Hace unos años publiqué una compilación de chistes de presidentes. Fueron años de hurgar en la memoria colectiva, pues antes la represión a la caricatura, que se dió durante las décadas en que el PRI fue partido hegemónico, era imposible criticar al presidente, sólo quedaba la palabra.Ahora siento un regreso a ese pasado cuando la intolerancia de AMLO busca evitar la crítica, por un lado, y por otro la perversidad de firmar un compromiso de no reelegirse, cuando ello está plasmado en nuestra Constitución.
Recordé un chiste del porfiriato:
Luego de terminar su primer período
presidencial el general Díaz fue sustituido por Manuel González.
Una tarde llegó Díaz a visitar a su compadre,
el presidente de la república, y le comentó:
—La verdad es que
no tengo ambiciones presidenciales, compadre.
El presidente
González no contestó nada, pero comenzó a buscar entre los cajones de su
escritorio.
—¿Qué busca,
compadre?
—Al pendejo que se
lo crea, compadre.

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