martes, 14 de abril de 2015

1987: el año con Galeano en San Antonio de los Baños

Hace 28 años abrió sus puertas la Escuela Internacional de Cine y televisión, en San Antonio de los Baños, un pequeño pueblo cercano de La Habana. Se gestó un sueño de Gabriel García Márquez de crear una escuela para el tercer mundo en lo que era, o se pensaba que sería, otro mundo posible. 
La escuela ofrecía tres niveles: una licenciatura, un posgrado y un esquema de alto nivel, llamado Diálogos de Altos Estudios.

Tuve la suerte de participar en ese primer Diálogo, que era encabezado por Eduardo Galeano. Debo decir que si en ese viaje comencé a abrir los ojos acerca de la dictadura pero, aun creía en ese proceso.

Galeano nos mostró una lectura de la historia más emparentada con la literatura, en algo que no sé si él lo dijo: la aprehensión de la historia en la literatura.
Fue un curso excepcional que disfruté como nunca pues además era un grupo de estudiosos de toda América, de México iba la poeta Perla Schwartz y el inolvidable Federico Campbell con quien me tocó compartir departamento en los días que anduvimos por allá.
Una de las tardes que tuvimos descanso, saqué un mezcal que llevaba y se lo invité a Galeano y lo disfrutamos tanto que, meses después, me mandaría una postal con un pequeño texto recordando ese espléndido mezcal oaxaqueño.

Después lo vi un par de veces que estuvo en México en brevísimas charlas y saludos pues era un hombre que viajaba con una agenda apretadísima, a diferencia de aquel año de 1987 cuando estuvimos un par de semanas de tiempo completo y en donde, creo yo, adquirí una forma de ver la historia y la literatura.
Ya no está Galeano con nosotros, pero en mi quedó una enseñanza directa, una manera de leer el mundo (a pesar de que en los últimos años dejé de compartir muchas de sus concepciones políticas)


Ya no está Galeano, pero en uno de mis libreros se encuentra esa vieja postal de fin de año de 1987, con la fotografía de Humphrey Bogart que llegó a mi casa desde Uruguay, así como el recuerdo de esos días en San Antonio de los Baños, en plena campiña cubana, y con el gusto de esos años juveniles que se fueron pero que ahí están para siempre.  

1 comentario:

ClauZamora dijo...

Que maravilla Agustin, tener estas vivencias que son el unico tesoro que el ser humano puede acumular

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