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jueves, 28 de agosto de 2025

domingo, 24 de agosto de 2025

Medio siglo: Museo del Chopo

 

Medio siglo: Museo del Chopo

Se cumplen 50 años de un espacio cultural que ha innovado. Ejemplo de ello, fue la icónica Semana Cultural Gay



Alfredo Coria, [Fachada del Museo Universitario del Chopo a contraluz]. Crédito: Alfredo Coria
Confabulario| 24/08/2025 |01:03 |Agustín Sánchez González 

Su estructura nació en Alemania, en tierras lejanas, en épocas antiguas. Se instaló en una colonia que nacía al mundo y le daba gloria a la ciudad: Santa María la Ribera. Un barrio que sería depositario de grandes y maravillosas edificaciones como el kiosco morisco (trasladado de la Alameda Central a la Alameda de Santa María), la Casa de los mascarones (que albergó la Escuela de Filosofía y Letras y después la Nacional de Música) o el Museo de Geología. Un cuarteto de edificaciones culturales contemporáneas en una colonia que bautizó a sus calles con nombres de flores y árboles.

Después, en el siglo XX cambiaría su denominación de flores por nombres de escritores: Jaime Torre BodetMariano Azuela y Sor Juana Inés de la Cruz. El Chopo cedió el suyo por Enrique González Martínez, el autor del célebre Tuércele el cuello al cisne, pero los habitantes antiguos como mi madre, cuando vivíamos en la Rosa (hoy Eligio Ancona), siguieron llamándole calle del Chopo.


Esas fueron las raíces del Museo del Chopo. Un edificio que los mayores recordaban por el dinosaurio que se mostraba o los huesos de un mamut, pero sobre todo por el piojo y la pulga con, dicen, vestimenta.

El edificio inaugurado en 1910, hace 115 años, fue raro siempre. Hay quien pasa y se persigna, cual si fuera iglesia; otros se asoman, mientras ponen gasolina a su auto.

Este 21 de agosto comenzaron sus fiestas del medio centenario. Como siempre hubo ceremonia con discursos y una lamentable burocracia que cerraba el paso a quienes no portábamos invitaciones. (Recordé un relativamente reciente mensaje de una exalumna, ahora representante de rockeros, que me agradecía que la dejara pasar gratis a los conciertos de los jueves de rock).

Al escuchar los discursos aplaudí el nombramiento de salas con el nombre de tres personajes importantes en la vida del Museo: Elena Urrutia, que aunque su paso por el Chopo fue fugaz, fue la primera directora; José María Covarrubias que, a fuerza de presionar, logró generar la primera semana del Orgullo gay; y Jorge Pantoja, cuya labor no fue solamente idear y crear el tianguis del Chopo, sino gestar una inventiva múltiple con un talento para difundir y multiplicar la cultura popular en esa zona de la ciudad y que trascendió más allá del propio museo.

Lo que me pareció lamentable fue el querer convertir en un fantasma a una de las promotoras del propio museo: la escritora Ángeles Mastretta, quien fue la cómplice de Pantoja en esa locura del Chopo.

Sin negar la importancia que tiene para la dramaturgia, me parece absurdo que exista un espacio dedicado a Juan José Gurrola, quien nada tiene que ver con el museo, y no exista alguno con el nombre de la autora de Arráncame la vida.

Los grandes edificios se crean a partir de los cimientos.

La Mastretta, Belkin y Pantoja, como ejecutor, sentaron las bases, los cimientos de ese gran monstruo que es el Museo Universitario del Chopo, un monstruo de la cultura chilanga y, por ende, universal.

Originario de Santa María la Ribera, luego vecino en la San Rafael, he visto nacer y crecer el Chopo; también como partícipe y ganador de sendos premios literarios en los años ochenta y posteriormente como trabajador del mismo: Pantoja y Belkin me invitaron a participar y, ante la ausencia de plazas, éramos media docena, solicitaron que el CCH, de donde era profesor, me comisionara a ese maravillo espacio, hoy convertido en un gran bosque, como se denominó, muy bien, en la muestra que se inauguró este día.

Volví al Chopo y mi espíritu marginal quedó decepcionado ante la limpidez del espacio: amplio, cómodo, iluminado, en lugar del piso de cemento gris, apenas aplanado, pero que brillaba ante los cientos y miles de jóvenes que llegaban precisos y macizos a las tocadas de rock, de salsa, de jazz; a las grandes exposiciones que realizó Belkin con autores como el fantástico griego Sperakis, los talleres de danzón, de danza (que daba Cecilia Lugo), los cursos de verano para niños (“Suelte a sus fieras”), la promoción de las editoriales marginales, creando la librería Marginalia en un sitio donde otra directora, posteriormente, puso una máquina de refrescos de cola (por mi raza hablará el sprite) o los programas de radio, en vivo, como Kiosco, de Radio Educación, y luego, Domingo en el Chopo, que producía Elvira García para radio UNAM, entre cientos de eventos más.

Medio siglo que transcurrió en un abrir y cerrar de ojos.

Un edificio frente al que mucha gente, aún se persigna al pasar. Medio siglo en que el país se transformó para seguir siendo el mismo, pero no la UNAM. Soy orgulloso universitario y miro alegre como sigue cambiando, a pesar de los pesares, promoviendo la cultura y gestando un mejor mundo, formando en el pensamiento universal con hombres y mujeres y con lugares como el Chopo, “el museo más bonito de la ciudad de México”, como lo definía Arnold Belkin.












martes, 19 de agosto de 2025

Retrato, de Antonio Machado


 RETRATO

Antonio Machado

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; me debéis cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.



martes, 29 de julio de 2025

Historia para principiantes: Rius

 

Historia para principiantes

Mar 30 • destacamosprincipalesReflexiones • 9524 Views • No hay comentarios en Historia para principiantes

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Desde el inicio de este sexenio, la historia de México ha sido un tema recurrente los discursos de López Obrador, siempre desde una visión maniquea, nutrida por la obra del monero Rius

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  POR AGUSTÍN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

 

Tal vez fue Carlos Monsiváis el primero que escribió que Rius era la verdadera secretaría de educación pública. No estaba errado, mi generación creció y se nutrió de las historietas, primero, y de los libros, después, escritos por Rius. Hace unos años, pude convivir de cerca con el monero, en la Universidad de Alcalá. Fuimos a una escuela primaria y vi la cara de asombro y terror de los niños españoles que eran acusados, con dedo flamígero, pues sus antepasados habían violado mujeres, asesinado a niños y explotado a nuestros antepasados durante varios siglos. Tuve que entrar al quite para aclarar que ello no era tal, que se trataba de fenómenos históricos y que ni ellos, ni nosotros, éramos responsables de un hecho así. Nos salvó la campana y nos fuimos a comer, sin mayores comentarios. He manifestado mi admiración por Rius, pero siempre he dicho que hay un pendiente: la revisión de su visión histórica y política.

 

En uno de sus últimos libros 2010 ni independencia ni revolución queda claro el maniqueísmo que nos brindó durante décadas. El propio título lo dice, negar esos movimientos equivale a negar que respiramos. Durante décadas mi generación lo leyó; en los CCH miles de estudiantes tuvieron como texto de consulta Marx para principiantes (creo que ese es uno los pilares de la visión errónea de Marx, en nuestra izquierda derrotada hoy, por ejemplo), a los cual me negué a dejar leer a mis alumnos cuando fui profesor de historia, en el plantel Vallejo.

 

López Obrador es parte de esta generación de lectores de una historia maniquea, anti-hispana, como la manifestada por Rius, quien señala que la base de nuestra nacionalidad “es la violación de las indias por los españoles, que somos hijos no deseados, de padres desconocidos, hijos, no del amor, sino de la fuerza bruta y animal, hijos rechazados por ambos lados. Esa fue la base de nuestra nacionalidad”. Este libro, como muchos otros, muestra una enorme ignorancia del momento histórico: “curiosa y alarmante reacción de aquellos pueblos mexicas ante el temor de los gallegos… en vez de unirse a Cuauhtémoc para combatir contra Cortés, ¡se unen al pinche conquistador!”.

 

Los mexicanos no hemos entendido que el territorio sobre el que hoy vivimos, fue un espacio fragmentado por decenas de pequeñas (y no tanto) nacionalidades en donde los mexicas, a quienes tenemos en un nicho, generaron una masacre y opresión a otros pueblos originarios a quienes aplastaron y esclavizaron, contrariamente a la visión que nos dio la historia oficial, en donde los llamados aztecas eran nuestros antepasados, la raíz de lo que somos, una historia que mi generación, la misma que AMLO, aprendió de los maravillosos libros de texto gratuito y que Rius machacó con mayor fuerza en toda su obra. Recuerdo que en 1992 me invitaron a un evento en la Universidad de Campeche, junto con un náhuatl, un maya, un hijo de exiliados españoles; el primero planteó la exigencia de que e idioma náhuatl se convirtiera en la lengua oficial, le respondí que me parecía una osadía enorme decirlo en tierras mayas y le aclaraba que todos le habíamos entendido gracias que hablábamos el castellano.

 

La historia de la antigüedad mexicana se ha leído así. Una historia donde sólo hay dos sopas, donde todo es blanco y negro, donde hay bueno y malos, fifís y chairos. Una graciosa historia a partir del verbo chingar lo demuestra: “Hace un chingo de años los indios éramos bien chingones, Cuauhtémoc era el gran chingón, pero llegaron un chingo de españoles y nos chingaron y desde entonces nos llevó la chingada”. La historia no puede leer con ojos contemporáneos; hacerlo así, no es historia, es hacer política, es mantener la mirada en una campaña política permanente.

 

Ojalá que los nuevos libros de texto sean realizados con una visión desde la nueva historia reflexiva e inteligente, y no desde el neopostivismo rencoroso, que busca el enfrentamiento, en lugar de entender que la historia es una manera de encontrarnos con nosotros mismos desde nuestro pasado.

 

 

 

lunes, 28 de julio de 2025

LA VISIÓN DE LOS MONITOS

 

La visión de los monitos

Ago 21 • destacamosprincipalesReflexiones • 3681 Views • No hay comentarios en La visión de los monitos

 

La obra de Rius inculcó una ideología que ahora es posible observar en las políticas del actual gobierno; su visión centralista y anacrónica
de la historia ha contribuido a prolongar un sentimiento de derrota

 

POR AGUSTÍN SÁNCHEZ GONZÁLEZ 
Alos pocos días que comenzó el gobierno de AMLO, recuerdo haber leído un tweet que afirmaba: “Hasta historia vamos aprender en la mañaneras”. Desde hace años, el actual presidente se vanagloria de su conocimiento histórico, no obstante que decenas de comentarios suyos le desmienten con frecuencia.

 

El difunto Carlos Monsiváis sería feliz al poder integrar, con mucha facilidad, su columna “Por mi madre, bohemios” ante las frases célebres que suele decir nuestro presidente, y hasta se podrá publicar un libro con un título twittero: Así hablaba Pejetustra.

 

Hay frases inolvidables como: “México se fundó hace diez mil años, con todo respeto, todavía pastaban los búfalos en lo que hoy es Nueva York, y ya en México había universidades, y había imprentas”, o “Inicia el Porfiriato y venden acciones de ese ferrocarril y las venden debajo de su precio; se cotizaban esas acciones en 16 libras esterlinas en Londres y las vendieron en 10 libras esterlinas las acciones. Y a los seis meses, uno de los compradores firmó como testigo en la boda en que se casó Benito Juárez con Carmelita Romero Rubio”.

 

Existen innumerables muestras de inexactitudes históricas que no pasarían de ser anécdotas banales, de no ser porque algunas de ellas muestran su inopia y lo llevan a enfrentar a personajes o gobiernos, como el español al que, en reiteradas ocasiones, le ha pedido reconocer los atropellos que cometió España durante la Conquista y a pedir disculpas por ello.

 

No me fue difícil entender de dónde venía esa concepción, pues es la misma que permea en buena parte de la sociedad mexicana y recordé a Eduardo del Río García, el genial Rius, que se convirtió en el gran ideólogo de mi generación (que es la misma que la del presidente), en las anteriores y en las posteriores. El ínclito Monsiváis afirmaba que el monero era la verdadera Secretaría de Educación.

 

Rius es el autor que más libros de “historia” ha vendido en México. Basta saber que sus obras se venden por miles, e incluso, en escuelas como el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), muchos de ellos formaron parte de los libros de texto. El impacto es sorprendente: por esas aulas han pasado más de un millón de jóvenes, desde hace medio siglo.

 

Rius fue un prolífico autor, publicó cerca de 200 títulos, con grandes tirajes y muchas reediciones; los personajes públicos que han asumido su influencia son muchos. El Subcomediante Marcos, por ejemplo, señaló que Rius era una de sus principales inspiraciones.

 

No cabe duda que los desvaríos de nuestra decadente izquierda se deben, también, a las lecturas del marxismo ramplón, de los libros Marx para principiantes (juraría que por eso apodaron así al intelectual de cuarta), Lenin para principiantes o los libros de loas que nos, me incluyo, politizaron y nos hicieron tener una visión idílica del castrismo, como Cuba para principiantes (la desgracia es que pocos leyeron la rectificación del monero al publicar Lástima de Cuba, el grandioso fracaso de los hermanos Castro).

 

Vuelvo a la visión de los monitos, pues Rius fue depositario y propagador de esa visión centralista, anacrónica, de mostrar la idea de buenos y malos, de españoles e indígenas sin entender, nunca, que estos pueblos conformaron un crisol de nacionalidades que, en su mayoría, fueron sometidos a un grupo autoritario y militarista: los mexicas; por lo que los otros pueblos, al llegar los españoles, se les aliaron para derrotar a esta grupo militarista y explotador.

 

Bueno, pues las inexactitudes históricas del presidente, como de buena parte de la sociedad, se deben a las obsesiones de Rius quien, como muchos mexicanos, odiaba a los españoles y hasta se sentía mal por ser un güero de rancho, ajeno al estereotipo indígena.

 

La capacidad didáctica de Rius, facilitó la lectura y visión de los monitos vencidos. Su mirada está plagada de lugares comunes y demoledores, con un nacionalismo ramplón (“crearon una civilización tan chingona como la egipcia, pa’ acabar pronto… y las pirámides muy superiores a las de los egipcios”).

 

Rius repite la visión idílica de una región “donde convivían con más o menos tranquilidad y armonía, culturas tan diversas como los aztecas, mayas… etc., hasta que llegaron los gallegos”. No obstante, en páginas anteriores el libro 2010 ni independencia ni revolución, contradice esta visión armónica al escribir que los aztecas vivían de explotar a todos los que se dejaban pues eran “belicosos y agresivos que habían dominado a la fuerza a todos los reinos vecinos”.

 

Su antihispanismo le lleva a realizar afirmaciones como que los invasores “pasaron a violar, follar y coger y tal a todas las mozas doncellas y las que ya no lo eran para demostrar quien mandaba ahora y en adelante: los gallegos”. Los primeros mexicanos fueron, afirma, “primeros hijos de la chingada madre”.

 

Todo ese discurso, lo lleva a responder “por qué los mexicanos ‘somos como somos’: hijos no deseados, de padre desconocido, hijos no del amor, sino de la fuerza bruta y animal, hijos rechazados por ambos lados: esa fue la base de nuestra nacionalidad”.

 

Esta guerra debió ser cruel, terrible, como cualquier invasión, pero seguimos conservando una visión centralista y de derrota. Cuando se habla de “500 años de resistencia indígena”, es un cliché demagógico, impulsado por un Estado que ha inventado y vendido, con una visión mercantil, la idea de un cambio, aunque el único cambio es de becas (espejitos) por votos (oro).

 

Estas citas, pertenecen a uno de sus recientes libros, pero desde el nacimiento de Los Agachados, en 1968, se vislumbra esta posición. “México a través de los popolucos, narra una historia de las luchas en el Valle de Anáhuac, cuenta más o menos la historia de Teotihuacán, los mayas, pero echa a perder todo con sus especulaciones en torno a los teotihuacanos marcianos”.

 

De cualquier forma, Rius no es responsable del todo, aunque sus monitos ayudaron a afianzar esta idea defensora de un pueblo, los mexicas, que fueron derrotados por muchos otros grupos indígenas aunque los ganadores fueron los invasores europeos que, por cierto, ya eran un conjunto de reinos y no, como afirma el propio monero, de una invasión gallega.

 

El sentimiento nacional de derrota, que buena parte de los mexicanos viven (nos derrotaron, nos conquistaron, etc.) está tan impregnado en nuestro ser, que me parece nunca podrá entenderse ese proceso histórico complejo y contradictorio que sentó las bases para crear la nación multicultural que somos.

 

De cualquier forma, humoralmente, hay que desentrañar esta historia de derrota; tomar ejemplo de historietas como Astérix donde se crea un historia victoriosa que generó el orgullo galo, por ejemplo, en vez de seguirnos viendo en un espejo de derrota y de seguir esperando al mesías (que no era AMLO) o al mismo Quetzalcóatl.

 

Quien no conoce la historia, está condenado a que lo manipulen con una maqueta hueca y que pronto estará en la basura, como sus propios promotores.

 

FOTO: Ilustración tomada del libro de Rius 2010, ni independencia ni revolución/ Crédito: Especial

sábado, 19 de julio de 2025

Cartón del mes: La patria siempre en peligro

 


Nuestra pobre patria, siempre en peligro. El gobierno mexicano, ponga la fecha que quiera y el color que elija, simpre acosando, violando, atosigando a nuestra pobre patria mía.

 Este cartón apareció en 1924 y sigue tan vigente



miércoles, 16 de julio de 2025

Mis exposiciones en el Instituto Nacional de Antropología e Historia

 

Sorpresas de la vida en las redes. La mediateca del INAH tiene registradas las tres exposiciones que el curado para en esa institución, en tres de sus museos.

La primera muestra fue dedicada a Memín, en la exposición México a través de la historieta,en 2016. Fue una gran experiencia estar en ese recintohistórico, lo que fe la Garita de Ciudad Juárez, ahora cobnvertido en Museo de la Revolución en la Frantera.

Largas filas de mexicanos, de un lado y del otro, acudieron a la nostalgia por ese personaje que representó la iconografía de la segunda mitad del siglo XX.

La segunda muestra fue en 2018, en el maravilloso Museo de las Culturas del Mundo, y fue un retrato de aquel sueño juvenil que parecía cambiaría radicalmente al mundo.


La más reciente fue hace un par de años, dedicada a don Venustiano Carranza en su Casa Museo que fue una investigacación plagada de sorpresas que muestra, como siempre, que el aprendizaje, para quien quiera, comoes mi caso, es infinito.

Confieso, sin pudor y sin modestia, la sorpresa de encontrar con decenas de trabajhos realizados a lo largo de mi vida lo cual, por supuesto, de hace sentirme muy feliz.

sábado, 5 de julio de 2025

Suelte a sus fieras en el Museo del Chopo


 En 1985, un par de meses antes del terrible terremoto, realizamos un sui generis Curso de Verano, llamado Suelte a sus fieras en el Museo del Chopo. Impartí un Taller literario, con resultados sorprendentes. Una breve selección la publiqué en Anzuelo, una hoja literaría que publicabamos en el Chopo y que después seguí publicando cuando Arnold Bellkin me regalo 75 serigrafías suyas para mantener el proyecto. 


Dos años después, siendo editor de cultura del peródico Así es, que publicaba el PSUM, bajola dirección de Gustavo Hirales y teniendo como colegas, en el Consejo editorial, a personajes de la talla de José Woldenberg, volví a publicar esos cuentos.




Fue en 1983, o sea que los niños de entonces, andarán cerca del medio siglo (¡gulph!)



Los dibujos, también, los realizaron los chicos. (Por cierto, en este curso de verano, el Taller de Música lo impartía Poberto Ponce y a veces acudía, ni más ni menos, que Rockdrigo González)




miércoles, 2 de julio de 2025

Belkin y el Museo del Chopo

 



Hace 35 años tuvo uno de los trabajos más hermososy gratificantes, en el Museo Universitario del Chopo, al lado de Arnold Belkin y de Jorge Pantoja, a quien, por cierto, le han querido quitar la paternidad del Tianguis del Chopo. 

Esto escribí por aquellos años.




Belkin y el Museo del Chopo

"El Museo más hermoso de la ciudad de México”, así definía Arnold Belkin al viejo Museo Universitario del Chopo, no sólo por su aspecto físico, pienso yo, sino también por la participación popular y las expresiones culturales ahí mostrada desde el año de 1983, cuando asumió la dirección, sustituyendo a la escritora Ángeles Mistretta.

Es curioso que casi nadie se haya referido al periodo en que Arnold Belkin dirigió al Museo Universitario del Chopo, época, que, sin duda, fue una de las más brillantes que vivió esa institución.

Escribo de memoria, contra la amnesia, como Arnold tituló un  libro que escribió.

Recuerdo entonces a ese generoso hombre caminando por el Museo, mostrando con  orgullo el trabajo que ahí se llevaba a cabo.

 Un breve recuento de esa labor se encuentra en un tríptico que fue publicado a finales de 1984, poco antes de que la burocracia universitaria, que llegó con Jorge Carpizo a Difusión Cultural, lo echara del Museo por medio de una vergonzosa carta donde le “agradecían” su trabajo y le pedían su renuncia

En los dos años en que Belkin dirigió el Chopo, y Alfonso de María y Campos era  director  de  Difusión Cultural,  las  actividades culturales, realizadas allí, se sumaron por miles. No estoy exagerando. Diariamente había eventos de toda índole: talleres  muy  particulares: de danzón, de magia,  de  letras  de  rock, Arnold, continuando la labor de Ángeles Mistretta, abrió el museo a toda la gente que quisiera participar. El Chopo se convirtió en un centro  cultural  donde  lo mismo  acudían  los  "cultos", que cualquier vecino.

"Por el lado de las letras, durante su gestión se inauguró la librería Marginalía,   el único espacio existente en México donde los editores marginales y no comerciales tuvieron un espacio para vender sus trabajos. (Hoy, ese lugar, como señalé hace unas semanas en este mismo espacio, está convertido en un centro de venta de Sprite)."

Los jóvenes acudían los jueves a los conciertos de rock y los sábados al tianguis al que se le apoyó ante las presiones de la delegación Cuauhtémoc que buscaban acabar con ese peculiar tianguis.

Los martes presentaban sus libros diversos escritores; los miércoles se ofrecían conferencias de toda índole.

"Radio UNAM transmitía, semanariamente, un programa en vivo --Domingo en el Chopo--, que conducían Yuriria Contreras y Alejandro Quijano, en su primer etapa, Juan Rodríguez Yerena en la segunda. Allí se presentaron artistas de gran calidad como Eugenia León, Margie Bermejo, Tania Libertad, Recuerdos del Son.

Los sábados, además de los talleres de danza, el Foro del Dinosaurio se abría como un escaparate a lo mejor de la danza contemporánea mexicana.

El Museo fue también foro de importantes exposiciones de artistas como Artemio Sepúlveda, Alberto Castro Leñero, Yolanda Meza, Nickolas Sperakis y muchos más que, además de todo, donaron obra al Museo que de esta manera logró contar con un fondo museográfico.

Con Belkin se inició la publicación de una hojita literaria llamada Anzuelo que reconoció, en una primera época los trabajos literarios de los talleres del Chopo y en sus dos siguientes etapas, el trabajo de cerca de veinte jóvenes escritores, cuya publicación se llevó a cabo gracias a la generosa donación de serigrafías que donó Belkin.

El Museo del Chopo hoy no es más que una caricatura de lo que dejó Belkin, un hombre valioso no sólo corno pintor. Arnold, sin caer en el marasmo burocrático y ajeno a las grillas culturales, mostró un gran talento para dirigir lo que fue, en esos años, el Museo más hermoso de la ciudad.

Pax, tontería de otro gobieno. Cartón del mes

 Este es mi cartón del mes de la revista Relatos e historias en México , el número 202, de agosto de 2025.