sábado, 31 de diciembre de 2016

Epidauros. El teatro y el sueño de la vida. Fin de año 1979


Uno de los regalos excepcionales que me ha dado la vida, es estar un fin de año en  Epidauros, hace ya varias décadas. 

Eran los años proles, ya medio conté que me acababan de despedir de una fábrica por ser integrante de la dirección sindical. Eran años oscuros para hacer política de oposición. Cuando hoy se quejan de falta de libertades, de que nunca hemos estado peor, no conocen la historia de este país.

Pero no hablaré de eso, quiero contarles de lo maravilloso que fue posarse sobre una piedra redonda a la mitad del foro y hablar y ser escuchado hasta el último rincón de la galería y, como magia, salir de ese círculo y no ser escuchado más (me suena ahora a una alegoría del poder o de algún club)


El teatro de Epidauro constituye una de las expresiones de grandeza del cultura, una historia material sobreviviente a siglos de depredación en el mundo, pues se construyó por Policleto, en el siglo IV antes de Cristo.

Las imágenes son de ensueño.  


Estar ahí, sentarse en sus gradas, soñar con la historia, con la vida, es pensar que lo mejor de todo es estar en este mundo, el soñar con lo que hemos tenido, lo bueno y lo malo, y de cómo nos hemos construido y reconstruido.

El futuro se construye con sueños, pero hay que materializarlos. Esa noche, al regresar a Atenas y bailar en el barrio de la Plaka, a los pies de la Acrópolis, cercano a los dioses, soñé muchas cosas, no las recuerdo ahora, pero estoy seguro que tienen que ver con mi vida actual.



Es un año por venir, es un mundo que se renueva. Eso haré, como cada año.

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