalgo y José María Morelos. Pancho Villa y Emiliano Zapata. San José y la Virgen.
Pero hoy, a la media noche, titiritando de frío, estoy solo en el corazón de la ciudad, en el ombligo del mundo, y el silencio, dice Sabines, es lo más fino, lo más insoportable.
En el zócalo, el sosiego permite escuchar los estruendosos gritos de otros momentos, los ecos de los años, de las vidas, de los corazones que laten y han latido, de los besos de amor y desamor. Alguna vez hubo una manta con una leyenda que siempre me pareció muy mía: “Tu corazón está a la izquierda”
Sé que son miles, quizá cientos de miles, las personas que se han besado alguna vez aquí.
Noche y día, luz y sombra. Nuestra Plaza de la Constitución, nuestra historia nacional, nuestra vida crónica, nuestra historia personal.
Aquí comenzó todo.
Unos pasos hacia el sur, está la escultura de un grupo de peregrinos aztecas que coinciden, asombrados, con el águila de los sueños, la que se halla sobre un nopal y devorando una serpiente.


Dicen que así empezó México. Lo creemos, lo difundimos, lo comentamos, lo vivimos. Luego, dos calles más adelante, puede leerse una placa que indica el sitio exacto del encuentro entre Moctezuma y Cortés, mismo que nos llevó al mestizaje, al encuentro-desencuentro, a la lucha que generó un nuevo pueblo, una nueva cultura.
                                                                                                                  CONTINUARÁ...

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