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jueves, 28 de mayo de 2026

Un cielo azul en mayo

 Hace más de dos meses no miraba el cielo, no contemplaba ese azul tan singular de la ciudad de México, tan lleno de ajolotes, de contaminación y tan escaso de nubes. Eso, por la mañana, como a las nueve.

Es raro, durante cuatro semanas solamente miraba el techo del hospital, desde una incomoda cama y atrapado entre sueros y sondas.

Hoy es jueves y caminé solo por las calles de mi pueblo, como hace mucho no lo hacía; anduve por ese pueblo hoy destruido y convertido en una colonia más de la Ciudad de los Batracios.

Es raro.

El cielo es más caprichoso aún.

Llueve mientras escribo, el cielo azul se ha convertido en gris, aunque un haz de azul se asoma saludando que la mire, que la viva, que la encuentre y me encuentre como esa nube que avanza con cautela, sin prisa, sin pausa.

¡Ah, las nubes! ¡Ah el cielo!


Un avión vuela entre las nubes de algodón.

Quisera estar en él.

Dejó de llover.


Saldré a caminar de nuevo.


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