viernes, 4 de octubre de 2019

“La familia Burrón” fue fundamental para el desarrollo de la lectura



“La familia Burrón” fue fundamental para el desarrollo de la lectura
 20-04-2017  hace 2 años
 Redacción SeUno
El especialista en el desarrollo de la caricatura mexicana, Agustín Sánchez González, destacó que la industria editorial de la historieta está en crisis, pues cada vez se lee menos en papel.




En su época de oro, “La familia Burrón”, de Gabriel Vargas, fue fundamental para el desarrollo de la lectura, pues más de dos millones de mexicanos la leían, sostuvo el especialista en el desarrollo de la caricatura mexicana, Agustín Sánchez González.
Al participar en “Abril, mes de la lectura”, el programa de fomento a la lectura de la Universidad Autónoma del Estado de México, el escritor e historiador mexicano autor de más de 40 libros, resaltó ante la comunidad de la Facultad de Humanidades que la gran aportación de Vargas a la cultura mexicana fue la reconstrucción del lenguaje característico mexicano.
Sánchez González reconoció que uno de los grandes problemas del país y del mundo es que cada vez se lee menos y aseguró que con el fin de la historieta, acabó también el fenómeno de la lectura en masa.
“Los mexicanos leíamos aunque sea las historietas, que eran la base de una lectura superior, una de las formas en que se leyó mucho, a través de fenómenos como “Kalimán”, cuyo primer número vendió en su primer día y en sólo dos horas 100 mil ejemplares”.
El experto del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas del Instituto Nacional de Bellas Artes, autor de los libros José Guadalupe Posada. Fantasías, calaveras y vida cotidiana y Gabriel Vargas, una historia chipocluda, destacó que la industria editorial de la historieta está en crisis, pues cada vez se lee menos en papel.
Por ello, consideró, es necesario innovar y acercar a los chicos a la lectura; es necesario acercarse sin prejuicio a la historieta, porque representa a la cultura popular y la academia es muy reacia a este fenómeno.
“A pesar del impacto que tienen los personajes, el impacto que tuvieron en intelectuales, quienes estudiamos historieta y caricatura somos pocos, pues la academia teme enfrentarse a la cultura popular, es muy elitista”.
Agustín Sánchez González concluyó que la lectura es una manera de vivir muchas vidas, de transitar por muchos mundos, de ser parte de un sueño, es una posibilidad única de acercarnos a historias geniales y en el caso de la Familia Burrón, de Gabriel Vargas, de sufrir y gozar con todo lo que nos regaló uno de los hombres fundamentales en la historia mexicana.


sábado, 7 de septiembre de 2019

Caricatura mexicana llega a Washington

Caricatura mexicana llega a Washington

Cd. de México.-
El miércoles 4 de septiembre, en el Instituto Cultural de México, en Washington, será inaugurada la exposición “Cien años de caricatura en El Universal”, que reúne 70 trabajos de caricaturistas que publicaron en las páginas de este diario a lo largo de 103 años de historia que se cumplirán el próximo 1 de octubre.
La muestra celebra medio siglo de conducción de EL UNIVERSAL por parte del Licenciado Juan Francisco Ealy Ortiz, Presidente Ejecutivo y del Consejo de Administración de El Gran Diario de México.
“Cien años de caricatura en El Universal” se realiza con apoyo de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid), el Instituto Cultural Mexicano en Washington, el Museo de la Caricatura y EL UNIVERSAL.
El próximo miércoles, a las 18:30 horas, será inaugurada la exposición por la embajadora de México en Estados Unidos, Martha Bárcena Coqui, y el director Editorial de EL UNIVERSAL, David Aponte.
Esta muestra surgió como un libro homónimo, que fue presentado en 2016, dentro del programa conmemorativo por el centenario del diario.
Para su exhibición en el Instituto Cultural de México en Estados Unidos, la exposición enfatiza tres temas: la historieta norteamericana, la visión de los caricaturistas en torno a la figura del “Tío Sam” y las representaciones de los presidentes estadounidenses.
Curada por Agustín Sánchez González, quien es investigador del Cenidiap (Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas) del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), la exposición está distribuida en cinco módulos, y contiene 70 piezas, de las cuales 66 son originales; la mayoría fueron prestadas por el Museo de la Caricatura y por coleccionistas particulares.
“Lo que buscamos en esta muestra en Estados Unidos es presentar la visión de los caricaturistas mexicanos en función de Estados Unidos”, explica el curador en entrevista.
Agustín Sánchez destaca: “Yo tengo muchos años trabajando en caricatura y puedo afirmar que es la exposición más importante que se ha hecho fuera de México sobre caricatura mexicana. Más importante por esta gama de artistas que hay, más importante porque 90% son cartones originales”.
En la muestra se reúnen cartones políticos, caricaturas e historietas de dibujantes que colaboraron en las páginas de EL UNIVERSAL. Se incluyen desde figuras reconocidas como Rogelio Naranjo, Helioflores y Eduardo del Río Rius, pasando por otros más jóvenes como Ángel Boligán, Efrén y Guadalupe Rosas; o el más longevo de los caricaturistas del país, Ricardo Salazar Berder, hasta los que publicaron en la primera década de vida del diario, como Andrés Audiffred y Thilgmann.
Recorrido. El módulo que abre la exposición se llama “Los primeros años”, y reúne algunas de esas caricaturas iniciales. El curador detalla que ahí está la primera caricatura, que apareció el 22 de octubre de 1916 en este diario: “Es de los candidatos al Congreso Constituyente, los que iban a crear la Constitución de 1917, entre los que se encontraba Félix Palavicini, que fue el primer director de EL UNIVERSAL”. En este primer módulo figuran piezas publicadas entre 1916 y 1924, de autores poco conocidos como Peña y Thilgmann, hasta de célebres como Audiffred, de quien se incluye su historieta El señor Pestaña.
El módulo que sigue es Homenaje de la caricatura mexicana la historieta norteamericana. Al respecto, el curador comenta: “El cartón político viene de Francia pero la historieta viene de Estados Unidos. Entonces el visitante en Washington va a ver el homenaje a “Los Pilluelos”, a Charles Chaplin, a todos estos personajes, en dibujos originales, de copias originales”. En este segundo módulo aparece una caricatura de Guillermo Castillo, que firmaba como “Cas” o como “Júbilo”, es una página entera que se publicó en 1922, y se llamaba “Los hombres de la risa”, sobre aquellos personajes de las historietas, y que se expondrá acompañada por dibujos de esos personajes realizados expresamente para la ocasión por Juan Terrazas, quien es director del Museo de la Caricatura.
En cualquier visión de la caricatura sobre Estados Unidos es indudable la importancia del personaje del Tío Sam, de ahí el tercer módulo: Una mirada al Tío Sam, “uno de los símbolos de la iconografía universal”, como le define el curador. A esta figura la caricaturizaron Rius, Arias Bernal, Salazar B., Aaron y muchos otros.
El cuarto módulo se llama La mirada al presidente vecino. “Son los presidentes de Estados Unidos. Desde Harding (gobernó entre 1921 y 1923) hasta Trump; hay de prácticamente todos ellos, retratos maravillosos de Obama, de Nixon”. En este módulo encontramos cartones de Rius, Boligán, Naranjo, Helioflores, Elfer, Guadalupe Rosas.
La última parte de la exposición retoma a “Los maestros de la caricatura”, donde hay una selección que enfatiza los aportes de Audiffred, Naranjo y Helioflores.
“Quise hacer una selección de los caricaturistas representativos de EL UNIVERSAL; por EL UNIVERSAL, prácticamente el 90% de los caricaturistas mexicanos ha pasado alguna vez. Retomé estos grandes artistas, como Arias Bernal, Andrés Audiffred, Rogelio Naranjo, Helioflores, Eduardo del Río, Rius, David Carrillo, Dzib”.
De estos tres grandes caricaturistas de EL UNIVERSAL, vive Helioflores, quien mantiene su obra crítica. El curador destaca su trabajo: “Finalmente el gran personaje de hoy es Helioflores, que es el más grande caricaturista vivo de México. Helio está en la cumbre. No sólo en México; Rius, por ejemplo, decía que Helio debía considerarse de los 10 mejores caricaturistas del mundo”.
Un contexto internacional. El curador Agustín Sánchez González considera que en este momento del mundo, donde recientemente ha habido censura y polémica por caricaturas, cobra mayor relevancia la exhibición que de México llega a Estados Unidos.
“Esta exposición también es muy importante en un momento de la historia de la humanidad en que el humor está siendo visto con mal humor. ‘The New York Times’ acaba de desaparecer la caricatura (en su edición internacional). Los caricaturistas no pueden callarse, estamos en un mundo donde lo políticamente correcto es lo correcto, un mundo donde no hay prácticamente nada sin ser censurado. El mundo ha evolucionado gracias a la crítica, y el periodismo mexicano ha evolucionado gracias a ello. Desde hace 50 años empieza a haber crítica, y los políticos inteligentes han entendido que la crítica no quiere decir destrucción, que es fundamental para seguir avanzando. Y la caricatura en EL UNIVERSAL ha seguido este papel”.
La relación entre México y Estados Unidos es un tema frecuente en la caricatura que se publica en el país. La crítica es permanente, se abordan temas como el nacionalismo, los ataques contra mexicanos y no faltan los cartones en alusión a los comentarios de Trump.
“La caricatura no está diciendo más que lo que está pasando, es como un gran espejo. Ante una realidad tan desgarradora, tan compleja -digo, tenemos 200 años de pelea con Estados Unidos, por más que se quiera hablar de conciliaciones, de paz y amor, la historia es terrible-. Entonces, una buena caricatura crítica está diciendo eso. No es gratuito que hoy Trump sea uno de los personajes más caricaturizados en el mundo”.
Otro de los méritos de la exposición Cien años de caricatura en El Universal es haber reunido 66 piezas originales.
Durante décadas no se tuvo la noción de la importancia de conservar estos materiales: “La caricatura en el mundo, no sólo en México está perdida. Los caricaturistas no han valorado su conservación; algunos ya la valoran. El problema es la pérdida de la memoria de la caricatura, y lo curioso es que cuando se empezaba a recuperar la obra, los caricaturistas han dejado de hacer obra en papel y se han perdido sus cosas”.
Otro problema es que muchas veces las piezas no tienen fechas y no se sabe cuándo las publicaron: “No hay inventario, archivo, nada -recalca Agustín Sánchez-. Es una desgracia que a nadie le interese la caricatura. A la academia la caricatura no le parece importante, ni a los historiadores, ni a historiadores del arte”.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Estados Unidos visto por los cartonistas de El Universal

Estados Unidos visto por los cartonistas de El Universal



Del 4 de septiembre al 30 de octubre, el Instituto Cultural Mexicano en Washington presentará la exposición 100 años de caricatura en El Universal. México-Estados Unidos vistos por cartonistas mexicanos, con obras de Andrés Audiffred, Antonio Arias Bernal, Rius, Boligán Helioflores, Naranjo, entre otros grandes que han retratado un siglo de vínculos, encuentros y desencuentros entre dos vecinos perpetuos
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POR AGUSTÍN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

La exposición Cien años de caricatura de El Universal, que se inaugura el 4 de septiembre en el Instituto Cultural Mexicano, en Washington, es, sin duda alguna, la más importante muestra de caricatura mexicana que se ha realizado en el mundo.

Producto de un largo proceso de investigación y recuperación del humorismo gráfico nacional, se presentara una pléyade de artistas capaces de retratar la realidad, con calidad estética pero, también, con una permanente crítica política que genera un sinfín de lecturas.

La caricatura mexicana es tan joven como el país mismo, pues México nació a la modernidad casi al mismo tiempo que el mundo transitaba a una universalidad que hoy se le llama globalización.

Desde sus orígenes, la caricatura estuvo vinculada al periodismo. Cabe decir que no es lo mismo el dibujo satírico, que se hace casi para el goce personal, que la caricatura que se realiza para ser leída por todos quienes lean esa publicación. Es decir, la caricatura nació, prácticamente, como parte de la democratización del arte, a partir de que se liga a la litografía, al grabado y otras formas de estampación que proliferaron en el siglo XIX.

La caricatura es una representación de la realidad, como el arte, aunque a veces, muchos cartones no llegan a serlo. Eso ha generado discusiones bizarras acerca de si la caricatura es o no arte. Yo afirmo que sí, pero no todo cartón tiene ese requisito estético, ese metalenguaje, esa expresión que nos lleve al goce o a la frustración (en este caso, del cartón, más a ésta última)

Muchas lecturas tienen los cartones, como la crítica política, ser parte del periodismo, como fenómeno sicológico, como mirada estética o como lección histórica, entre otras lecturas más.

Tener vecinos siempre genera tensiones, sobre todo cuando solemos ser los buenos y ellos, tan sólo, los vecinos. Esta muestra revisa algunos puntos en torno a esta relación, a partir de la investigación del libro Cien años de caricatura de El Universal.

Un texto y una serie de imágenes, publicado en 1922 por Guillermo Castillo, un reportero-caricaturista poco conocido que firmaba como Júbilo o Cas, titulado Los hombres de la risa, rinde homenaje a los personajes de la historieta norteamericana: Mutt & JeffLos sobrinos del capitánBen Turpin o Charles Chaplin, entre otros, los que fueron retratados y evocados. Juan Terrazas, director del Museo de la Caricatura, realizó una reproducción de los dibujos de Cas para ser presentados en esta muestra.

La historieta norteamericana tuvo, tiene, un gran impacto en nuestros artistas, e invadió el mundo con su talento (sin duda, es la única invasión que aplaudimos).

El origen de los cómics se encuentra en este país, donde se crearon personajes emblemáticos como Mutt & Jeff, de Bud Fisher, que apareció en 1907 y es considerado como la primera tira cómica publicada con regularidad y que, además, se conoció en todo el mundo.

El Universal, desde sus orígenes, fue promotor tanto de la caricatura, como de la historieta, promoviendo sendos concursos que a la postre se convirtieron en el pilar del desarrollo del humor gráfico nacional, en ambas vertientes. Aunque la influencia de la caricatura provino de Francia e Inglaterra, la historieta, el cómic, fue exportado desde Estados Unidos.

Así se resolvió la segunda parte de esta muestra; al inicio, aparece la primera caricatura publicada en El Universal, el 22 de octubre de 1916.

J.M. Peña, de quien carecemos de datos, retrató a los candidatos a diputados constituyentes. Son parte del grupo afín a Venustiano Carranza, entre ellos está el director y fundador de El Universal, Félix F. Palavicini. La primera caricatura es excepcional, se publicó a ocho columnas y muestra a quienes, a la postre, fueron algunos de los constituyentes de 1917.

La caricatura de El Universal tuvo su origen, sin duda, 90 años atrás cuando, en 1826, aparece en una litografía llamada “Tiranía”, en la revista El Iris, una publicación dirigida por un trío de exiliados: los italianos Claudio Linati (que además introdujo la litografía y creó las primeras imágenes de los mexicanos) y Florencio Galli y el cubano José María Heredia, autor del primer poema de tema prehispánico: “En el Teocalli de Cholula”.

No existe un proceso de publicaciones regulares en las primeras tres décadas del México independiente; sin embargo, durante la Guerra con Estados Unidos nació El Calavera, en 1847, que criticó la misma guerra, denunció la corrupción y mantuvo una posición nacionalista y anti-estadounidense. La publicación fue censurada y desapareció sin que hasta hoy tengamos mayores noticias de los caricaturistas. Helia Bonilla, en El Calavera: la caricatura en tiempos de guerra, escribe: “el general (Santa-Anna) intervino directamente, amenazando a los redactores, diciéndoles que ‘en manera alguna quería imponer silencio a la prensa, de la cual estaba dispuesto a recibir consejos y censura; pero que no permitiría que se hiciera burla del gobierno ni que se le dijeran picardías’”.

En la segunda mitad, floreció la caricatura y en su entorno contribuyó a la conformación de la Nación. Esther Acevedo, la más importante historiadora de la caricatura del siglo XIX, en su texto La caricatura en México y cómo se fue haciendo mexicana describe este hecho: “Por el uso que los caricaturistas fueron haciendo: de los aspectos de nuestra geografía, de los de la historia, del manejo de los edificios emblemáticos como el Palacio Nacional y la Catedral, del empleo de los refranes populares que se usaban en la época y que tenían un valor comunitario en el entendimiento de la situación, de los ritmos populares que hasta ahora entonan los niños, de las historias de la religión y del pasado prehispánico”.

Durante estos años se gestó la época de oro de la caricatura mexicana. Desde mi punto de vista, se creó la mejor caricatura, estética y políticamente hablando. A pesar de la militancia liberal de muchos de ellos (Santiago Hernández, por ejemplo, fue combatiente contra la invasiones de Estados Unidos y de Francia y fue guerrillero contra el Imperio de Maximiliano), nunca cesaron en su crítica al poder, ni jamás fueron sus voceros, tampoco propagandistas y mucho menos defensores a ultranza; todo lo contrario, con gran dignidad se enfrentaron al presidente Benito Juárez, a pesar de ser juaristas.

Publicaciones como La Orquesta generaron la pluralidad y la crítica, gestaron elementos para entender nuestra identidad, tal como hacía Ignacio Manuel Altamirano con su periódico El Renacimiento.

La ruptura del trío de liberales, Juárez, Lerdo de Tejada y Díaz, también abrió el uso de nuevas publicaciones donde el humor sirvió para atacarse mutuamente.

Al triunfo de Díaz, y durante su larga dictadura, la caricatura estuvo bajo control y estimuló la industrialización del periodismo a través del diario El Imparcial o en publicaciones afines como El Mundo Ilustrado, en donde los caricaturistas, convertidos en ilustradores, mostraron su calidad, cesaron la crítica al poder, pero retrataron al mundo mexicano de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Empero, algunos caricaturistas, como Jesús Martínez Carrión, dibujaba en El Mundo Ilustrado a la par que lanzaba dardos envenenados contra Porfirio Díaz y los científicos, contra el ejército y la Iglesia, que había vuelto al poder con la complicidad de Díaz. Vinculado al magonismo, su crítica le valió una “sutil” represión que lo llevó a la muerte. Otro gran personaje, hermanado con Martínez Carrión, fue Daniel Cabrera. Ambos dejaron un retrato del horror de esa época.

Durante este periodo surgieron y brillaron muchos talentosos caricaturistas. Uno de ellos, Carlos Alcalde (1872-1917), alumno de José María Villasana (que fue fundador de El Ahuizote) y colega de genios como Santiago Hernández, José Guadalupe Posada o Martínez Carrión, había sido colaborador de las revistas CómicoEl Mundo Ilustrado y de El Imparcial, donde fue jefe de dibujantes, mismo puesto que ocupará en El Universal, al nacer el diario. Es decir, aunque Alcalde no dibujó caricatura fue el primer constructor de las imágenes y el primer autor que publicó una ilustración, el 12 de octubre, al dibujar a Cristóbal Colón.

De esta fecha data una larga trayectoria del periódico decano nacional. Son muy pocos los grandes caricaturistas que no han pasado por las filas de este diario.

Cabe decir que la tradición de la caricatura, como la conocemos, no existía entonces. Los periódicos noticiosos del siglo XIX, incluso, no solían tener ilustraciones de ningún tipo.

Alcalde murió en 1917. En su lugar llegó Clemente Islas Allende, un artista con una larga tradición de caricaturista, destacando su presencia en Multicolor, una de las mejores revistas de humor que se han publicado en México.

El Universal jugó un papel importante, también, como promotor tanto de la caricatura como de la historieta, al convocar sendos concursos entre 1924 y 1927, respectivamente. Estos certámenes fueron el semillero de los caricaturistas de todo el siglo XX y, además, fueron el preámbulo de la época de oro de la historieta mexicana.

Por otro lado, se sustituyeron las historietas norteamericanas para “dar preferencia a las historietas de asunto nacional”, creando los estereotipos nacionales, como Mamerto y sus conocencias, historieta ganadora, realizada por Jesús Acosta y Hugo Tilghman, con personajes de sombrero verde, camisa blanca y moño rojo.

En 1929 nació el Partido Nacional Revolucionario, con el que Plutarco Elías Calles mantuvo el poder y creó el presidencialismo, un sistema que mantuvo un control a la prensa y en donde la caricatura política prácticamente desapareció. Comparativamente, de 1929 a 1968, apenas si hubo caricatura con crítica política y mucho menos dedicada al presidente de la república.

La que no desapareció fue la caricatura que criticaba al Tío Sam o al presidente norteamericano en turno; de ambos temas, vinculados entre sí, surgieron sendos módulos para la exposición que se presentará en las siguientes semanas en las instalaciones de la antigua embajada mexicana.

Prácticamente no existe ningún caricaturista mexicano, y me atrevo a decir que de todo el mundo, que no haya tocado estos temas, en mayor o menor número. Hoy en día, por ejemplo, Trump es el villano favorito.

La última parte de la muestra, recoge una muestra representativa de algunos de los más importantes autores que han publicado en las páginas de El Universal, desde Andrés Audiffred, hasta ElFer, pasando por otros grandes maestros como Arias Bernal, Rius, David Carrillo, Salazar Berber, Dzib, Palomo, Efrén, Omar o Ángel Boligan, o autores jóvenes como Galindo, Paco Baca o Waldo.

Uno de los problemas más serios que conlleva una exposición de caricatura es la falta de cartones originales; nunca hubo una preocupación de los autores por conservar su obra; me da la impresión que un muy alto porcentaje de obras se fueron a la basura. David Carrillo comenzó a recuperarlos para mantener así, una memoria y ese fue el origen del acervo del Museo de la Caricatura de la Ciudad de México, que facilitó la mayoría de las piezas que se mostrarán en Washington.

Este museo depende de la Sociedad Mexicana de Caricaturistas y varios de sus presidentes han publicado en El Universal y están presentes en esta muestra: Carrillo, Kemchs, Ramón, Trizas, Apebas y Terrazas.


Dos grandes maestros

A partir del último cuarto del siglo XX, nuestro país empezó un proceso de transformación que rompió con el partido único, el control autoritario de la prensa o la censura para retratar al presidente en turno.

A la crisis económica, la ruptura del desarrollo estabilizador, las luchas populares de diversos sindicatos y el movimiento estudiantil de 1968, se sumó a la debacle del sistema político.

De nueva cuenta, la prensa tuvo también un respiro y un espacio de mayor libertad. En 1969, hace medio siglo, llegó a dirigir El Universal Juan Francisco Ealy Ortiz, quien invitó a colaborar a dos de los más importantes caricaturistas: Rogelio Naranjo y Helioflores, quienes jugaron un papel fundamental en el proceso de democratización del país.

Durante este medio siglo, Naranjo mantuvo una presencia impactante hasta el fin de sus días, mientras que Helioflores, considerado por su colega Rius como uno de los diez caricaturistas más importantes del mundo, sigue mostrando su calidad estética en el diario, a la par que retratando el acontecer nacional.

La presencia de ambos se ha constituido como una lectura imprescindible. Su obra contribuyó a romper el presidencialismo mexicano y su obra forma parte, sin duda, de lo mejor de la caricatura mexicana de todos los tiempos.

Mirar un recorrido centenario de caricatura, conforma una lectura diferente de mirar la historia, el periodismo y la vida mexicana misma.

Hace unos meses, una exposición semejante a ésta se presentó en el Instituto Quevedos de las Artes del Humor, en la Universidad de Alcalá de Henares, y luego estuvo en el Instituto de México en Madrid. Ahora llega al Instituto Cultural Mexicano de Washington, en uno de los centros de poder político en el mundo y las lecturas serán diferentes, sin duda alguna. Me atrevo a afirmar que nunca se ha realizado una exposición de caricatura mexicana en el mundo, tanto en calidad, como en cantidad.

Observar estas caricaturas semeja la vista de la antigua Casa de los Espejos, de Chapultepec, donde veíamos nuestros cuerpos deformados, absurdos, con pena o con gracia, como la tragicomedia que vivimos; exactamente de esa manera es como la caricatura refleja la realidad, a través del humor, la forma más seria de mirar nuestra historia.

domingo, 25 de agosto de 2019

Beny Moré: de Cuba y de México


Beny Moré: de Cuba y de México

AGO 24 • 
Este 24 de agosto se cumplió el centenario del nacimiento de Beny Moré, músico y cantante cubano que desde su llegada a México en 1947 dio una nueva proyección a la música caribeña que lo ha convertido en un clásico de la música popular latinoamericana
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POR AGUSTÍN SÁNCHEZ GONZÁLEZ
Tenía apenas 43 años la madrugada en que murió.

Los héroes mueren jóvenes.

“La realidad es nacer y morir”, cantó a dúo con Pedro Vargas en una canción de Arsenio Rodríguez, que evoca la obra de teatro de Pedro Calderón de la Barca.

Y como un sueño, como un cuento de hadas, hace cien años, el 24 de agosto de 1919, en Santa Isabel de las Lajas, una pequeña población de la provincia de Cienfuegos, nació un príncipe que ya no era tal, pues había perdido la corona que generaciones atrás le perteneció debido a que a sus antepasados, los negreros, esclavistas, los habían arrebatado de sus tierras, echado como animales en un barco, hacinado, y llevado a una isla paradisíaca que se llama Cuba.

Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez es el nombre de quien, dadas las anteriores circunstancias, nunca sería un rey conga; el haz de luz que manaba desde que nació y su talento lo llevaron a convertirse, en cambio, en el sonero mayor, en el bárbaro del ritmo, en el más grande sonero que ha visto la humanidad.

Desde niño mostró un enorme talento que le permitió experimentar la música en diversos espacios. Por sus orígenes africanos, su abuelo había sido esclavo, a Beny le tocó convivir en los toques y guateques de sus congéneres, en los que se impregnó de los ritmos y sabores de la música de los negros; convivir con ellos nutrió sus sueños y le permitió crear las maravillas que compuso a pesar de nunca haber pisado una escuela de música.

En alguna ocasión —cito de memoria—, Eduardo Galeano afirmó que la raza más esclavizada, más humillada, los negros, fueron capaces de crear la música más libre, refiriéndose al jazz. Aunque el Beny no fue jazzista sí fue un creador que, con una formación autodidacta, creó una música libre, abierta, sin prejuicios, con sonoridad y ritmo, que por ello ha pasado a la historia, ha sido motivo de poemas, películas, canciones y, sobre todo, una vida eterna.

Sus primeros años en Cienfuegos y luego en La Habana tuvieron poco éxito; su tenacidad lo llevó a participar en varios conjuntos y empezó a hacer radio, lo que significó un gran paso.

Ciro Cueto, integrante del mítico Trío Matamoros, autor de clásicos como “Son de la Loma”, “Lágrimas negras”, “El paralítico”, entre decenas de interpretaciones más, lo escuchó en un bar y quedó encantado. Gracias a su talento (y al azar) en un concierto que daría el Trío Matamoros en la CMQ, se enfermó el cantante y le pidieron su colaboración. Ya no lo soltaron, se quedó con ellos e incluso grabó varias de sus canciones, como “La penicilina”, “Qué será eso”, entre varias más.

En 1945, Bartolo Moré viajó a México, en una gira con el Trío Matamoros.

Como muchos artistas y personajes cubanos su vida y su historia se bifurca entre Cuba, lugar de nacimiento, y México, donde comienza su consagración. No es rara esta situación de personajes, como sucedió con los poetas José María de Heredia o José Martí, que tuvieron una presencia fuertemente arraigada en nuestro país y cuya obra no sólo está presente en la cultura mexicana, sino que hicieron importantes contribuciones, como el caso de Heredia, quien escribió “En el Teocalli de Cholula”, que es considerado el primer poema con tema prehispánico.

Al terminar la gira, el Trío regresó a Cuba, pero el Bárbaro se quedó en México. Sabía que en una agrupación como el conjunto de Miguel Matamoros nunca destacaría como solista.

En México nació Beny Moré.

En Cuba se quedó Bartolomé, o Bartolo, como entonces era conocido. Con este nombre, por entonces, se identificaba en el caló popular a un tonto o a un burro así que se cambió de nombre.

Escogió Beny como homenaje a unos de sus ídolos: el trompetista norteamericano Beny Goodman, que por esos años estaba generando una revolución en el jazz y provocando furor entre quienes lo escuchaban.

Su tenacidad lo llevó a tocar en cualquier lugar que le permitieran. En 1947 fue contratado en exclusiva por una de las más importantes disqueras: RCA-Victor.

Empezaron así las grabaciones acompañado por las mejores orquestas de entonces, dirigidas por los más destacados músicos del momento: Ángel “el Chino” Flores, Rafael de Paz, Arturo Núñez y Dámaso Pérez Prado —el creador del mambo— y Mariano Mercerón, entre otros.

El éxito llegaba.

Los seis años que permaneció en México consolidaron su carrera, fueron fundamentales para consolidar su estilo y convertirse en una de las luminarias del son cubano.

Con Pedro Vargas, “el tenor continental”, grabó cuatro canciones que están consideradas entre los mejores boleros de la historia: “Solamente una vez”, del mexicano Agustín Lara; “La vida es sueño”, del cubano Arsenio Rodríguez y dos piezas del portorriqueño Pedro Flores: “Obsesión”, y “Perdón”. Hace cinco años, en 2015, este dueto incidental fue motivo de un homenaje en el Festival Internacional Boleros de Oro, en La Habana, Cuba.

En México, el Beny compuso una canción clásica que es una suerte de himno de hermandad entre ambos países, que dice “Pero que bonito y sabroso bailan el mambo los mexicanos, mueven la cintura y los hombros igualito que los cubanos”.

Pero también hay un dato importante para la cultura chicana: el Beny se vestía como un “pachuco” al estilo de Tin Tan, con zapatos de dos tonos, con pantalones abombados con corte de tubo y arriba de la cintura, tirantes y un saco con hombreras, que parecía abrigo y un sombrero con larga pluma; parecidísimo a Germán Valdés, pero con una diferencia: portaba un bastón. (Germán Valdés, por cierto, muestra su maestría de bailarín al hacer una coreografía con la canción “Dónde estabas tú”, interpretada por Beny, en la cinta El revoltoso(1951)

Participa en varias películas en lo que fue la época de oro del cine mexicano: cintas como Carita de cielo (1946), Novia a la medida (1949), Fuego en la carne (1949), en donde muestra otra faceta poco destacada: un eximio bailarín, cuya cadencia es genial, y sus pasos y movimientos que, sin duda alguna, retomarán los grandes bailarines mexicanos.

Canta en media docena de los cabarets de moda, como El Patio, y en teatros de Revista como El Margo, el Tívoli o el Lírico.

En 1953 vuelve a su país. Ya no es Bartolo, ahora es el Beny.

Su sueño de tener una agrupación musical propia se hace realidad al fundar su propia orquesta. En Habana del Centro, boletín electrónico de la revista Extramuros, cuenta Rafael Lan que dicha orquesta se fundó con grandes músicos como Alfredo “Chocolate” Armenderos; “los integrantes oscilaban entre quince y veinte músicos… El estreno fue sensacional, espectacular, la elegancia de los músicos fue sorprendente, con trajes cruzados de cuatro botones, corbata de seda, pantalones de corte de tubo y zapatos de charol”.

El sueño del Beny, acompañado de lo mejor, era una realidad. Con esa agrupación recorrió la isla de Cuba y viajó por diversos países.

Al llegar la Revolución Cubana, en 1959, al contrario de muchos otros cantantes, como Celia Cruz u Olga Guillot, permaneció en Cuba.

El 19 de febrero de 1963, murió a las 21:15 debido a la cirrosis hepática que lo afectaba hacía un buen tiempo; tenía, además, un tumor en el hígado a la altura del ombligo, por eso usaba tirantes y pantalón tan largo, ya que le molestaba el cinturón.

Ese día, como nuca ha sucedido, cerraron sus puertas y callaron todos los cabarets de La Habana y a los funerales acudieron ríos de cubanos que fueron a despedir al hombre que los movió y conmovió.

El recién fallecido poeta Roberto Fernández Retamar, escribió:


Es lo mismo de siempre:
Así que este hombre está muerto!
Así que esta voz
delgada como el viento, hambrienta y huracanada
como el viento es la voz de nadie!
Así que esta voz vive más que su hombre,
y que ese hombre es ahora discos, retratos, lágrimas.
Un sombrero
con alas voladoras enormes —y un bastón!…


Pero hubo otra despedida, la de los músicos mexicanos, el cantante Tony Camargo le compuso Bárbaro del Ritmo, y en la grabación aparece la voz del Beny, la voz de quien nació hace cien años y está más vivo que nunca.

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