viernes, 13 de abril de 2018

Viernes: el amor bajo el reloj del metro. Semana inglesa

Termina la semana inglesa, estas cinco crónica publicadas en el libro Para leer de boleto en el metro.



Me gustaría tener una cámara de video para captar las dulces, y a veces no tanto, parejas de enamorados.
Hombres y mujeres para quienes el mundo no tiene otro sentido, cuando menos en ese momento, que él, o la, compañero (a) que llevan al lado, a la que entregan y de la que reciben, el amor solicitado.
Los enamorados que transitan por el metro son fáciles de identificar. Casi siempre, se citan bajo el reloj de cualquiera de los andenes. (A pesar de que los relojes suelen no estar a tiempo. Como tampoco lo está alguno de los dos).
En el momento crucial, la hora de la cita, se les puede observar con la chamarra bajo el brazo, si es hombre, y el rostro angustiado porque han pasado dos minutos y no llega la esperada.
En cuanto se marcha el metro, caminan con desesperación a lo largo del andén. Al asomar un nuevo convoy, vuelven presurosos a situarse bajo el reloj, mientras otean las puertas de los vagones, deseando encontrar el rostro añorado.
Cuando han pasado diez minutos, la angustia aumenta. A veces, al transcurrir más tiempo, es frecuente encontrar una discreta lágrima en los ojos.

 El reloj es testigo de grandes pleitos que no esperan otro sitio. Reclamos, enojos y demás; aunque también sucede lo contrario: el encuentro de manos, rostros iluminados, la felicidad.
Ya juntos, esperan el siguiente tren abrazados, o salen a la calle a mostrar al mundo que ellos, por lo pronto, son felices y saben que hoy es viernes y podrán estar juntos mucho tiempo más que el resto de la semana.


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