miércoles, 30 de noviembre de 2016

EL HUMOR NEGRO ESTÁ DE LUTO: MURIÓ JOAQUÍN VELASCO

Dentro de mi búsqueda de caricaturistas, encontré esta nota del semanario Conciencia Pública, acerca de un excelente caricaturista jalisciense: Joaquín Velasco, autor de la tira Chenchito, que publicó en el viejo Unomásuno,





EL HUMOR NEGRO ESTÁ DE LUTO: MURIÓ JOAQUÍN VELASCO

EL HUMOR NEGRO ESTÁ DE LUTO: MURIÓ JOAQUÍN VELASCO
Ene 7, 2012
CARICATURISTA Y CARTONISTA INGENIOSO, CREADOR DE ‘CHENCHITO’ Y AUTOR DE LOS HIJOS DE ‘CHINCHUNCHÁN’, TENÍA UNA PENSIÓN COMO MAESTRO PORQUE COMO PERIODISTA SABÍA QUE LA PAGA ERA MUY MODESTA Y ENTREGABA RECIBOS HECHOS A MANO, SIN ESTABLECER NINGÚN DERECHO LABORAL

El sábado 31 se disponía a despedir el año con un trabajo que tenía pendiente que le encargó su hermana Sara, que consistía en la portada de un libro. Fiel a su costumbre de no fallar a los compromisos, se acomodó en el sillón de su cuarto y no bien había terminado la obra, cuando lo sorprendió la muerte, con un infarto fulminante, probablemente dormido, a juzgar por la apariencia de su cuerpo inerte y su expresión tranquila.

Compañeros de andanzas, Joaquín Velasco y yo llegamos a una cantina más arrabalera que las canciones de Chelo Silva, llamada “El Velorio”, porque no cerraban en toda la noche, salvo que se hubiera muerto un cliente asiduo, en cuyo caso la clientela se trasladaba a donde estuviera el cuerpo tendido para seguir la plática y tomar como si fuera la cantina.

Ubicado a espaldas del Hospicio Cabañas, la cantina la traslada a uno al siglo XVIII. A la entrada, casi se podía contar el aire infestado de humo de cigarro y un vaporcillo con muchos olores provenientes de una docena de ollas de más de 20 litros cada una, que ofrecían infusiones calientes de té de todos colores y sabores. Era lo único que vendían: té y brandy San Marcos; no había más.

La clientela, muy bulliciosa, parecía feliz. Joaquín me presentó a unos músicos, a dos luchadores, un boxeador y otros parroquianos que no parecían representar a lo mejor de la sociedad tapatía. La verdad sí me gustaron los tés que me ofrecieron con el brandy San Marcos, que en su publicidad aseguraba que contenía 8 kilos de uva en cada botella. Yo pedí té de limón, guayaba y yerbabuena. Me asombraba que en algunas mesas se manejaban lotes de relojes, joyas y dinero, que pasaban de una mano a otra, hasta que se embolsaba una parte cada uno.

Le pregunté a Velasco de qué se trataba: “Son ladrones que se reparten el botín, así es aquí todos los días, incluso hay polis que vienen por su cuota”. Yo me preocupé, pero él me dijo que no pasaba absolutamente nada. Volvimos unas 10 o 15 veces y siempre fue lo mismo.

Esos eran los lugares que le gustaba frecuentar a Joaquín Velasco, porque decía, ese era el verdadero pueblo, el que se reunía en lugares sórdidos, donde además se nutría su vena de caricaturista de la Fuente, uno de sus lugares preferidos. Una vez alguien le preguntó:

– ¿Habrá algo peor que el PRI Joaquín?
– Sí –contestó–: el PAN, el PRD, el Verde…
Cuando alguien se levantaba de la mesa, ya muy entrada la noche, Joaquín le pedía:
– Quédate otro rato hombre, si la estamos pasando bien, espérate.

Generalmente le contestaban que tenían que trabajar al otro día, o que tenían que atender a su familia, a lo que contestaba:
– Ah, bueno, si te importa más tu familia y tu trabajo que tus amigos, entonces vete, ándale ya vete.

Pero ante todos, Joaquín Velasco era un buen amigo y una buena persona. Nadie recuerda que le haya hecho algo mal a nadie. Siempre estaba dispuesto a ayudar a quien podía, algunos de sus conocidos o sus hijos están trabajando en un empleo que él les consiguió o logró cambiar a algún muchacho de una prepa a otra, o logró la inscripción de hijos de sus amigos en la primaria o la secundaria. Podía ser muy disipado, pero era muy responsable en su trabajo, nunca fallaba.

Combinaba su actividad como maestro de primaria, en una escuela federal y una estatal, en zonas de pobreza. Decía: “No sé si soy buen maestro o malo, pero de una cosa estoy seguro, no estoy dándole clases al futuro Presidente de la República”.

Murió jubilado a los 67 años con una pensión aceptable como maestro, porque como periodista ya sabía que nunca le dejaría nada, porque la paga era muy modesta y entregaba recibos hechos a mano, sin establecer ningún derecho laboral. Le sobreviven su esposa Rosa María Reynaga y sus hijos Adán, Jazmín (ambos dedicados al dibujo como su padres) Maricela y Anabel, madre de su único nieto, Santiago, al que amaba profundamente. También deja a sus hermanos Roberto, Sara, Ofelia, Bertha y Trini. Hizo cartón político para Conciencia Pública, El Occidental, El Diario de Guadalajara y El Jalisciense, e historieta para El Universal y Uno más Uno.

En el Informador publicó durante una década unas 300 fábulas ilustradas para jóvenes y niños que bien valdría recopilar para publicarlas en un libro. Publicó trabajos en La Opinión de Los Ángeles, y un diario deportivo de Japón. Incursionó en la radio con programas cómicos de crítica social. Publicó dos series de caricatura de crítica social: “Los Hijos de Chinchunchán” y “Los de Acá”.

Sus trabajos le valieron elogios de caricaturistas de la talla de Rius, su amigo, Naranjo y Helio Flores. Fue presidente de la Asociación de Periodistas Comunicación Cultural, donde fundó el Salón de la Caricatura, que ya desapareció y muchos eventos culturales como un concurso de compositores, a nivel estatal, que avaló la autora de “Bésame Mucho”, Consuelo Velázquez. Nunca pretendió dejar grandes cosas, pero heredó el ejemplo de padre de familia, abuelo y amigo incomparable, además de su obra que bien vale la pena que revisen las nuevas generaciones.

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