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martes, 30 de diciembre de 2025

Picasso: mis regalos del 2025

 

Picasso: mis regalos del 2025


 

Antes de que se acabe el año, quiero contar otro regalo antes de que quitar la última hoja del calendario.

Llegar a la tercera juventud, tiene algunas gracias: la entrada gratis a museos, por ejemplo.

El Museo Reina Sofía, uno de los grandes museos del mundo, ubicado en Madrid, una de las ciudad más hermosas del universo, otorga entrada gratuita a personas como yo.

Y bueno, lo aproveché muy bien.

Tres tardes de este año, lo visité, como otras tantas ocasiones lo habían hecho y fue, debo decirlo, un regalo más en mi vida.

Mirar el Guernica es tan impresionante que los ojos no cesan de encontrar uno y mil detales más.

Pareciera que uno lo ha visto ya, despues de estar ahí media docena de veces, en otras épocas, pero no es así.

Cada momento de mi vida ha sido una mirada diferente, inclusive en esos días de septiembre que repetí la experiencia tres días seguidos.

La fortuna de que sea un cuadro a gran escala, permita sortear a toda esa gente que sólo toma fotos con el celular sin mirar nada, sólo para presumir que estuvo ahí, aunque nunca estuvo, en realidad.

Encargado por Max Aub, director de Bellas Artes, de la República Española, Picasso pintó esta maravilla de la que dijo: “La pintura no está hecha para decorar las habitaciones. Es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo”

El Guernica es una de las grandes obras que son patrimonio del mundo, una expresión que retrata, como pocas obras, el mundo en que vivimos.

 

Monet: mis regalos del 2025

 

Monet: mis regalos del 2025

 

En medio de un mundo hostil, que mi país lo refleja de manera excepcional, también tiene muchas cosas hermosas.

He visitado, por lo menos, media docena de veces París y jamás me había enterado de una de sus maravillas: Monet en el Museo Marmota, un edificio fuera de la isla y del circulo


donde se mueve todo en la Ciudad Luz, los distritos 5 y 6, o alejado de zonas como la Torre Eiffel o los Champs Elisee.

Mirar a Monet sin los pesados turistas que sólo van a tomar fotos, sin mirar nada, sin apreciar las maravillas que puede realizar seres humanos extraordinarios como Monet, fue una experiencia única.

Pero antes de entrar a Monet, debo decir que el Museo Marmota tiene una pésima museografía, un desorden donde mezcla todo lo que un coleccionista reunió y quiere presumir, a pesar de muchas maravillas que alberga en medio de ese caos, como las obras de Renoair, Manet y Gauguin.

La circulación es tan mala, y los informantes del Museo tan poco gentiles, que por poco y nos íbamos sin visitar la parte de Monet. Fue gracias a que me asomé a la librería para ver una escalera con una flecha perdida que decía Monet, como lo descubrí.

¡Y bueno!

Un regalo de la vida es tener Impresión, sol naciente, para mi solito, como si estuviera en mi casa y pudiera verlo hora y horas. Recuerdo una anécdota que contaba Eduardo Galeano del niño que visita el mar por ver primero y le pide a su padre que le ayude a ver)

Monet es uno de esos hombres capaces de transmitir mil y una emociones. Es uno de los grandes regalos que he tenido en la vida. Ver, mirar, sentir, palpar, estremecerme con su obra pues, además de Impresión, hay piezas de la Catedral de Rouen y la maravillosa Gare Sant Lazare, que no dudé en ir a ver, de nueva cuenta aunque ahora está convertida en un centro comercial, como cualquiera que realiza el capitalismo voraz.

Debo volver algún día a mirar a Monet.

Y por si fuera poco ese regalo, unos días después vi, en la Cineteca, una película que cuenta una historia que enlaza Impresión, con la Terminal de San Lázaro: Los colores del tiempo que dan vida a muchos de esos momentos parisinos, de esta historia interminable que muestra que el mundo  puede ser hermosoy que uno tiene la suerte de vivir, para contarlo.

domingo, 28 de diciembre de 2025

La Banda del Autómovil gris y el Premio Bernal Díaz del Castillo

 Una nota que me recordó un premio de crónica que obtuve, en 2002: El segundo lugar del Premio Bernal Díaz del Castillo


                                    México D.F. Domingo 13 de octubre de 2002

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Capital

Angeles González Gamio

La perfecta compañía

ƑCuál es la compañía perfecta, que nos informa, nos entretiene, nos puede entristecer o hacernos reír según nuestra elección; no discute, no reclama, no molesta, no es gastadora ni entrometida, ni se ofende cuando la hacemos a un lado sin mayor explicación? šEl libro! Aquel que tiene el gusto por la lectura nunca estará solo, ni podrá estar aburrido; la circunstancia más ingrata se alivia si se tiene la posibilidad de leer: una larga espera, una enfermedad que nos tire en la cama, un viaje de muchas horas, y tantas otras que forzosamente padece uno en la vida.

Todos los que gozamos de ese placer solemos tener más libros de los que seguramente vamos a leer en nuestra existencia, pero hay los que materialmente viven entre ese querido objeto de papel. Hay muchas personas en cuyas casas el único sitio que no tiene libros es la cocina y... šsiguen comprando!

Para todos ellos y los lectores "normales" siempre es bienvenida una nueva colección, como la que está coeditando la Secretaría de Cultura con distintas editoriales. Lleva por título Biblioteca Ciudad de México; tiene una atractiva presentación, con pastas de distintos colores; a la fecha han publicado ocho libros, todos de gran interés, por lo que los mencionaremos brevemente: con la ciudad de México como protagonista, Humberto Musacchio, escritor y periodista, autor entre otras obras del indispensable Diccionario Enciclopédico de México, actualizado y reditado en 1999 como Milenios de México, nos ofrece en un libro titulado Urbe fugitiva, 19 crónicas verdaderamente disfrutables, algunas en las que habla del tema que nos ocupa: libros y librerías, que nos llevan a sitios memorables como la Librería de Cristal, que estaba en las pérgolas de la Alameda ubicadas enfrente del palacio de Bellas Artes; la Porrúa, la del Sótano, la del hotel Del Prado y la Zaplana. En otra crónica nos cuenta historias de antiguos libreros y nos pasea por calles memorables del Centro Histórico y también por Anzures y Polanco.

Otra obra que se inspira en la ciudad es Cuentos fantásticos de la Ciudad de México o aventuras en Mexicopolis, en la que Luciano Pérez nos brinda imaginativas aventuras en la capital del presente. Al pasado nos llevan Carlos Aguirre y María Amparo Ros, como compiladores en Los espacios públicos de la ciudad-siglos XVIII y XIX, con temas de gran interés, abordados por especialistas, como Historia social de los salones de baile o Los festejos del Paseo de la Reforma: del carnaval de Cuaresma al Combate de las Flores.

Un breve volumen nos ofrece Valle de México, poemas escogidos, con inspirados trabajos literarios de Carlos Pellicer. Las gestas del Batallón de San Patricio, integrado por un grupo de valerosos irlandeses que se pasaron a luchar al lado de México durante la invasión estadunidense, son relatadas en un libro que lleva ese título, por el teniente coronel John Reilly, uno de sus miembros más destacados, quien milagrosamente sobrevivió para contar su historia.

La extraordinaria crítica de arte Raquel Tibol, en Síntesis de gráficas y neográficas de México hace un recuento histórico de las figuras esenciales de la gráfica en México, desde Linati de Prevost, introductor de la litografía en nuestro país, pasando por Orozco, Posada, Alvarado Lang, hasta los valores más recientes que han incursionado en espacios renovadores, dando un nuevo giro a esta expresión artística.

El cronista de la Magdalena Contreras, Melesio Melitón García, nos cuenta la historia de su delegación en un libro con ese título, y Becky Rubinstein y Herlinda Dabbah Mustri escriben el interesante volumen que lleva por nombre Autores judeoconversos en la ciudad de México.

Y aunque no es de esta colección, aprovechamos para comentar el libro La banda del automóvil gris, ese gran mito urbano de la época revolucionaria, que recrea magníficamente Agustín Sánchez González, quien por cierto acaba de obtener el segundo lugar del premio de crónica Bernal Díaz del Castillo, que otorgan la Secretaría de Cultura del Gobierno del DF y el Consejo de la Crónica de la Ciudad de México.

Se impone ir a brindar por estos regalos para el espíritu. Un buen lugar es la cantina La Bella Ferrolana, situada en Victoria 22. Tiene la ventaja de que además de buenas bebidas espirituosas, ofrece una decoración agradable y ambiente familiar. Entre sus especialidades destacan el cabrito, criadillas e higaditos encebollados y postres muy sofisticados: cerezas jubilé y crepes suzzete... Ƒqué tal?

cronmex@prodigy.net.mx

domingo, 21 de diciembre de 2025

Retrospectiva de Ettore Scola

En La Cineteca Nacional, este fin de 2025, está exhibiendo una Retrospectiva de Ettore Scola, uno de los grandes cineastas italianos, no se la pierdan. Buesquen la cartelera.

Hace unos años, cuando escribía en La Jornada, antes de que se convirtiera en un inmundo panfleto, publiqué la siguiente nota, el día que cumplió 70 años y la reproduje, cuando murió, hace casi once años.


martes, 19 de enero de 2016

Murió Ettore Scola, mi cineasta favorito

Un día especial
Ha muerto Ettore Scola, mi cineasta favorito.
Hace 15 años publiqué en La Jornada este texto como un
homenaje en en sus setenta años de vida. Scola es uno de los genios del cine mundial. Su obra es una muestra del pensamiento crítico que brilló (brilla) en el  mundo mágico del cine.

La Jornada. Jueves 10 de mayo de 2001
1
Ha sido llamado El padre del cine silencioso; el cine es político, decía Ettore Scola cumple 70 años; sus películas, calificadas como una obra política de izquierda

AGUSTIN SANCHEZ GONZALEZ ESPECIAL
Quizá la década de los setenta fue su mejor tiempo. En nuestro país conocimos obras geniales como Nos amábamos tanto; Sucios, feos y malos y Un día especial.
Ettore Scola cumple 70 años este 10 de mayo y cabe recordar, entonces uno de los grandes creadores italianos. Nacido en 1931, en Treviso, Italia, se inició haciendo periodismo humorístico en el diarioMarco Aurelio, mientras estudiaba derecho en la Universidad de Roma.
Nos amábamos tanto

En 1952, comenzó a participar en guiones y, asociado con Ruggero Maccari, pronto pasó a ser uno de los guionistas más famosos en materia de comedias. Durante muchos años participó como ayudante de dirección con grandes creadores como Dino Risi El estafador (1960); La marcha sobre Roma (1962) y con Antonio Pietrangeli: Adua y sus amigas (1960), La chica de Parma (1963) y Yo la conocía bien (1965).
En 1964 realizó su primera película: Se permettete parliamo di donne (Se permite hablar de mujeres); recientemente se estrenó en México La cena.

La obra de Scola se enmarca en una crítica social no exenta de humor negro, como sucede con Sucios, feos y malos, premiada en Cannes, en 1976, en la categoría de mejor director. Aquí­ se cuenta la vida en los suburbios de Roma, donde se expresa a los olvidados de la tierra.
La plasticidad de la obra de Ettore Scola se muestra en la cinta, nominada para el Oscar, El baile, (1983) película donde el único lenguaje existente es esa actividad lúdica que mueve a todos los seres humanos. Scola ha sido llamado El padre del cine silencioso.
Su mirar hacia la sociedad ha sido siempre de un compromiso social. Su cine ha sido calificado como una obra política de izquierda. "El cine es político -opina el maestro- por su gran difusión, por su contacto con las masas, porque se dirige a un gran público".
Un día especial
















En la cinta Nos amábamos tanto, cuenta la historia de tres amigos que enamoran a la
misma mujer y la lección política que muestra no deja dudas acerca de su posición
ante la vida.
Lo mismo sucede con una de sus películas más conocidas Un día especial (1977),
donde se retrata magistralmente el día que Hitler visita Roma y sucede un 
encuentro casual entre un escritor homosexual y una ama de casa, donde la
fotografía, en blanco y negro, es excepcional, lo mismo que las actuaciones de
Marcelo Mastroiani y Sofía Loren.
En 1989 realiza una obra maestra con Qué hora es, donde narra el encuentro 
de unos desconocidos, a pesar de ser un padre y su hijo adulto, queriendo 
recuperar el tiempo perdido.
Scola ha sido considerado como un renovador de la comedia italiana. "Pocas veces
uno se ríe tan fuerte y llora tan silenciosamente", lo describía un crítico.
A pesar de su conceptualización política, Ettore Scola ha señalado que "Las películas pueden incitar a pensar y a soñar y contribuir a mejorar la vida, pero no cambian
nada".
En 1988 se estrenó una gran película que retrataba la destrucción del cine: Splendor,
obra que fue opacada por una cinta que trataba el mismo tema: Cinema paradiso.
Scola ha dirigido a las grandes luminarias del cine europeo: Marcelo Mastroiani (Qué hora es, 1989), La noche de Varennes; Sofía Loren (Un día especial), Vittorio Gassman, Ugo Tognazzi (El comisario Pepe, 1969); y Gerard Depardieu, entre otros.
Hoy es día de fiesta, celebrar los setenta años de uno de los grandes genios de la cinematografía mundial, ojalá pronto podamos ver una retrospectiva de este gran director.

jueves, 18 de diciembre de 2025

45 años: Italia, Egipto y Grecia

Hace 45 años, en estos días invernales, hice un viaje maravilloso que me cambiaría la vida.

En la Facultad de Filosofía y letras, donde cursaba el último semestre, convocaron aun curso vivo de arte en esos tres países.

Yo acudía sólo los viernes, pues cursaba la carrera en el Sistema Universidad Abierta que, presumo, fui su primer egresado en la licenciatura en Historia; mientras, en las mañanas trabajaba haciendo chocolates y Halls en La Colonial, una fábrica filial de Chicle Adams.

Habíamos construido un sindicato independiente con prestaciones inigualables. Un día nos enteramos que cerrarían la fábrica y empezamos una campaña clandestina para evitarlo. El otrora combativo Unomásuno jugó un papel importante y la empresa decidió cerrar de todos modos, llevándose la planta a Puebla, pero debió ceder ante  las demandas y nos indemnizó con el 30% de lo que marca la ley.

Yo, que veía semana a semana los carteles y ni en sueños pensaba viajar, bajo esa alternativa no lo pensé un segundo y me inscribí y partí con un grupo de personas a las cuales era completamente ajeno pero que me ayudaron a integrarme a ellos.

Recuerdo a una compañera de la facultad, que con toda amabilidad me sugirió llevar café, latas, etc., para no gastar pero, por intuición fui dejando las cosas en el camino, al igual que la media docena de libros que, ingenuo, pensaba leer.

Desde la primera noche en Roma, mientras todo el grupo se iba a cenar a una hostería, yo me quedé encerrado en el hotel abriendo una lata de atún hasta que me cayó el veinte que no era así y los alcancé en un sitio mágico, que nunca olvido, El Dameo Pataca.

Las latas fueron dejadas una a una y el vino se convirtió en mi bebida favorita.

No haré toda la historia. Sólo que conocía Florencia, Venecia, Roma, El Cairo, Luxor, Abu Simbel, Atenas y sus islas.


 Lloré a las seis de la tarde mientras veía caer el sol, sólo solo, sobre las pirámides de Guiza, mientras se escuchaban los cantos musulmanes y unos días atrás cuando miré muy cerquita la Piedad, de Miguel Angel, antes de que fuera encapsulada, tras el atentado que tuvo.

Hace 45 años mi vida cambió radicalmente.

Bajando de un barco en el Mar Egeo

Dejé el sindicato, la fábrica, y empecé una nueva vida que muy pronto tuvo sus primeros frutos:un par de 
publicaciones en la Facultad de Filosofía y Letras, clases de historia en el CCH, un premio de literatura y su publicación en mi primer libro de cuentos, mi tesis que fue un best seller, con 20 mil ejempares vendidos, y luego en la prensa nacional.

Cuarenta y cinco años


viernes, 12 de diciembre de 2025

El señor Embajador

 


Este cuento apareció por primera vez en el libro ¿El crimen como una de las bellas artes?, una selección de cuentos, resultado del Certamen Nacional del mismo título, convocado por el Instituto de Cultura de Coahuila, en 2004, donde obtuvo mención de honor.


El Señor Embajador

Agustín Sánchez González

 

Camina despacio. Se pasea por la Puerta del Sol, como si fuera un turista más. Pero no lo es. Es el señor embajador.

        Hace una mueca y sonríe al mirar la imagen del único fantasma que ahora recorre el mundo: la infalible eme amarilla, una enorme letra, iluminada, que apenas permite vislumbrar al oso y el madroño, símbolo de Madrid.

        Saca del bolsillo un Ducado y se lo pone en la boca, sin encenderlo. Revisa su cazadora para tomar el mechero, como llaman por acá al encendedor.

        Arabes, africanos y españoles hablan a gritos en la Puerta del Sol. Anda perdido, o queriéndose perder, entre la marea de madrileños y sudacas, aunque sin confundirse con éstos, pues, él es, y se siente, un mexicano privilegiado.

        “Es una gloria efímera. Vivir es lo que importa”, piensa, mientras aspira placenteramente su cigarro.

        En el Museo del Jamón, desde la barra, pide una caña y un pan con jamón serrano. El mesero, flaco y con espejuelos, grita al cocinero: “Un chiquiiiito misto".

        Los jamones, en las alturas, esperan una o mil bocas. Eso es, realmente, el maná del cielo. Mirar al techo es encontrarse un bodegón, un regalo de Dios.

Pide agua y el  mesero recula:

“El agua es para las ranas, en España se toma vino”.

Sonríe ante la ocurrencia y pide un chato de vino.

        Puede pasar desapercibido en una ciudad así. Su país, a ocho mil kilómetros, algunas veces le inquieta.

        No hay nada que se parezca a San Luis Potosí. Allá nació su padre, un hombre bueno, casi héroe, casi víctima de un sistema al que sirvió como pocos.

        Revisa mentalmente la nota del periódico mexicano que recibió la tarde anterior, al tiempo que toma un trago de su chato.

        De dónde habrán sacado que yo pueda aspirar a ser presidente o cuando menos candidato de la oposición, si ni siquiera sé a ciencia cierta lo que sucede por allá.

        El personaje que sueña, fue enviado al exilio dentro del más puro estilo de la política mexicana: se le otorgó un nombramiento como embajador, luego de haber manejado las finanzas de su país y enfrentarse, por ello, a quien a la postre sería el candidato oficial, o sea, más tarde, al presidente de la república.

        Un hombre que perdió la vista muy joven, su padre, alguna vez apuntó, en una de las tarjetas que escribió antes de morir: "¿quién dirá que no quiere ser ya parte de lo que ha sido?".

        Años después, leyó a otro ciego, Jorge Luis Borges: "que la historia hubiera copiado a la historia es pasmoso, pero que la historia copie a la literatura es inconcebible".

        Toma con prisa un cortao y sale con rumbo a la Plaza Mayor, internándose por las callejuelas que convergen en ella. Se detiene frente a la estatua en bronce de Felipe III, emperador mediocre a quien algunos historiadores definían como “poco rey para tanto reino”.

        Tiene tez morena, más bien bronceada, como la del interino aquél, el abogado tamaulipeco, el presidente provisional que llegó a sustituir al general Alvaro Obregón cuando éste fue asesinado.

        Un grupo de jóvenes, con el invariable cigarro en la boca, lo instalan en la belleza de la vida: los ojos zarcos de una joven madrileña lo prenden.

        "El plan de tu vida es éste -le dijo una gitana en Sevilla-, si buscas el poder, sólo encontrarás la muerte".

Su destino está escrito: él sólo será lo que es. Él quiere vivir.

        Una de esas jóvenes, pelo largo y minifalda, hermosa en verdad, le pide una firma para apoyar a ex adictos a la droga y a los enfermos de SIDA.

        Su mirada es tierna, triste y melancólica, aunque con un rayo de optimismo. El señor embajador contempla la muerte en los ojos de la muchacha. Estampa su nombre en una hoja llena de garabatos; entrega cinco mil pesetas y recibe, a cambio, un poemario del colectivo, titulado: Vida para todos.

        Hojea el libro y confirma que debe seguir viviendo para leer a su padre quien, por extrañas asociaciones, le recuerda al muerto de seis décadas atrás. El manco Obregón, el militar convertido en político que por ambicioso murió asesinado meses antes de tomar posesión como presidente; o tal vez -sonríe con malicia-, a tiempo de evitar otra larga y costosa dictadura.

        En la Gran Vía toma un taxi para volver a casa.

        Esa noche sueña que vuela como un ángel y es embajador en un país llamado España; un grupo de amigos le pide aceptar la candidatura a la presidencia de México; de pronto se mira en el Zócalo dirigiendo un mensaje, entresacando citas del discurso que su padre escribiera para el general Lázaro Cárdenas cuando se realizó la expropiación petrolera, aquel inolvidable 18 de marzo del mismo año en que nacía, muy cerca del centro histórico, en un edificio donde ahora, paradójicamente, en la planta baja, luce una enorme eme amarilla que simboliza todo aquella que el no quisiera más para su país.

        Despierta sudoroso cuando las imágenes se tornan pesadilla: observa pasar su féretro y se entera, a través de un noticiero de televisión, que ha sido asesinado en plena campaña electoral, cinco meses antes de las elecciones. Atisba un periódico que muestra su rostro desfigurado, y se reconoce, a pesar del bigote.

        A partir de esa noche, la angustia se vuelve recurrente, al igual que el insomnio. Ha llegado a soñar que su asesino no es descubierto. En medio de la pesadilla, quiere gritar que él, antiguo embajador y hoy candidato, sabe quién es el criminal; pero está muerto y no puede hablar, no puede denunciar a los autores.

        En esos días, recibe un paquete de libros publicados en México acerca del mismo tema: el asesinato del único militar invicto, del gran triunfador de la revolución mexicana, del general Álvaro Obregón.

Un emisario del poder ha sido enviado a preguntar sobre los rumores acerca de su postulación; se los lleva como un regalo, con recuerdos afectuosos de su jefe, el mandatario de la Nación.

        Tantos muertos en un país con tanta vida.

        Una noche decide desmentir el rumor, aclarar que no pretende ser candidato de la oposición, que desea continuar en el redil. Es un hombre institucional. Así lo declara a la prensa de su país.

Días después regresa a México. Ha sido invitado a ocupar una plaza de ministro de Relaciones Exteriores que el señor presidente, su otrora enemigo político, le ha ofrecido en pago a su institucionalidad.

Se instala en la torre del ministerio. Todo ahí es historia. Los ventanales dan a la Plaza de las Tres Culturas. Es un trabajo de trámite, tiene todo el tiempo del mundo para solazarse con la historia, para encontrarse con la literatura.

        Revisa de nuevo la historia mexicana: en 1929, en un país sudamericano, otro embajador es convencido por un grupo de amigos para ser candidato a la presidencia.  Se llamaba Pascual Ortiz Rubio. Acepta, retorna a México y el mismo día que toma posesión, sufre un atentado, apenas dos años después del asesinato Obregón.

        Toma los dos volúmenes acerca de la historia de la revolución mexicana que escribió su padre. Chorrean sangre. Son historias de muerte y de lucha por el poder.

De nuevo hay rumores. Hay quienes dicen que sigue en pláticas con la oposición para encabezar un movimiento disidente. El sabe que no es cierto, pero sólo él lo sabe.  No bastan los desmentidos.

        Su inconsciente sigue machacando; continúan los sueños, los ojos de tristeza, el insomnio, la vigilia.

Platica con sus amigos y a todos les parece una locura sus temores.

        - En México nunca pasa nada -alguien le dice-, y cuando pasa, tampoco sucede nada.

        Retorna a Madrid para entregar la embajada a su sucesor y aprovecha para tomar vacaciones, disfrutar esa ciudad sin las presiones diplomáticas, caminar sus calles, sus vías, su historia.

        Una mañana primaveral, muy temprano, aborda el metro y desciende en la estación Gran Vía. Sale de ahí como autómata. Camina con lentitud rumbo a la Puerta del Sol y mira la hora en el legendario reloj.

            En México aún es de noche, "la penumbra, como decía su padre, es una realidad".

        Aquí, muy lejos de aquellas tierras, la vida comienza.

        Hace semanas no sabe nada de su país, ha permanecido releyendo a Ortega y Gasset, asumiendo una de sus máximas: "Yo soy yo y mi circunstancia".

Su padre, por supuesto, la rechazaría, señalando, en cambio, la concepción marxista: "En última instancia, el ser social determina la conciencia".

        Sonríe con tristeza, y también con alegría, al recordarlo. Siempre ha pensado que le faltó tiempo para hablar con él, para discutir y conocer tantos y tantos secretos de la misteriosa y veleidosa política mexicana.

        Recorre la calle Arenal, repitiendo los pasos de aquella mañana en que fue al Museo del Jamón.

        Los sueños, de nuevo; las visiones, otra vez.

        Mientras contempla la eme amarilla que recorre al mundo, muy cerca de la Puerta del Sol, se encuentra de pronto frente a un quiosco de periódicos; en el diario El País alcanza a leer, en primera plana: "Enorme conmoción: fue asesinado el candidato a la presidencia de México".

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Están verdes las uvas

 




"Están verdes las uvas"

Cartón del mes

Agustín Sánchez González

Durante 1909 apareció el periódico México Nuevo, el cual pronto

se volvió soporte del Partido Antirreeleccionista y de Francisco I.

Madero. Las caricaturas presentadas en sus páginas eran parte de la 

lucha contra la dictadura porfiriana. En este cartón, Álvaro Pruneda Jr.

se inspiró en la fábula de la zorra y las uvas (atribuida a Esopo) 

para parodiar la vida política de uno de los personajes clave 

dentro del gobierno de Porfirio Díaz: José Yves Limantour.

En la fábula, la zorra se rinde ante las complicaciones de alcanzar 

las uvas y se convence de que no están maduras (aunque sí lo estaban),

por lo que, incluso si las alcanzara, no hubiera podido comerlas. 

En este caso, la zorra luce la cara de Limantour y usa un collar 

–cuyas iniciales (RF)

se refieren a la república francesa– encadenado a una caja de dinero, lo 

que le impide alcanzar el fruto, es decir, la presidencia. Tal 

imposibilidad se debía a que el secretario de Hacienda porfiriano

era originario de Francia, y la Constitución desde entonces sólo 

permitía ejercer tal cargo a los nacidos en México.

https://relatosehistorias.mx/nuestras-historias/estan-verdes-las-uvas 



lunes, 8 de diciembre de 2025

Cartón del mes: el último arrecife

Junto al último arrecife

El cartón del mes

Agustín Sánchez González

En este cartón se representa a la Constitución de 1857 que, transportada por una balsa que simboliza el progreso, ha sorteado dos “arrecifes” (el golpe de Estado de Ignacio Comonfort y la guerra de intervención francesa). Entonces, la espera un tercer bloque (“política de conciliación”), alrededor del cual se aferra un reptil que encarna al clericalismo. Da la impresión de que, si la Constitución desea avanzar, deberá enfrentar no sólo al animal, sino también a un ejército armado con bayonetas y a clérigos cuyos bonetes flotan y sirven de contención.

Esta caricatura apareció en El Hijo del Ahuizote, fundado por Daniel 

Cabrera en 1885 e inspirado en El Ahuizote (1874-1876). Se trataba

de un medio impreso que, mediante caricaturas y sátiras, cuestionaba

y se oponía al gobierno de Porfirio Díaz. Debido a su postura política, Cabrera fue encarcelado en múltiples ocasiones, por lo que, para que el semanario subsistiera, contó con la participación de los hermanos Flores Magón, quienes más adelante se harían cargo de dirigirlo.


Noviembre de 2025


Los caminos del humor

 Feliz de empezar el año con un artículo sobre censura y humor, al lado de los más grandes moneros de este país