sábado, 25 de agosto de 2018

Tlatelolco 68. Jaime Sabines




Tlatelolco 68

Jaime Sabines

1
Nadie sabe el número exacto de los muertos, 
ni siquiera los asesinos, 
ni siquiera el criminal. 
(Ciertamente, usted llegó a la historia 
este hombre pequeño por todas partes, 
incapaz de todo menos rencor)
Tlatelolco es mencionado en los años que vienen 
como hoy hablamos de Río Blanco y Cananea, 
pero esto fue peor, 
aquí han matado al pueblo; 
no hay obreros parapetados en la huelga, 
mujeres y niños, estudiantes, 
jóvenes de quince años, 
una niña que va al cine, 
una criatura en el vientre de su madre, 
todos barridos, certeramente acribillados 
por la metralla de la Orden y Justicia Social.
A los tres días, el ejército era la víctima de los desalmados, 
y el pueblo se aprestaba 
a celebrar las Olimpiadas, que darían gloria a México.
2
El crimen está allí, 
cubierto de periódicos, 
con televisores, con radios, con banderas olímpicas.
El aire denso, inmóvil, 
el terror, la ignominia. 
en las voces, el tránsito, la vida. 
Y el crimen está allí.
3
Habría que lavar no solo el piso; la memoria. 
Habría que quitar los ojos a los que vimos, 
asesinar también a los deudos, 
que nadie llorar, que no haya más testigos. 
Pero la sangre echa echa raíces 
y crece como un árbol en el tiempo. 
La sangre en el cemento, en las paredes, 
en una enredadera: nos salpica, 
nos moja de vergüenza, de vergüenza, de vergüenza.
La bocas de los muertos nos escupen 
una perpetua sangre quieta.
4
Confiaremos en la mala memoria de la gente, 
ordenaremos los restos, 
perdonaremos a los sobrevivientes, 
daremos la libertad a los encarcelados, 
seremos generosos, magnánimos y prudentes.
Nos han metido las ideas exóticas como una lavativa, 
pero instauramos la paz, 
consolidamos las instituciones; 
los comerciantes están con nosotros, 
los banqueros, los políticos auténticamente mexicanos, 
los colegios particulares, 
las personas respetables. 
Hemos destruido la conjura, 
aumentamos nuestro poder: 
ya no nos caemos de la cama 
porque tendremos dulces sueños.
Tenemos Secretarios de Estado capaces 
de transformar la mierda en esencias aromáticas, 
diputados y senadores alquimistas, 
líderes inefables, chulísimos, 
un tropel de putos espirituales 
enarbolando nuestra bandera gallardamente.
Aquí no ha pasado nada. 
Comienza nuestro reino.
5
En las planchas de la Delegación están los cadáveres. 
Semidesnudos, fríos, agujereados, 
algunos con el rostro de un muerto. 
Afuera, la gente se amontona, se impacienta, 
espera no encontrar el suyo: 
"Vaya usted a buscar a otra parte".
6
La juventud es el tema 
dentro de la Revolución. 
El gobierno apadrina a los héroes. 
El peso mexicano está firme 
y el desarrollo del país es ascendente. 
Siguen las tiras cómicas y los bandidos en la televisión. 
Hemos demostrado al mundo que somos capaces, 
respetuosos, hospitalarios, sensibles 

y ahora vamos a seguir con el "Metro" 
porque el progreso no puede detenerse.
Las mujeres, de rosa, 
los hombres, de azul cielo, 
desfilan los mexicanos en la unidad gloriosa 
que es la patria de nuestros sueños.

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