Una nota que me recordó un premio de crónica que obtuve, en 2002: El segundo lugar del Premio Bernal Díaz del Castillo
México D.F. Domingo 13 de octubre de 2002
|
Historias de José Guadalupe Posada, notas de prensa, crónica literaria y periodística
Una nota que me recordó un premio de crónica que obtuve, en 2002: El segundo lugar del Premio Bernal Díaz del Castillo
|
En La Cineteca Nacional, este fin de 2025, está exhibiendo una Retrospectiva de Ettore Scola, uno de los grandes cineastas italianos, no se la pierdan. Buesquen la cartelera.
Hace unos años, cuando escribía en La Jornada, antes de que se convirtiera en un inmundo panfleto, publiqué la siguiente nota, el día que cumplió 70 años y la reproduje, cuando murió, hace casi once años.
![]() |
| Un día especial |
Ha sido llamado El padre del cine silencioso; el cine es político, decía Ettore Scola cumple 70 años; sus películas, calificadas como una obra política de izquierda![]() |
| Nos amábamos tanto |
En 1964 realizó su primera película: Se permettete parliamo di donne (Se permite hablar de mujeres); recientemente se estrenó en México La cena.![]() |
| Un día especial |

Hace 45 años, en estos días invernales, hice un viaje
maravilloso que me cambiaría la vida.
En la Facultad de Filosofía y
letras, donde cursaba el último semestre, convocaron aun curso vivo de arte en
esos tres países.
Yo acudía sólo los viernes, pues
cursaba la carrera en el Sistema Universidad Abierta que, presumo, fui su
primer egresado en la licenciatura en Historia; mientras, en las mañanas
trabajaba haciendo chocolates y Halls en La Colonial, una fábrica filial de
Chicle Adams.
Habíamos
construido un sindicato independiente con prestaciones inigualables. Un día nos
enteramos que cerrarían la fábrica y empezamos una campaña clandestina para
evitarlo. El otrora combativo Unomásuno
jugó un papel importante y la empresa decidió cerrar de todos modos, llevándose
la planta a Puebla, pero debió ceder ante las demandas y nos indemnizó con el 30% de lo
que marca la ley.
Yo,
que veía semana a semana los carteles y ni en sueños pensaba viajar, bajo esa
alternativa no lo pensé un segundo y me inscribí y partí con un grupo de
personas a las cuales era completamente ajeno pero que me ayudaron a
integrarme a ellos.
Recuerdo a una compañera de la facultad, que con toda amabilidad me sugirió llevar café, latas, etc., para no gastar pero, por intuición fui dejando las cosas en el camino, al igual que la media docena de libros que, ingenuo, pensaba leer.
Desde la primera noche en Roma, mientras todo el grupo se iba a cenar a una hostería, yo me quedé encerrado en el hotel abriendo una lata de atún hasta que me cayó el veinte que no era así y los alcancé en un sitio mágico, que nunca olvido, El Dameo Pataca.
Las
latas fueron dejadas una a una y el vino se convirtió en mi bebida favorita.
No
haré toda la historia. Sólo que conocía Florencia, Venecia, Roma, El Cairo, Luxor,
Abu Simbel, Atenas y sus islas.
Hace
45 años mi vida cambió radicalmente.
![]() |
| Bajando de un barco en el Mar Egeo |
Cuarenta y cinco años
Este cuento apareció por primera vez en el
libro ¿El crimen como una de las bellas
artes?, una selección de cuentos, resultado del Certamen Nacional del mismo título, convocado por el Instituto de
Cultura de Coahuila, en 2004, donde obtuvo mención de honor.
El Señor Embajador
Agustín
Sánchez González
Camina despacio. Se pasea
por la Puerta del Sol, como si fuera un turista más. Pero no lo es. Es el señor
embajador.
Hace
una mueca y sonríe al mirar la imagen del único fantasma que ahora recorre el
mundo: la infalible eme amarilla, una
enorme letra, iluminada, que apenas permite vislumbrar al oso y el madroño,
símbolo de Madrid.
Saca
del bolsillo un Ducado y se lo pone en la boca, sin encenderlo. Revisa su
cazadora para tomar el mechero, como llaman por acá al encendedor.
Arabes,
africanos y españoles hablan a gritos en la Puerta del Sol. Anda perdido, o
queriéndose perder, entre la marea de madrileños y sudacas, aunque sin confundirse con éstos, pues, él es, y se
siente, un mexicano privilegiado.
“Es
una gloria efímera. Vivir es lo que importa”, piensa, mientras aspira placenteramente
su cigarro.
En
el Museo del Jamón, desde la barra, pide una caña y un pan con jamón serrano.
El mesero, flaco y con espejuelos, grita al cocinero: “Un chiquiiiito misto".
Los
jamones, en las alturas, esperan una o mil bocas. Eso es, realmente, el maná
del cielo. Mirar al techo es encontrarse un bodegón, un regalo de Dios.
Pide agua y el mesero recula:
“El agua es para las ranas, en
España se toma vino”.
Sonríe ante la ocurrencia y
pide un chato de vino.
Puede
pasar desapercibido en una ciudad así. Su país, a ocho mil kilómetros, algunas
veces le inquieta.
No
hay nada que se parezca a San Luis Potosí. Allá nació su padre, un hombre
bueno, casi héroe, casi víctima de un sistema al que sirvió como pocos.
Revisa
mentalmente la nota del periódico mexicano que recibió la tarde anterior, al
tiempo que toma un trago de su chato.
De
dónde habrán sacado que yo pueda aspirar a ser presidente o cuando menos
candidato de la oposición, si ni siquiera sé a ciencia cierta lo que sucede por
allá.
El
personaje que sueña, fue enviado al exilio dentro del más puro estilo de la
política mexicana: se le otorgó un nombramiento como embajador, luego de haber
manejado las finanzas de su país y enfrentarse, por ello, a quien a la postre
sería el candidato oficial, o sea, más tarde, al presidente de la república.
Un
hombre que perdió la vista muy joven, su padre, alguna vez apuntó, en una de
las tarjetas que escribió antes de morir: "¿quién dirá que no quiere ser
ya parte de lo que ha sido?".
Años
después, leyó a otro ciego, Jorge Luis Borges: "que la historia hubiera
copiado a la historia es pasmoso, pero que la historia copie a la literatura es
inconcebible".
Toma
con prisa un cortao y sale con rumbo
a la Plaza Mayor, internándose por las callejuelas que convergen en ella. Se
detiene frente a la estatua en bronce de Felipe III, emperador mediocre a quien
algunos historiadores definían como “poco rey para tanto reino”.
Tiene
tez morena, más bien bronceada, como la del interino aquél, el abogado
tamaulipeco, el presidente provisional que llegó a sustituir al general Alvaro
Obregón cuando éste fue asesinado.
Un
grupo de jóvenes, con el invariable cigarro en la boca, lo instalan en la
belleza de la vida: los ojos zarcos de una joven madrileña lo prenden.
"El
plan de tu vida es éste -le dijo una gitana en Sevilla-, si buscas el poder,
sólo encontrarás la muerte".
Su destino está escrito: él
sólo será lo que es. Él quiere vivir.
Una
de esas jóvenes, pelo largo y minifalda, hermosa en verdad, le pide una firma
para apoyar a ex adictos a la droga y a los enfermos de SIDA.
Su
mirada es tierna, triste y melancólica, aunque con un rayo de optimismo. El
señor embajador contempla la muerte en los ojos de la muchacha. Estampa su
nombre en una hoja llena de garabatos; entrega cinco mil pesetas y recibe, a
cambio, un poemario del colectivo, titulado: Vida para todos.
Hojea
el libro y confirma que debe seguir viviendo para leer a su padre quien, por
extrañas asociaciones, le recuerda al muerto de seis décadas atrás. El manco Obregón, el militar convertido en
político que por ambicioso murió asesinado meses antes de tomar posesión como
presidente; o tal vez -sonríe con malicia-, a tiempo de evitar otra larga y
costosa dictadura.
En
la Gran Vía toma un taxi para volver a casa.
Esa
noche sueña que vuela como un ángel y es embajador en un país llamado España;
un grupo de amigos le pide aceptar la candidatura a la presidencia de México;
de pronto se mira en el Zócalo dirigiendo un mensaje, entresacando citas del
discurso que su padre escribiera para el general Lázaro Cárdenas cuando se
realizó la expropiación petrolera, aquel inolvidable 18 de marzo del mismo año
en que nacía, muy cerca del centro histórico, en un edificio donde ahora,
paradójicamente, en la planta baja, luce una enorme eme amarilla que simboliza todo aquella que el no quisiera más para su
país.
Despierta
sudoroso cuando las imágenes se tornan pesadilla: observa pasar su féretro y se
entera, a través de un noticiero de televisión, que ha sido asesinado en plena
campaña electoral, cinco meses antes de las elecciones. Atisba un periódico que
muestra su rostro desfigurado, y se reconoce, a pesar del bigote.
A
partir de esa noche, la angustia se vuelve recurrente, al igual que el insomnio.
Ha llegado a soñar que su asesino no es descubierto. En medio de la pesadilla,
quiere gritar que él, antiguo embajador y hoy candidato, sabe quién es el
criminal; pero está muerto y no puede hablar, no puede denunciar a los autores.
En
esos días, recibe un paquete de libros publicados en México acerca del mismo
tema: el asesinato del único militar invicto, del gran triunfador de la
revolución mexicana, del general Álvaro Obregón.
Un emisario del poder ha sido
enviado a preguntar sobre los rumores acerca de su postulación; se los lleva
como un regalo, con recuerdos afectuosos de su jefe, el mandatario de la
Nación.
Tantos
muertos en un país con tanta vida.
Una
noche decide desmentir el rumor, aclarar que no pretende ser candidato de la
oposición, que desea continuar en el redil. Es un hombre institucional. Así lo
declara a la prensa de su país.
Días después regresa a México.
Ha sido invitado a ocupar una plaza de ministro de Relaciones Exteriores que el
señor presidente, su otrora enemigo político, le ha ofrecido en pago a su
institucionalidad.
Se instala en la torre del
ministerio. Todo ahí es historia. Los ventanales dan a la Plaza de las Tres
Culturas. Es un trabajo de trámite, tiene todo el tiempo del mundo para
solazarse con la historia, para encontrarse con la literatura.
Revisa
de nuevo la historia mexicana: en 1929, en un país sudamericano, otro embajador
es convencido por un grupo de amigos para ser candidato a la presidencia. Se llamaba Pascual Ortiz Rubio. Acepta,
retorna a México y el mismo día que toma posesión, sufre un atentado, apenas
dos años después del asesinato Obregón.
Toma
los dos volúmenes acerca de la historia de la revolución mexicana que escribió
su padre. Chorrean sangre. Son historias de muerte y de lucha por el poder.
De nuevo hay rumores. Hay
quienes dicen que sigue en pláticas con la oposición para encabezar un
movimiento disidente. El sabe que no es cierto, pero sólo él lo sabe. No bastan los desmentidos.
Su
inconsciente sigue machacando; continúan los sueños, los ojos de tristeza, el
insomnio, la vigilia.
Platica con sus amigos y a
todos les parece una locura sus temores.
-
En México nunca pasa nada -alguien le dice-, y cuando pasa, tampoco sucede
nada.
Retorna
a Madrid para entregar la embajada a su sucesor y aprovecha para tomar
vacaciones, disfrutar esa ciudad sin las presiones diplomáticas, caminar sus
calles, sus vías, su historia.
Una
mañana primaveral, muy temprano, aborda el metro y desciende en la estación
Gran Vía. Sale de ahí como autómata. Camina con lentitud rumbo a la Puerta del
Sol y mira la hora en el legendario reloj.
En México aún es de noche, "la penumbra, como decía su padre, es
una realidad".
Aquí,
muy lejos de aquellas tierras, la vida comienza.
Hace
semanas no sabe nada de su país, ha permanecido releyendo a Ortega y Gasset,
asumiendo una de sus máximas: "Yo soy yo y mi circunstancia".
Su padre, por supuesto, la
rechazaría, señalando, en cambio, la concepción marxista: "En última
instancia, el ser social determina la conciencia".
Sonríe
con tristeza, y también con alegría, al recordarlo. Siempre ha pensado que le
faltó tiempo para hablar con él, para discutir y conocer tantos y tantos
secretos de la misteriosa y veleidosa política mexicana.
Recorre
la calle Arenal, repitiendo los pasos de aquella mañana en que fue al Museo del
Jamón.
Los sueños, de nuevo; las visiones, otra vez.
Mientras
contempla la eme amarilla que recorre al mundo, muy cerca de la Puerta del Sol,
se encuentra de pronto frente a un quiosco de periódicos; en el diario El País alcanza a leer, en primera
plana: "Enorme conmoción: fue asesinado el candidato a la presidencia de
México".
Cartón del mes
Durante 1909 apareció el periódico México Nuevo, el cual pronto
se volvió soporte del Partido Antirreeleccionista y de Francisco I.
Madero. Las caricaturas presentadas en sus páginas eran parte de la
lucha contra la dictadura porfiriana. En este cartón, Álvaro Pruneda Jr.
se inspiró en la fábula de la zorra y las uvas (atribuida a Esopo)
para parodiar la vida política de uno de los personajes clave
dentro del gobierno de Porfirio Díaz: José Yves Limantour.
En la fábula, la zorra se rinde ante las complicaciones de alcanzar
las uvas y se convence de que no están maduras (aunque sí lo estaban),
por lo que, incluso si las alcanzara, no hubiera podido comerlas.
En este caso, la zorra luce la cara de Limantour y usa un collar
–cuyas iniciales (RF)
se refieren a la república francesa– encadenado a una caja de dinero, lo
que le impide alcanzar el fruto, es decir, la presidencia. Tal
imposibilidad se debía a que el secretario de Hacienda porfiriano
era originario de Francia, y la Constitución desde entonces sólo
permitía ejercer tal cargo a los nacidos en México.
El cartón del mes
En este cartón se representa a la Constitución de 1857 que, transportada por una balsa que simboliza el progreso, ha sorteado dos “arrecifes” (el golpe de Estado de Ignacio Comonfort y la guerra de intervención francesa). Entonces, la espera un tercer bloque (“política de conciliación”), alrededor del cual se aferra un reptil que encarna al clericalismo. Da la impresión de que, si la Constitución desea avanzar, deberá enfrentar no sólo al animal, sino también a un ejército armado con bayonetas y a clérigos cuyos bonetes flotan y sirven de contención.
Esta caricatura apareció en El Hijo del Ahuizote, fundado por Daniel
Cabrera en 1885 e inspirado en El Ahuizote (1874-1876). Se trataba
de un medio impreso que, mediante caricaturas y sátiras, cuestionaba
y se oponía al gobierno de Porfirio Díaz. Debido a su postura política, Cabrera fue encarcelado en múltiples ocasiones, por lo que, para que el semanario subsistiera, contó con la participación de los hermanos Flores Magón, quienes más adelante se harían cargo de dirigirlo.
Noviembre de 2025
El último medio siglo ha gestado que la humanidad sufra un vertiginoso movimiento. Todo cambia tan rápido que no nos damos cuenta que, en realidad, va para atrás, o con rumbo al camino donde vamos siempre: al basurero, al espejo roto que muestra el rostro insensible, inhumano, caprichoso y autoritario que tiene.
El profético tango, Cambalache, lo muestra de manera excepcional “Que el mundo fue y será una porquería/, ya lo sé/. En el quinientos diez, y en el dos mil también/ Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos/, contentos y amargaos, valores y dobles”.
También podemos citar a Carlos Marx: “La historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa”.
Así nuestro paisito.
En 1929, tras el asesinato del general Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles asumió el poder tras el trono, fundó un partido, el Partido Nacional Revolucionario (PNR) donde dio cabida a todo el que quería agachar su cornamenta, a cambio de fama y/o, sobre todo, fortuna y decir: si señor presidente.
El PNR dio cabida a agraristas, socialistas, laboristas, derechistas, izquierdistas, etcétera. Hizo pacto de amor con la iglesia católica, mayoritaria entonces, para acabar con la rebelión cristera, y pasó por las armas a todo opositor. Calles declaró que México pasaba de un país de caudillos, a un país de instituciones.
Se le empezó a llamar el Jefe Máximo de la Revolución y con el título, manipular el poder tras el trono. Nombró a Emilio Portes Gil como presidente interino, tras la muerte de Obregón, para convocar a elecciones que ganó Pascual Ortiz Rubio, un gris y desconocido militar, que ganó la presidencia, a pesar de las denuncias de fraude que hizo José Vasconcelos; renunció a la presidencia, el “Nopalito”, apodo bien ganado, y el Máximo nombró a Abelardo Rodríguez, para culminar el periodo del anterior. En las siguientes elecciones, ganó Lázaro Cárdenas quien contuvo al Jefe Máximo y hasta logró que se fuera del país, expulsado.
85 años después, en 2014, un nuevo Jefe Máximo, Andrés Manuel López Obrador, un fanático priista, que transitó de ahí a un partido presumiblemente de izquierda, el Partido de la Revolución Democrática, donde se fortaleció al ganar, de manera ilegal, la poderosa Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México y desde ahí construyó un poder omnipotente; así fue desangrando a esa izquierda, sumando además, como el PNR, dio cabida a todo el que quería agachar su cornamenta, a cambio de fama y/o, sobre todo, fortuna y decir: si señor presidente.
Hizo alianzas con los caciques priistas regionales (los Murat, en Oaxaca, los Villarreal en Tamaulipas, los Monreal en Zacatecas, los Del Mazo en el Estado de México, además de grupos panistas de Yucatán, de Jalisco, grupos de ultraderecha, como el Yunque, los Legionarios de Cristo, ProVida, la Iglesia de la Luz del Mundo, al lado, vergonzosamente, de los sobrevivientes del partido comunista, como el decrépito Pablo Gómez o la familia de líderes históricos como los hijos de Heberto Castillo, etc.)
Con esa clase política, mediocre y comodina, gestó un gran movimiento y ganó la presidencia en 2018, con una votación abrumadora, a la vez que terminó de desangrar a los partidos históricos tradicionales, tan corruptos, autoritarios e insensibles, como él.
Durante seis embelesó a los ciudadanos mexicanos, con miles de mentiras que los mexicanos aceptaban (aceptan) como verdad.
Luis Estrada, autor del libro El Imperio de los otros datos, menciona que en 614 mañaneras, AMLO dijo 56,181 mentiras. Todo documentado.
Aun así, llegar el cambio de gobierno, en 2024, su candidata, por dedazo presidencial, Claudia Sheinbaum obtuvo una votación aún mayor que la de AMLO.
No obstante, poco más de un año después, los escándalos de corrupción, nepotismo y antidemocracia aumentan día con día.
La concentración del poder ha sido el signo de estos siete años de gobierno. Dueños, fraudulentamente, de la mayoría en el poder legislativo (comprando y chantajeando a la “oposición” para alcanzar la mayoría absoluta), destruyendo el poder judicial a través de unas falsas elecciones, y ahora, tras una desaseada actuación, defenestraron al Fiscal General de la República (indefendibles, todos, por cierto).
Y un día después, que echaron a Gertz Manero, como una farsa más, desde la chingada, reapareció el Neo Jefe Máximo para decir, aquí estoy y, escuchen los que tengan oídos, no dividan, y si tratan de hacerle algo a mi presidenta (con A de Andrés) reapareceré y, como dice la plegaria: “Y desde ahí vendrá a juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin”.
El Callismo se fue del país, sólo para volver y ser enterrado en el Panteón Familiar de la Patria revolucionaria, en el Monumento a la Revolución, junto a Lázaro Cárdenas; el amloismo, se queda, y muestra que nadie puede hacerle sombra y, por ende, exige sumisión o, simplemente, se van como el Fiscal incomodo que, como Díaz Ordaz, cuando lo nombraron embajador en España, hará lo mismo: estará un tiempecito y después se irá muy despacito a algo tan parecido al nombre del rancho del Neo Jefe Máximo.
Imagen: Caricatura de Matías Santoyo / Colección ASG
https://etcetera.com.mx/opinion/del-maximato-callista-al-absolutismo-amloista/
Hoy nadie sabe, ni creo que les importe, la existencia de un personaje fundamental para el control político mexicano. El autoritarismo pri...