jueves, 7 de mayo de 2015

El último tango en París, o de naranja a Chamoy


La vida Marcelo Ebrard ha sido (o fue) muy afoftunada.
Muy joven cayó en las manos de Manuel Camacho Solís, el número 2 en la nomenclatura salinista y fiel a su amigo Carlos Salinas hasta que éste eligió como candidato a Luis Donaldo Colosio y Camacho cayó en la desgracia política.

Militante distinguido del PRI, fue su secretario general en el D.F (1988 a 1992) y después, durante el gobierno de Salinas fue secretario de Gobierno del, entonces, Departamento del Distrito Federal hasta que tras el berrinche de su jefe Camacho se fue a Relaciones Exteriores.

En 1997 fue diputado por el Partido Verde, maromas de la vida, después con su jefe Camacho fundó el Partido de Centro Democrático del que fue candidato a Jefe de Gobierno y en un debate púbico renunció su candidatura a favor de López Obrador quien le pagó muy cara la abdicación al nombrarlo sucesor, por encima de muchos militantes históricos de la propia izquierda.

Gobernó el Distrito Federal de 2006 a 2012 y a pesar de que el sentir general lo hacía candidato natural a la candidatura de la presidencia cedió su sitio a López y ahí empezó su desgracia.

Crítico de la mafia chuchista del PRD, pensó que era otro dios, tipo Peje.

Un día estalló la crisis de la Línea 12 y comenzó a mostrarse que en lugar de rieles aparecía mierda. No se sabe aun de qué tamaño fue el robo, si se sabe que millones de personas fueron afectadas y que el fraude está ahí, visible, sabemos que hay corrupción en México, pero eso es extremo.

Jugó con dos padrotes, digo dos partidos, para tener impunidad como diputado, pero el Tribunal Electoral lo acaba de batear.
Hoy Reforma publica una excepcional caricatura realizada por Paco Calderón, un espléndido retrato de lo que queda de Marcelo Ebrard.

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