domingo, 20 de noviembre de 2016

Yo no me llamo Javier

Patéticos.
La clase política mexicana cada vez se ha deteriorado más y más.
Los niveles de corrupción son cada vez mas escandalosos y, ahora si, sin duda, como dijo creo que un cínico llamado López Portillo, "nos estamos volviendo cada vez más cínicos".

El caso más terrorífico es del asqueroso gobernador veracruzano llamado Javier Duarte que con su vocesita atiplada y ridículo juró quedarse en Veracruz tras pedir licencia. 

Pero desapareció.

El mismo cinismo del gobernador de Sonora, Padrés, y de una larga lista que no quiero recordar.

Pero Duarte ha resultado un caso de cinismo extremo.

Acaban de encontrar un pasaporte, tipo Academia universitaria de Santo Domingo, donde con un bigotito de padrote de los treinta pretende pasar por otro.

El voluminoso ladrón sigue como rata escondida. Y dicen que ya usa como himno la vieja canción de Los toreros muertos: Yo no me llamo Javier.

Sea pues, este país aguanta eso y más.
¿Aguanta?

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