Desde que se
volvió figura pública, hace más de dos décadas, Andrés Manuel López Obrador ha
mostrado ser una persona misógina. Recuerdo el primer debate, para candidato a
Jefe de Gobierno, cuando a Tere Vale, la desdeñó groseramente y le dio valor en
tanto era esposa de un secretario de estado.
Años después, descalificó a la Diputada Ruth Zavaleta, diciendo
"que el secretario de Gobernación, Juan
Camilo Mouriño, “le agarra la pierna a todo el que se deje, políticamente
hablando”, la presidenta de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, quien el
lunes se reunió con el funcionario federal, respondió molesta: “me extraña este
tipo de comentarios de un político que consideré podía dar un salto a ser un
estadista y que con sus comentarios, pues se rebaja a ser, pues un buscapleitos
de taberna”.
Ahora, mientras lanza una espuria consulta, pone
en circulación un anuncio para promover el Tren Maya (te), donde los personajes
son hombres, blancos y barbados, estilizados (incluso él, que se molesta tanto
que lo retraten con la edad que tiene).
Las mujeres que aparecen son estereotipadas, pareciera
sacados de un mitin de la clase media folclórica y no de la zona maya; el colmo
es que el hombre que utiliza el tren, trae un sombrero norteño que nada tiene
que ver con el sombrero de esa región. Creo que no fisgonearon bien el tema.

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