sábado, 11 de abril de 2015

¿Por quién voto? /1. La tragedia de ser lo que somos

Un retrato de siempre: caricatura de 1829.
Progreso de la República Mexicana
La gran tragedia nacional no es el PRI, es la sociedad que ha sido incapaz de romper el esquema priista de hacer política.

Resulta complicado, históricamente hablando, entender cómo se conforma nuestra idiosincrasia política, el cómo gestamos la idea de la política.

Nacimos como Nación en 1821 y desde entonces comenzó una lucha entre dos visiones opuestas  (pero, paradójicamente, complementarias en la busca de nuestra identidad).


La lucha masónica entre  yorkinos y escoceses, leída como conservadores y liberales fue, desde mi personal visión una lucha sólo por el poder, no porque representarán algo diferente.

Recuerdo que Gabriel García Márquez, en Cien años de soledad, gesta una gran definición, escribo de memoria, entre la diferencia de estos: unos van a misa de 7 y otros van a misa de 8.

Vivimos en una sociedad embelesada por los caciques, por el autoritarismo. 
Tal vez ello tiene su origen en nuestras raíces prehispánicas e hispánicas: Tlatoanis todo poderosos, dueños del Estado, la Religión, la economía la vida de todos los súbditos, entre los primeros; pero también los europeos trasladaron un poder colonial autoritario donde el Virrey gozaba de poderes absolutistas y era amo y señor de este territorio, sólo dependiendo de un Rey que estaba a miles de kilómetros.

Adoradores de símbolos, de fetiches a través de los ídolos mesoamericanos que nos hacen soñar en un milagroso hombre blanco y barbado que vendrá a cambiar nuestras vidas; pero también de otros fetiches que nos ofrecen la vida eterna  y el cielo y la gloria eterna.

En el Siglo XIX estuvimos subyugados por tres personajes claves del poder: Santa Anna, Juárez y Porfirio Díaz. Hombres fuertes, arrogantes, autoritarios con un amor por el poder enorme. 

Personajes extremos a quien, aun hoy, se adoran o desprecian.
En el siglo XX, cansados de dictadura cae Díaz y en su lugar un personaje, Francisco I. Madero, al que la sociedad recibe con aclamaciones y del que habrá una pronta decepción.

De nuevo un dictador, Huerta, que cae pronto, y el Rey Viejo, Carranza, llega a seducir con esos aires patriarcales en una época en que hay muchos tiradores: Obregón y Calles, éste último, tras el asesianto de Obregón por.. Cállese la boca, habría de conformar un nuevo partido: PNR, con una mezcla, de nuevo, entre derecha e izquierda, entre fascismo y comunismo, entre las hordas de Musolini y los camaradas leninistas.


De ahí surgió el PRI, una grandiosa y maquiavélica creación, producto de toda esta historia de poder, capaz de generar discursos políticos radicales de izquierda (con Cárdenas era frecuente lanzar consignas marxistas) que de derecha.

Pero todo se aglutina en pos del PRI.
"El que se mueve no sale en la foto", afirmó uno de los grandes caciques priistas: Fidel Velázquez.

Presidencialismo absolutista, autoritario que nos enseñó que la única forma de hacer política es la de ellos: "el que no tranza no avanza", "un político pobre es un pobre político", "aprender a comer mierda y no hacer gestos".
Y esa es nuestra cruz, ser y hacer política como dictan los cánones priistas.
Y esa es nuestra tragedia, ser incapaces de generar algo diferente.
De eso reflexionaré en los siguientes textos.


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