jueves, 10 de enero de 2019

El desabasto de alimentos, en 1914


Sin duda, enero de 2019 será recordado como la crisis de la gasolina; un meme, con un chico regalando un bote de gasolina, me recordó una historia que cuento en mi libro La banda del automóvil gris, cuando una vedette recibió un bolillo de regalo y ante la escasez de comida (que espero no lleguemos a ese punto) el bolillo era oro molido. 

Este es el capítulo



En el teatro se regalan bolillos

El día en que entraron las tropas convencionistas, el 6 de diciembre, toda la metrópoli se iluminó al abrirse seis teatros, cuarenta y ocho cines, siete sitios para bailar, volantines, ruedas de la fortuna en varios puntos de la metrópoli, kermesse en la Plaza del Carmen, máquinas parlantes, fonógrafos y un local que difundía música alemana, según consigna Aurelio de los Reyes.
 Así, aunque la ciudad estaba en crisis, los teatros permanecían con las puertas abiertas y aunque no había dinero, los artistas actuaban a cambio de un mendrugo de pan, como lo cuenta Francisco Ramírez Plancarte:

Por estos días presencié el siguiente sucedido en el Teatro Lírico: entre los ramos de flores obsequiadas a una tiple que se beneficiaba, había un envoltorio que por su peso y tamaño le llamó mucho la atención a la aludida, la que no pudiendo resistir la curiosidad de cerciorarse de lo que era, desenvolviólo incontinenti a la vista del público, encontrándose con la agradabilísima sorpresa de que el envoltorio en cuestión, era nada menos que un apetitoso bolillo o pan francés casi del tamaño de un metro, cuya presencia de inmediato nos avivó las hambres atrasadas, haciéndosenos "agua la boca". Inútil es decir que la tiplecita abandonando los bouquets que sus admiradores le obsequiaran, corrió como loca de contento a su camerino abrazando tan buen regalo.

El motivo del alborozo se debía a que los alimentos básicos habían sido sustituidos por carne de caballo, de perro y de gato; se comían sabandijas y yerbas comunes, mientras el pan y las tortillas, cuando se encontraban, se vendían a precios inalcanzables. El maíz, con toda razón, fue llamado el oro amarillo.
Los artistas aceptaban subir a escena a cambio del bolo que los parroquianos lanzaban al escenario. Cuando ello sucedía, los actores y las actrices, desesperados y con hambre, corrían a tomar las monedas que caían al foro.
 En otras ocasiones, el teatro abría sus puertas gracias a que un grupo de militares, con mucho dinero y muchas provisiones, compraban la función.
En los barrios populares, las carpas servían de distracción a sus habitantes; en esos sitios, existía el oficio de "gritón" que, contratados por los empresarios, a la puerta de la carpa, invitaban al público, con fuertes exclamaciones como esta: ¡Ya pueden pasar a ver ésta y la siguiente tanda, pagando dos tamales o un elote por entrada!
Las representaciones en los teatros, en general, eran mediocres y el público escaso. A pesar de ello, cuenta Ramírez Plancarte, se estrenó el Teatro Alarcón, el día 3 de abril de 1915, con la obra La malquerida, de Jacinto Benavente, misma que permaneció poco tiempo en cartelera pues, al terminar temporada, el local fue cerrado debido a la crisis. 
Mimí Derba
Pero por otra parte, cabe hacer notar que el Teatro Principal mantuvo abiertas siempre sus puertas y en ese sitio se presentaron innumerables obras, corno Su majestad el cupón; Lucía de Lammermoor, de Donizzetti; La hija de Tetis; o El barrio Latino, en donde Mimí Derba "exhibía fugazmente su bello y escultórico cuerpo cubierto por fino mallón, provocando el entusiasmo del público", como señala Manuel Mañón en su Historia del Teatro Principal de México.
Las críticas al género chico, tan popular entonces, eran fuertes pues según el cronista del periódico El Demócrata, este género "yace en un estancamiento malsano, con verdosidades sospechosas que atufan y encocoran los sentidos delicados... la producción ha sido hilvanación repetida y grotesca de malas escenas: malas en sí y representativamente. El pelado, borracho y sucio, tan sobrado de albures maliciosos, como falto de moral, preconizador desentonado del pulque y del tequila, holgazán y vanidoso hasta la ridiculez; el gringo, sacado siempre a colación a guisa de payaso; algunas figuras femeninas muy conocidas y muy poco recomendables y... pare usted de contar...

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