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jueves, 2 de abril de 2026

Calle de Madero, Ciudad de México

 


 No sé si cientos, por lo menos, decenas de textos he dejado regados por muchas publicaciones. Algunas, la mayoría, estarán en la hemeroteca, los que publiqué en diarios como El Sol de México, La Jornada, Milenio, El Financiero, Reforma y, sobre todo, El Universal. 

Este texto, de la avenida Madero, tal vez la más importante del país, apareció en una revista que regalaban los autobuses Pulman de Morelos, llamada Destino Morelos, No. 17, mayo de 2001.











miércoles, 1 de abril de 2026

LOS SENDEROS DE JOSÉ GUADALUPE POSADA

 

En el año 2013 publiqué, por lo menos, media docena de artículos sobre José Guadalupe Posada. Fue el centenario de este genil artista. No recuerdo que escuela de la UAM, que tenía que ver con el diseño, me pidió un texto. Con gusto lo escribí en una de esas revistas que circulan solamente en las instituciones y no salió al público. La revista se llamaba Diseño en síntesis y apareció en la primavera de 2013.

Ahora la recupero con gusto 





lunes, 30 de marzo de 2026

Atentado contra el presidente Pascual Ortiz Rubio

  En 1994, editorial Planeta publicó mi libro 4 Atentados presidenciales. Apareció en la Colección "Espejo de México", donde antes había publicado otros tres títulos. (No recuerdo si se vendieron dos o tres ediciones de este libro)

Ana Cecilia Terrazas, entonces reportera de cultura de la revista Proceso, publicó la siguiente nota el 23 de marzo de 1997.

(Se puede leer mejor ampliándola sin problema)


La Quema de Judas. Una añeja tradición popular

 En el año 2006, durante varios números, colaboré en la revista Vive México. Conocerlo es amarlo/ Knowing it is loving it. Una revita de difusión, bilingüe, que se distribuía en hoteles y centros turísticos. En el número de abril escribí este texto sobre la tradición de la quema de los Judas.  Lo recupero ahora para que no se pierda. (Si les das click a cada página, lo puedes leer de forma normal)











sábado, 28 de marzo de 2026

El microcosmos de micrós

 En 2008 solía publicar en La Jornada Semanal, textos diversos, como siempre. Este fue uno de ellos que, recientemente, acabo de encontrar. Un texto de uno de nuestros grandes escritores del siglo XIX

El microcosmos de micrós

Agustín Sánchez González



Micrós visto por Alcalde en 1908

Aún no tenía cuarenta años cuando murió, hace un siglo, el 8 de febrero de 1908. Presenció una ciudad que traspasaba del siglo XIX al XX. Sin tanta fama como otros autores, retrató excepcionalmente este país, en ese difícil tránsito de una dictadura que, sin embargo, resultó base y sustento del México contemporáneo.

Se llamaba Ángel Efrén de Campo y Valle, aunque solía firmar, cuando no usaba seudónimo, como Ángel de Campo (con ese nombre no podía ser otra cosa), y en vida se dedicó a escribir miles de páginas en la prensa de su época.

Nació en Ciudad de México, el 9 de julio de 1868, y dedicó su vida a la escritura en periódicos y revistas; tuvo una vida-crónica en la que retrató a todo un país. La reconstrucción de hechos, sucesos, figuras y retratos fue su labor.

Quizá la mejor definición de su obra la dio María del Carmen Ruiz Castañeda cuando escribió, acerca de La Rumba: “pueden encontrarse la fidelidad fotográfica del realismo, el cuidadoso análisis naturalista y el subjetivismo dramático del romanticismo. Es que Micrós no podía guardar distancia entre él y sus obras, porque, más que hijas de su ingenio, eran hijas del corazón”.

UNA ETAPA BRILLANTE

Podría parecer ilógico, pero es interesante observar cómo una sociedad aplastada en sus derechos políticos fue capaz de generar una gran libertad artística, reflejada en el periodismo, la literatura, la poesía, el teatro, la música, etcétera.

Suena paradójico, pero al final del porfirismo se crea la Universidad de México y la Escuela Nacional Preparatoria tiene uno de sus grandes momentos.

Entre los grandes autores, Ignacio Manuel Altamirano se convirtió, a finales del siglo antepasado, en el presidente de la República de las Letras; un patriarca amoroso que gestó a una generación de jóvenes autores entre los que destacaban Luis González Obregón, Luis G. Urbina, Victoriano Salado Álvarez, Balbino Dávalos, Federico Gamboa o Ángel de Campo.

Fue una época de grades revistas literarias como La Revista AzulLa revista Moderna y El Liceo Mexicano, por mencionar apenas tres ejemplos. Ésta última fue fundada por Rafael Mangino, José Cárdenas, Luis González Obregón y Ángel de Campo, el 5 de febrero de 1885; fue una revista donde se difundieron muchos de los escritos de los autores de la época. También es una etapa del nacimiento del primer diario moderno, El Imparcial (la trascendencia alcanzada por Micrós lo llevó a ocupar la primera y segunda de las ocho columnas donde escribía, en primera plana, su “Semana Alegre”), cuyo tiraje era, a decir del propio diario, de 44 mil 590 ejemplares.

SU VIDA

Ángel de Campo quería ser médico. Fue hijo de Laura Valle y de un militar de carrera que llevaba el mismo nombre y que murió cuando el escritor tendría unos seis o siete años. Apenas tenía dieciséis cuando, en compañía de quien sería uno de los grandes cronistas de la ciudad, Luis González Obregón, y con Octavio Gajá, fundó La Lira, un periódico manuscrito, y un año después, con ellos mismo participa en la fundación del Liceo Mexicano. Entonces comienza a firmar como Micrós.

En 1889 ingresa a la Escuela de Medicina, que abandona muy pronto ante la muerte de su madre; comienza a trabajar como empleado de la Secretaría de Hacienda y a colaborar en El partido Liberal, en Revista de México (que dirigía Ireneo Paz, el abuelo de nuestro Premio Nobel) y en El Nacional.

En 1890 publica parte de su trabajo en el volumen Ocios y apuntes; ahí publica obras tan intensas como El Pinto, una impresionante historia donde los personajes “La Chilindrina”, “El Capitán”, “La Diana”, “EL Turco” y “El Pinto”, son unos… perros. El cuento termina así: “¡Cuántos en la plebe son como el Pinto!

”¡Cuántos desdichados hay que con forma humana no son sino perros que hablan y que visten pantalones!”

Otra obra suya es El Caramelo, donde dialogan un caramelo, una charamusca y un grillo en torno a la felicidad. El grillo, “un poeta democrático, opina que los versos son algo como caramelos para el espíritu… por eso yo no le canto sino al pueblo”.

En 1892 colabora en Siglo XIX y en El Nacional, y dirige MéxicoRevista de Sociedad, Arte y Letras; más tarde colaboró en La Revista Azul y en 1894 aparece un nuevo libro: Cosas vistas, que al igual que el anterior, es una compilación de sus trabajos publicados.

En éste vuelve a tener animales como personajes. El Chiquitito es un “¡infeliz canario, [que] tenía sed de las aguas de un charco, en el que se retrataban una rosa anémica y un jirón de nube que pasaba lentamente por el cielo!”

No se piense que su obra es referida a los animales, las acotaciones al respecto se deben a la sorpresa de encontrar protagonistas de esta índole en una crónica urbana, demasiado callejera, demasiado concentrada en personajes de barrio, como El Chato Barrios, “un muchacho descalzo, de blusa hecha jirones, mordiéndose un dedo, arrastrando el sombrero de petate y viendo a todos lados con cara de imbécil, [que] cruzaba el salón”, hijo de un carbonero, “el más feo y desarrapado alumno de la escuela”, quien había obtenido una mención honorífica en un concurso y que año con año disputaba a Isidoro Quiroz, uno de los niños ricos de la escuela.


José Guadalupe Posada, La perra brava

También rescató la historia de El fusilado, uno de sus grandes cuentos, donde retrata el camino de un hombre que es conducido rumbo al paredón. La maestría de Ángel de Campo es excepcional. Comienza así: “El alba, una alba de espléndido colorido, comenzaba a dilatarse de rrochando sus toques en el horizonte… allá flotaban los indecisos contornos de la bruma, desta cados apenas en los matices delicados de las manchas de claridad en un fondo gris azulado que evoca el recuerdo de las irisaciones del nácar”.

Cartones es el tercer libro que nos legó; su publicación data de 1897. De él destacan cuentos como “La muerte de Abelardo”, recogido en la antología Dos siglos de cuento mexicano, cuya selección y notas fueron realizadas por uno de los grandes estudiosos del cuento, el maestro Jaime Erasto Cortés, quien escribe al respecto: “La muerte de Abelardo, es muerte de un habitante de este microcosmos y vida de ‘perro bohemio’. La vida adquiere una verdadera dimensión humana: ¿Qué oculto drama, qué antecedentes misteriosos originaron ese modo de ser? Había un aristócrata bajo su zalea de escuincle vulgar y callejero. La muerte del perro, por el sólo hecho de ser referida, alcanza significación e importancia.”

“Los recursos narrativos de Micrós”, escribe Jaime Cortés, “son numerosísimos: caracterización psicológica, realismo contundente, contrastes, comparaciones, justa perspectiva sentimental, reflexiones profundas y poderosas, estilo ágil, emoción y ternura, riqueza descriptiva…”

Otro gran cuento es “El Inocente”, un personaje emparentado con aquellas figuras deformes dibujadas por José Guadalupe Posada: “Partía el alma la criatura: el enfermillo exangüe, era una llaga; era un niño repugnante de cabeza fenomenal; orejas transparentes, mucosas pálidas y piel maculada por las huellas verdes de las cataplasmas, manchones de yodo y escaras desprendidas; los dientecitos sucios, dientes típicos de Hutchison; el cuello inflamado y endurecido por las escrófulas.” Era hijo de una prostituta que bailaba en un salón, mientras el niño fallecía en el “Patio de las Culebras”.

La obra de Micrós estremece, duele. Ese microcosmos que supo retratar con tanta frialdad es sin duda una de las grandes contribuciones a la literatura mexicana.

En 1899 pasa a formar parte de uno de los diarios que habrían de renovar el periodismo mexicano, El Imparcial, donde realiza la columna “La Semana Alegre”, cuya primera entrega se llamó “La Semana Festiva”. Comienza sus colaboraciones el día 2 de abril, señalando: “He resuelto por mí y ante mí, yo, cronista inédito, humorista
que va de incógnito, tan de incógnito que nadie lo conoce, ‘organizar’ este espacio de artículo dominical que hará “pendant” a las “Semanas” del “Mundo Diario”, como una caricatura hace “pendant” a un retrato. Todo entrará en este rosario de acontecimientos que han dado en llamar crónica, todo, menos la seriedad. La seriedad es ridícula, es atentatoria, es… ‘Pídeme lo que tú quieras, menos la formalidad’, dice Angélica la del “Chateaux Margaux” y lo mismo dije, digo y diré yo, humilde servidor de ustedes.” Firmará esta columna con el seudónimo Tick Tack.

También en ese año, en El Cómico, publica una novela corta, El de los claveles cortos. En 1906 imparte clases en la Escuela Nacional Preparatoria, al obtener una plaza ganada por concurso de oposición; dos años después murió de tifo, esa terrible enfermedad por la que hubo tantas y tantas muertes. Fue enterrado en el Panteón Civil de Dolores.

SUS OTRAS OBRAS

Muchas de sus obras quedaron en el olvido durante muchos años, es decir, guardadas en una hemeroteca hasta que alguien se atrevió a sacarlas del olvido.

La Rumba, por ejemplo, una de las grandes obras de la literatura mexicana, una novela que bien podría acercarse a la obra de John dos Pasos al tener como personaje principal a todo un microcosmos, un grupo de personajes donde no existe un protagonista único, donde “La Rumba” es una plaza de Ciudad de México, pero también es el sobrenombre de una muchacha llamada Remedios Vena. Es una novela del destino, en la mejor tradición griega, donde cada uno está predestinado a ser lo que es y que sólo un tranvía, como un artefacto externo, que significa el viaje a otras instancias, es capaz de modificar ese determinismo.

“Rumba tenía fama en los barrios lejanos; contábase que era el albergue de las gentes de mala alma, una temible guarida de asesinos y ladrones, y citaban el nombre de un Florencio Carvajal que debía siete vidas; Marco Pezuela, zapatero, había envejecido en Belén y después de extinguirse su condena se había refugiado en aquel vivero de malhechores…”

Y luego, el personaje femenino: “había una muchacha seria entre aquellas, una rapazuela que no jugaba ni al pan y queso, ni al San Miguelito, ni a las visitas. De cíanle La Tejona, por su cara enfi lada y sus modales broncos; era la hija de Don Cosme vena, era Remedios… Prometía ser una mujer de aspecto varonil; rasgaban casi su estrecho vestido las formas precozmente desarrolladas, con enérgicas curvas….”

La Rumba, una de las grandes obras de nuestra literatura, no fue vista en vida por Micrós; apareció en forma de libro hasta 1951, en una edición de apenas cincuenta ejemplares, pues se había publicado como folletín en el periódico El Nacional, del 23 de octubre de 1893 al 1 de enero de 1894.

Ángel de Campo fue un continuador de grandes cronistas como José Joaquín Fernández de Lizardi, Guillermo Prieto, José T. Cuellar, y fue además precursor de grandes autores como Salvador Novo o Carlos Monsiváis.

A cien años de su muerte, Ángel de Campo sigue siendo un autor tan vital como uno de sus con temporáneos, José Guadalupe Posada. Ambos son grandes retratistas de un México que sigue vivo y lastimado. Sus retratos constituyen una prueba fehaciente de un pueblo que fue a la revolución y que siguió igual, o peor.

Una de las grandes contribuciones de la literatura es la fotografía que deja para la historia. Entender y conocer el fin de siglo XIX y el inicio del xx, en los albores de la Revolución, sólo es posible a través de e stos cuadros desgarradores de un hombre muer to hace cien años y que sigue tan vivo como las miserias que retrata.

                  
Personajes de José Guadalupe Posada, de izq. a der.: Gendarme, Trovador, El borracho y Gendarme

domingo, 22 de marzo de 2026

La flotilla de la libertad (o los borregos se pasean)



 Carlos Varela compuso, hace muchos años, una excepcional canción: Tropicollage. 

Se fue en Habanautos
rumbo hasta Varadero
apanado en la arena
fumándose un Habano,
se tiró algunas fotos
recostado a una palma.

Volvió al Habana Libre
alquiló un Turistaxi
para ir a Tropicana
después al aeropuerto y
así se fue creyendo
que conoció La Habana.

Ese tipo pagó la cuenta
que me estaba sacando,
pero en la polaroide
y en su cabeza lleva
tropicollage, collage, collage...

No fue a la Habana Vieja
no conoció los barrios
de obreros y creyentes.
No se tiró unas fotos
sobre los arrecifes
donde hay un mar de gente.

No vió a los constructores
ladrillo y aguardiente
cementando el futuro.
No tropezó en la calle
con uno de esos tipos
que dan cinco por uno.

Eso también es mi país
y no puedo olvidarlo
y el que quiera negarlo
en su cabeza lleva tropicollage,
collage, collage...
Tropicollage, tropicollage,
collage, collage...

Y a los refutadores
que me están escuchando
piensen en lo que digo
yo sé que la divisa
hace la economía
como hace al pan el trigo.

Pero lo que no entiendo
es que por el dinero
confundan a la gente
si vas a los hoteles
por no ser extranjero
te tratan diferente.

Eso ya está pasando aquí
y yo quiero cambiarlo
cómo no, y el que quiera negarlo
en su cabeza lleva tropicollage.
collage, collage...
Tropicollage, collage,
tropicollage, collage...

Quieren llevarse a mi país
en una bolsa de Cubalse
de esas que dicen en inglés
que se compra fácil
esta ciudad no cabe en una foto
de almanaque de París.

La gente está inventando antenas
para ver Canal del Sol,
es que a tropicollage
le gusta salir en la televisión.
"Easy shopping", tropicollage...
"Easy shopping", tropicollage..


La ridícula y patética Flotilla de la libertad, que hoy visita La Habana, cual si fuera un parque temático, es paseada en camioncitos de lujo, con aire acondicionado.

   La desastrosa dictadura los pasean como viles borregos.

Ahí van, cantando Guantanamera, Hasta siempre y otros panfletos, mientras un bardo del dictador, a los ochenta años, pide armas para defender a Cuba cuando el pobre no puede cargar siquiera una escoba (sobre todo porque una escoba no es posible encontrar en sitio alguna)



Como esperando abril, los cubanos esperan otra cosa: libertad.

jueves, 26 de febrero de 2026

Monadas de humor negro

 Hace unos días comentaba que ni idea tengo de la cantidad de artículos y publicaciones realizadas a lo largo de más de cuarenta años. Algunos los pagaron, otros no; de algunos me enteré, de otros no.

En 2007 me invitaron a colaborar en un suplemento encartado en el periódico Reforma, llamado Petrolum. Suplemento Comercial independiente. Cultura Petrolera.

Colaboré dos o tres o cuatro veces, y luego desapareció el suplemento sin que me pagarán la última colaboración.

Este fue el número de junio de 2007

 



sábado, 14 de febrero de 2026

Uderzo y la inmortalidad de Astérix

 Una de las primeras víctimas del COVI fue Alberto Uderzo, uno de los creadores del genial Astérix, apareció el 29 de mazro de 2020.


Hace apenas seis meses, ¡tan lejanos ya! en el vertiginoso momento que sobrevive al COVI19, Astérix cumplió sesenta años de aparecer por vez primera, y los franceses le brindaron grandes homenajes, a la altura de una historieta que permanece en el gusto de millones de lectores y que se convirtió en un símbolo nacional de los franceses al gestar una aldea de galos, capaces de resistir y sobrevivir al poderío romano, al gran imperio que había arrasado y dominado a todo los pueblos de la antigüedad, dejando su raíz y el testimonio de su poder en cada milímetro de aquel mundo.

El homenaje fue inédito para una historieta: varias estaciones del metro parisino cambiaron

sus nombres (la estación Roma, se llamó “están locos esos romanos”); el servicio postal emitió una estampilla dedicada a estos personajes y se publicó Generaciones Astérix, que conjuntó a grandes autores que se formaron leyendo a este icono del cómic y, para rematar, apareció un nuevo y añorado número, el 38, de esta serie: La Hija de Vercingétorix.

Sorprende que con tan pocos volúmenes publicados, Astérix sea el cómic más traducida en el mundo, pues se ha podido leer en ciento once idiomas, y haya vendido más de 365 millones de ejemplares, fenómeno único pues a pesar de que se decía que terminaría con la muerte de sus autores, permanecerá aunque, hay que decir, con el cuestionamiento de muchos de sus fans que creen, y están convencidos, que sin sus creadores, jamás será la misma.

Y apenas medio años después de ese aniversario, este 25 de marzo de este funesto 2020, nos ha dejado Uderzo y que con René Goscinny, son los creadores de Astérix, una de las historietas emblemáticas e históricas en el mundo del cómic.

Alberto Alejandro Uderzo se fue silencioso en un momento en que el mundo entero vive una de sus grandes tragedias y necesita, como la aldea Gala, tener claro cómo sobrevivir a pesar del virus invasor.

El primer número de Astérix, salió a los kioscos el 29 de octubre de 1959, en Pilote, editada por Dargaud, una revista fundada por Gosicinny. En 1961, ante el gran éxito que tuvo, apareció el primer número de la colección que llevó el nombre de “Astérix. El Galo”, y en cuya portada se engalana con el héroe bigotón, con su clásico movimiento circular de brazos, que le caracteriza cuando golpea, ene este caso, a un par de romanos que, sin inmutarse apenas, reciben el golpe; atrás, quitado de la pena, como siempre, cargando un menhir, Obelix, que hace unos años fue considerado como el personaje más sexi del cómic.

Así comenzó una de las publicaciones más exitosas del cómic, y cuyo impacto se debe mirar en varias vertientes: como una tímida, y a veces no tanto, lección de historia, pues nos lleva a conocer desde la propia Galia, hasta terrenos a veces desconocidos para el mundo mexicano, como Lutecia, la actual París que sigue escondiendo, entre sus bulevares, pedazos de esa historia maravillosa; Helvecia, Córcega, Normandía, Hispania, Egipto, Atenas; pasar y repasar por sus páginas, es recorrer un mundo lejano, pero que nos permite regocijarnos con datos y momentos de ayer, con ojos de hoy. Muchos hemos conocido anécdotas, detalles de poblaciones y hasta hemos buscado ir más allá de los datos que nos brindan los ejemplares. A la par, hemos compartido la risa ante lo ridículo de algunas tradiciones.

Pero esta historieta no queda sólo en eso. Los galos nunca fueron un pueblo que sobresaliera especialmente en la antigüedad, los romanos conformaron un gran imperio que influyó a todo el mundo, de entonces y de ahora; sin embargo, Astérix reforzó el orgullo francés, la mentalidad de ser un pueblo triunfador, aunque la realidad lo desmienta (en la historieta, en todos los números, comienza con “Estamos en el años 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor”.

Astérix, sin duda, es parte de la conformación de la identidad gala y es tal su impacto, que la derecha y la izquierda se lo disputan como parte de su entorno ideológico, buscando apropiarse y asumirse como parte de esa aldea invencible.

Escrita y dibujada con una enorme calidad, se convirtió en una obra clásica y, como tal, sigue manteniendo su vigencia.

Las historias que narra relatan una sutil crítica al mundo contemporáneo, sin caer en el chovinismo, se burlan de las naciones por las que circulan nuestros personajes (el número dedicado a Bretaña, es de morirse de risa ante el retrato que hacen de los ingleses; pero además, resulta de una sorprendente premonición cuando, en 2017, apareció un personaje llamado CoVid-19 en el ejemplar llamado Astérix en Italia.

Impresiona releer ese número y estremecerse al grito de “¡Coronavirus! ¡Coronavirus!”, que clama la multitud, pues se trata de una carrera de cuadras, en Roma, donde aparece un enmascarado tramposo compitiendo contra nuestros héroes, en una época lejana, ¡hace tres años!, en que nadie podía imaginar que esas palabras se convertirían, el día de hoy, en las más temidas para la humanidad.

Astérix, como una obra de arte clásica, sigue siendo una lectura vigente. Brigitte Bardot, una las mujeres más hermosas del cine francés, aparece como la diosa Venus en una de las películas, y en otros números asoman los Beatles, Stan Laurel y Oliver Hardy, el dueto inolvidable del Gordo y el Flaco, durante la original etapa de la historieta; también aparecieron personajes de las últimas décadas como Julián Assange, Sean Connery o el magnate Silvio Berlusconi. Igualmente, el genial dueto de creadores solía aparecer retratado, en más de una ocasión. Pero también brillan los personajes históricos. Julio César es, obviamente, uno de esos protagonistas. La otra es Cleopatra, una de las mujeres que irradiaron con luz propia en la historia de la humanidad.


La publicación, que ganó muchísimo dinero no estuvo exenta de conflictos; uno de ellos, sucedió entre Uderzo y su hija Sylvie que lo había demandado por ceder sus derechos a la editorial Hechette, en un pleito legal de seis años que terminó, felizmente, con la reconciliación y el retiro de las demandas legales.

Astérix muestra el desprecio al poder, es un homenaje a la resistencia, a la tozudez, al sueño de un hombre nuevo y feliz, gracias al humor, a la palabra, a la historia, al arte. El humor revela el inconsciente del ser humano, muestra la mejor y, sobre todo, la peor parte de la sociedad: el poder. Las verdades que plasman los humoristas no siempre son fidedignas, pero suelen ser impactantes y reflexivas. Discurrir el velo del poder, por ejemplo, es una tarea que se pierde ante el insulto, pero que el humor resalta, como una flecha que toca el corazón. En una viñeta, el druida afirma: “El buen humor de los romanos es una mala señal para nosotros”.

Uderzo murió, pero su obra ya es eterna, la mejor muestra de que el humor puede contribuir y es parte de la propia reconstrucción del mundo.

Goscinny se fue del mundo en 1977, Uderzo nos dejó hace unos días, en un momento en que la desolación de la humanidad parece ser su sino; pero nos dejan una sonrisa y el sueño de que no todo está perdido mientras exista el humor y el arte y que, por tanto, debemos defender ante el autoritarismo de esos locos romanos, léase esos locos y obsesos del poder a quienes, sin duda, les molesta el humor.