jueves, 15 de septiembre de 2016

La historia de 4 Atentados Presidenciales


Otra nota que publiqué, no recuerdo si fue en El Financiero o en El Universal, allá por 1994 o 1995.



    La historia de 4 Atentados Presidenciales
                           Por Agustín Sánchez González
"Que la historia hubiera copiado a la historia ya era suficientemente pasmoso; pero que la historia copie a la literatura es inconcebible", escribió Jorge Luis Borges en el "Tema del traidor y del héroe", hace medio siglo.
   Quizá en aquel tiempo era válida esta sentencia; hoy día, sin duda, ya no lo es. Retratar la realidad, puede resultar más difícil y complejo, que hacer ficción.

  La historia de 1994, este año que hemos vivido en un peligro casi permanente, resulta más complicada que cualquier novela. 

Los escritores se han convertido en inocentes autores, a la manera de Corín Tellado o Yolanda Vargas Dulché, comparados con la realidad política de nuestro país en la actualidad.

Lo que hoy sucede, estas historias negras de la política mexicana, sólo pueden ser concebidas por una mente muy diabólica o muy angelical.
   Cada fin de milenio, la humanidad realiza una acción contradictoria; por un lado, se niega a dar una vuelta a la hoja de la historia, pero por otro, busca afanosamente saber qué sucedió en los días previos. Entonces la historia aparece como el galán de la película que busca responder, convirtiéndose en una especie de psicoanálisis colectivo.
   Resulta gratificante ver a la gente como busca en su pasado encontrarse con el presente. Los libros de historia se han convertido, curiosamente, en los best-seller de moda. Casos como el de José Agustín, resultarían en otros tiempos incomprensibles. No hablo de su obra literaria, por supuesto, sino de sus crónicas escritas con el nombre de Tragicomedia mexicana que han alcanzado tirajes enormes.

   Enrique Krauze es otro caso similar. Historiador de profesión, ha hecho de la historia una industria y ha impulsado, inclusive, una empresa que hoy día vende libros como pan caliente, con la novedad, además, que los libros están vendidos, en el buen sentido, de antemano, gracias a la publicidad que en ellos ha puesto. El propio Krauze ha retomado las telenovelas para ofrecer su particular visión del Porfiriato y, con todo lo discutible que pueda ser, ahí está una visión de la historia que ha sido vista por miles de personas.
Me llama la atención otros detalles: los más importantes premios literarios que se dan en México, el de Editorial Planeta y el de Editorial Diana, han sido otorgados a novelas de carácter histórico: La lejanía del tesoro, de Paco Taibo II y El ojo de Dyndimenio, de Daniel Chavarría, en editorial Planeta; Matar al manco, de Emilio Chao Ebergendy, en Diana. (Otro detalle interesante, es la enorme cantidad de libros Kleneex, completamente desechables, que han aparecido este año. De la guerrilla chiapaneca, por ejemplo, se han escrito más de una docena, que la gente ha leído con avidez)

   Más curioso resulta el hecho de que, a finales de 1993, aparecieran tres libros sobre Alvaro Obregón: Matar al manco, de Chao Ebergendy; Alvaro Obregón y el TLC, de Francisco Prieto, y El General en la Bombilla.

Después de escribir El General en la Bombilla, me congracié con la parte antisolemne de Obregón y escribí No me haga reír, señor presidente, que espero aparezca próximamente; en él se recogen una buena cantidad de chistes en torno a los presidentes (Conste que no me refiero a los que han hecho ellos, sino a los que ha inventado la población a costillas de ellos, como una mínima venganza por lo que nos hacen durante 6 años).



Hace poco más de un año, el periódico Reforma cabeceó una entrevista mía diciendo: "Habrá más muertos este sexenio" y, debo confesar, me asombré la forma en que la historia, en algunas ocasiones, parece predecir las cosas.

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