domingo, 17 de diciembre de 2017

El humor es lo que somos: Agustín Sánchez González

Hace unos días me entrevistó uno de nuestros grandes cronistas: Humberto  Ríos Navarrete, para Milenio Diario.
Hoy domingo 17 de febrero de 2017, se publicó una de las más inteligentes entrevistas que me han hecho. 
Se las comparto.


EL HUMOR ES LO QUE SOMOS


El historiador Agustín Sánchez González, nacido hace 61 años, escudriña diversos temas, como las tiras cómicas, las caricaturas y sus autores. Tanto, que escribió un libro, entre más de 30, dedicado a Fidel Velázquez, extinto líder longevo de la Confederación de Trabajadores de México, el personaje más caricaturizado en la historia del país, y otro de Cri Cri, dos contextos que reflejan, de acuerdo con su definición, tanto el malestar social por el abuso de poder como la alegría por la vida. Este investigador, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, hace una síntesis de lo que ha sido ese estilete en manos de dibujantes que satirizan a personajes, sobre todo públicos, o que reflejan periodos en trazos de plumas y pinceles, como Guadalupe Posada o Gabriel Vargas, autor de La Familia Burrón, obra con la que “empezó y terminó la época de oro del cómic nacional”, asegura en un ensayo publicado en MILENIO.
“He optado por una historia —explica el investigador, entrevistado en el Centro Histórico— que mira el mundo desde fuera de la academia”.
Y así es.
Sánchez González —“los dos apellidos, por favor”, pide con una sonrisa— nació en Ciudad de México, desde la que disecciona esa ruta por lo que ha transitado este país desde mediados del siglo XIX, según sus palabras, hasta el nuevo milenio: humor, nota roja, política, comedia y tragicomedia —“o la combinación de todo”— han dado como resultado varios libros “sobre la vida, la muerte, la dicha, la desdicha, el humor, el amor, el horror”.
Fidel, una historia de poder, publicado en 1991, fue su tesis para obtener la licenciatura como historiador. En el libro incluyó caricaturas del líder cetemista, nacido en 1900 y fallecido en 1997, quien fue dirigente sindical durante más de 40 años.
Años después escribió un libro de chistes de presidentes porque, dice, “el humor nos puede hacer entender lo que somos: los mexicanos somos un pueblo socarrón, un pueblo que ha sufrido mucho y que tiene el síndrome de Pedro Infante”.
—¿Y ese cuál es?
 —Cuando en la película A toda máquina le dicen “¿le duele?”, él responde: “Solo cuando me río”. Y le dicen: “Entonces le voy a contar más chistes para que le duela más”. El síndrome mexicano es ese.
Por azares del destino, relata Sánchez González, hace 20 años llegó al Instituto Nacional de Bellas Artes, pues lo invitaron a participar en un proyecto, pero les dijo que no era historiador del arte; no obstante decidió quedarse, pues le propusieron hacer el Diccionario biográfico ilustrado de la caricatura en México, “que se ha convertido en un libro de culto”.
—Y a partir de ahí...
 —Desde ahí empecé a tratar de concebir cómo somos los mexicanos y la caricatura como un fenómeno periodístico, estético, crítico, histórico y psicológico que nos permite entender lo que somos.
—¿Y cómo somos?
—Según los caricaturistas, como Los agachados de Rius, somos aplastados. o Los Supermachos: la historia de un pueblo que aguanta todo, una sociedad que sigue sin liberarse, sin despertarse.
—¿Y siguen vigentes esos personajes?
 —No tan radical, pues hemos avanzado; aunque de alguna manera sigue siendo un país donde nos saquean y explotan; no creo que estemos peor que hace muchos años, diría que estamos un poco menos peor; lo que no tenemos es una sociedad donde los partidos abran espacios a los ciudadanos; tenemos, sí, grupos de poder muy fuertes, tanto en la izquierda como en la derecha. Entonces hay que romperlos.
El actual panorama de la caricatura, sin embargo, no lo convence. “Siguen siendo importantes, aunque la mayoría es militante; es decir, son personajes que hacen caricatura, pero son incapaces de criticar a sus líderes. Entonces, en ese sentido, pierde la caricatura”.
No es como antes.
Ni como en tiempos de Juárez.
 Eso dice.
La caricatura nace a la par del periodismo, dice Agustín Sánchez González, y en México surge en El Iris, una “revista para señoritas”. “En esa revista aparece la primera caricatura que se llama Tiranía: es un tirano aliado con la Iglesia y el diablo, que es el poder en 1826...”.
Y alecciona: “La caricatura viene del latín caricare, de recargar, de pasarte, toda una trayectoria que va a tener su etapa más luminosa en el juarismo, donde los grandes caricaturistas juaristas hacen crítica implacable contra Juárez. La mejor caricatura es la del siglo XX, porque son artistas que no lambisconean”.
 —¿Juaristas contra Juárez?
 —Sí, son fuertes contra Juárez a pesar de ser juaristas. Igual sucede con la Revolución: son antimaderistas; de hecho, buena parte de lo que explico es que la caída de Madero fue a partir de la crítica que le hacen los caricaturistas. Entonces, como ves, he tratado de entender la historia de México a través de la caricatura.
 La Revolución “institucionalizada”, además, es rota por la caricatura, por lo que hay una gran represión, añade. “Poca gente sabe que en 1929, con el nacimiento del PRI, y hasta el 68, prácticamente estaba prohibido hacer caricatura del Presidente. Incluso de personajes tan feos como Díaz Ordaz, que es una caricatura en sí, no hay caricatura”.
 Y es cuando surge un grupo de jóvenes encabezados por Naranjo, Helioflores y Rius, quienes hacen La Garrapata, el azote de los bueyes, una revista que rompe con todo lo que había atrás y abre un espacio que estará a la par de lo que será la democratización mexicana.
“Recordarás que hasta los años 70 —añade el historiador— no había más que cuatro partidos y todos eran el mismo, y en 76 es la gran crisis porque solamente hay un candidato del PRI y tienen que abrir la Reforma Política. Entonces en ese ámbito los caricaturistas son vitales, son muy importantes”.
—¿Y siguen siendo importantes o se diluyen con internet?
 —La caricatura debe ser crítica y autocrítica; lo que hacían los liberales del siglo XX, de criticar a Juárez, es lo que tendrían que hacer todos. Uno de los grandes defectos de la izquierda mexicana, y de la izquierda universal, fue nunca criticar a la Unión Soviética, nunca criticar a Fidel Castro; eso se sigue reflejando hoy cuando debemos ser más críticos...
Otros ejemplos de la época, asegura, son el muralista José Clemente Orozco y el dibujante Ernesto García El Chango Cabral, quienes “hacen críticas feroces” contra Madero. “Después hay un control”, dice, mientras recuerda lo que descubrió cuando escribió Cien años de caricaturas:

“Prácticamente de 1930 al 50, todas las caricaturas son de sentido social, y hay tres años donde no aparece nada, más que historietas, y la historieta es otra cosa diferente”. 

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