miércoles, 10 de julio de 2019

Chorrocientos mil abrazos en tu despedida por el mundo, mi Armando Ramírez

Mis lecturas, desde niño, siempre han sido azarosas, temáticas, sorprendentes. Cada libro que me caía, que me cae, comienza por una suerte de rigurosa, y no tanto, inspección, desde el título, la portada, la temática, el autor; parece que huelo, parece que husmeo cada libro, cada página.

A veces, quedo tan prendido que me siento personaje de la novela, de la historia, de la vida del libro; o encuentro afinidades que, me hacen pensar que en esa novela hay algo de mi.

Un día encontré una novela ajada, publicada por Editorial Novaro, que se llamaba Crónica de los chorrocientos mil años del barrio de Tepito, donde se ve como: obrero, ratero, prostituta, boxeador y comerciante juegan a las pipis y gañas, o sea, en donde todos juntos comeremos chi-cha-rron.

Me deslumbró un lenguaje que me era conocido, un lenguaje mio que de inmediato quise imitar, sin éxito alguno.

Armando escribía como si fuera un pájaro carpintero y cada palabra quedaba plasmada en el sitio exacto, cada palabra decía tantas y tantas cosas que dejó un retrato preciso de uno de los barrios populares más satanizados hoy en día.

Después leí ChinChin el teporocho y seguí deslumbrado por ese señor que, después me enteré, apenas me llevaba poco años de diferencia.

¡Ay, Armando!

El hombre que hizo famosilla una frase "Qué tanto es tantito", a través de sus colaboraciones en la televisión con Ricardo Rocha, creo que con Luis Carbajo y no sé en cuántos programas más.

Hace unos años, cuando realicé el libro La Vida en México (1910-1920) tenía que incluirlo y fue de los autores más complicados para elegir una crónica. Escogí Eso le pasa por andar de cachondón.

La dejo aquí pues, estoy convencido, los grandes autores siguen vivos mientras tengan lectores.







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