Después de un año de jubilado, decidí comenzar una limpia de papeles burocráticos. Los malditos informes trimestales, semestrales, anuales, las cartas de peticiones, permisos, etcétera.
Enmedio del absurdo papeleo, encontré consas maravillosas: un montón de historías que ni recordaba; encontré un diploma de un Premio, segundo lugar, del Concurso Bernal Díaz del Castillo, sobre crónicas de la ciudad de México.
Debí hurgar en mis archivos digitales para encontrar que el libro que presenté se llama: La vida es como el Metro, el galardón, dinero en efectivo ypublicación (que nunca se hizo), fue otorgado por la Sceretaría de Cultura del entonces DF, y el Consejo de la Crónica.
Un día de estos lo revisaré y lo subiré a Amazón; en una de esas, mis diecisocho lectores los compran, jajaja.
Lo bueno, es que el Metro publicó un pequeño libro que les comparto en dos partes. En la portada, me siento orgullos de estar al lado de uno de los más grandes escritores universales: José Emilio Pacheco.



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