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lunes, 6 de julio de 2026

Patadas por todas partes

El 18 de noviembre de 1992, publiqué este relato; desde cinco o seis años atrás, varios colegas escribíamos, a diario, la columna Cronista de guardia, en la sección cultural de El Universal, cuyo editor era don Paco Taibo

Cronista de guardia

Patadas por todas partes

Por Agustín Sánchez González


El futbol es un deporte esencial para los mexicanos de nuestro tiempo. El concreto y el chapopote, por suerte, todavía no arrasan con todas las canchas deportivas, aunque cada día hay menos en la ciudad.

Campos de futbol, como los que existían en los camellones de la avenida de los Cien Metros, por decir "un solo ejemplo, fueron destruidos y su lugar lo ocupa hoy día el Metro.

Sábados y domingos, uno puede encontrarse, en el Metro, los autobuses y los peseros, a grupos de hombres de todas las edades con sus playeras de colores, que a veces semejan a los grandes equipos 0, simplemente, con playera blanca.

En estos dias lluviosos, se suben a la pesera llenos de lodo pues, como los carteros, los futbolistas llaneros no se detienen ante nada.

El futbol es una forma de vida para miles de chilangos que juegan, van a ver jugar y, los más, desde su casa, frente a la televisión y a un par de ‘‘caguamas”, se enfrentan al “juego del hombre”, como lo bautizó Ángel Fernández hace arios. Los que se sienten Hugo SANCHEZ o Luis García, llevan en sus mochilas una o dos cervezas para la cruda, para celebrar el triunfo, la derrota o el empate, para el caso es lo mismo. No falta el que sufre por la cruda del día anterior pero, cumplidor, asi juegan y así se la juegan.

Y en las patadas, muchos de ellos, encuentran su razón de ser. Allí descargan sus frustraciones y odios. El domingo pasaba por la calzada del Toro, fuera de donde quedan los campos de entrenamiento del América. El trafico rumbo a Tlalpan estaba detenido. No, no era que salían los jugadores profesionales, sino que los llaneros, sudorosos, llenos de lodo y tierra, se liaban a golpes en una riña colectiva.

Las patadas y puñetazos salían por todas partes. Algunos buscaban detenerlos, los niños y las mujeres, esposas e hijos de los futboleros, gritaban asustados; otros corrían, la sangre brotaba; cuando por otro lado brotaba otro.

Más que futbol, parecía una lucha libre de todos contra todos. Los imitadores de Zague, semejaban, más bien, del “Vampiro’’ canadiense. El deporte de las patadas nunca tuvo mejor acepción. ¡Lástima que no vi ningún gol y si varios nocauts!


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