miércoles, 3 de diciembre de 2014

Leer a Vicente Leñero

Seguramente no provocará que cuarenta mil personas vayan a depositar flores al estadio Azteca, ni a ningún estadio, por cierto; tampoco, estoy seguro, Peña Nieto, mucho menos Miguel Ángel Mancera, dedicarán un párrafo en algún discurso; nadie se volcarán a las calles pidiendo sea paseado en Bellas Artes, ni habrá tumultos que vayan a tomarse la foto ante su féretro.
Nada de eso.
Don Vicente Leñero, en cambio, está por encima de llenos en el estadio Azteca, homenajes en Bellas Artes o palabras vacías de nuestros gobernantes.
Leñero es parte medular de nuestras letras.
Lo es porque fue un hombre discreto, lejos de los reflectores, de la farándula, de la faramalla que suele dedicarse, casi como un circo, a muchos autores menores que buscan lucir su obra.
Lector infatigable, autor generoso que lo mismo escribió grandes novelas como Los albañiles, Premio Biblioteca Breve de Seix Barral, de cuando los premios no estaban desprestigiados.
Esa novela hubiera bastado para que le maestro Leñero pasara al panteón literario, pues e suna novela que resiste al tiempo, que es una gran obra.
Autor prolífico que se destacó en el periodismo (fue subdirector de Proceso, en los tiempos en que fue la mejor revista mexicana; colaboró en el viejo Excélsior; dramaturgo, autor de guiones teatrales como Los albañiles, los hijos de Sánchez;  fue un espléndido cronista, con libros como Vivir del teatro, Tras los pasos de Jorge, así como las innumerables crónicas que publicó en la prensa mexicana.
UN libro clásico para entender la relación prensa-poder es Los periodistas, que narra la historia de la salida de Scherer de Excélsior.
Muchas cosas que decir más acerca de este hombre, busquen sus libros, léanlo, es un autor clave de nuestras letras, de nuestra cultura.
Leer a Leñero. 
Un hombre que murió hoy, 3 de diciembre de 2014, pero que hace muchos años vive como uno de los grandes creadores de nuestro país.

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