sábado, 24 de septiembre de 2016

Entre 1994 y 2016

Este texto lo publiqué en 1994, en el periódico  El Financiero, pocos días después de las elecciones presidenciales que ganó Ernesto Zedillo Ponce de León. ¿Cómo se lee hoy, en 2016, a 22 años?


ESTO ES MéXICO  
¡Qué pena que sea así todo siempre...!
AGUSTÍN SáNCHEZ GONZáLEZ


¿Quién lee diez siglos de Historia y no la cierra al ver las mismas cosas de siempre con distinta fecha?

El viejo y querido León Felipe. Reviso periódicos viejos cotidianamente. Eso hago. Luego escribo libros de historia para divertirme y burlarme un poco de la desmemoria cotidiana. 

Los mismos hombres, las mismas guerras, los mismos tiranos, las mismas cadenas, los mismos farsantes...

 Sumergirse en un mar de periódicos viejos, de libros tan antiguos. Los muertos de otros tiempos que siempre están presentes. La vida cotidiana es irreconocible sin ellos, pero la memoria, tan torpe, sólo sirve para olvidar. Los sucesos del diario siempre vienen acompañados de su pasado inmediato.

Pero nadie quiere recordar. La vieja utopía decía que el futuro luminoso nos acompañaría para siempre. El hombre nuevo estaba por llegar.
Pero todo sigue igual, o peor. Seguimos sin aprender, y los tiempos preposmodernos en que vivimos han convertido nuestro cerebro en un disco duro, pero no como el de las computadoras; sino, tal vez, de piedra. Ahí están los votos de agosto pasado, que lograron que por primera vez en mi vida sintiera pena por ser mexicano. La historia, la maestra de la vida, está reprobada.
Nadie se quiere acordar de ella, nadie quiere aprender. Todos repiten lo mismo y, como vil canción de José José, cantan: "Ya lo pasado, pasado. No me interesa...". Nos molesta la memoria Hoy quisiéramos no recordar lo que sucede cotidianamente, la miseria que arrastra nuestra existencia a una situación de suicidio colectivo, la histeria colectiva que sustituye a la historia.
Muchos de aquellos que hablaban de un mundo nuevo, que se reconocían en el material dialéctico, hoy se identifican, más bien, con la dianética.
Las palabras cambiaron de sentido y la memoria sólo recuerda lo inmediato, lo que graciosamente nos regala la televisión. Donatello, Rafael, Miguel Angel y Leonardo son vulgares tortugas, gracias a las cuales los adolescentes de hoy conocen el concepto de camarada.

¡Qué pena que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!. Otra vez, León Felipe.
Andamos a la deriva y todo por desmemoriados, por no recordar que lo que sucede es producto de la irreflexión, de la creencia de que todo habrá de cambiar gracias a la nada, gracias a que hemos olvidado todo.
La historia sirve, decían los antiguos, para no repetir los errores del pasado. Pero, por desgracia, vivimos en una sociedad sin memoria, que no recuerda que la desgracia social se repite una y otra.

Quizá por eso, Rosario Castellanos escribió: Recordar, recordemos, hasta que la justicia se siente entre nosotros.
Quizá por eso, la gente que escribimos de historia queremos burlar la desmemoria de un país tan desmemoriado como el nuestro. 
Esto es México, con una sociedad que a finales del segundo milenio apenas si recuerda que nunca ha vivido bien y que por ello no quiere recordar, como aquel borracho que se emborrachaba para olvidar lo que ya había olvidado: entre las brumas del alcohol, tan sólo, solo sabía que brindaba por lo que ya no existía; pero también por la cruda tan tremenda con la que se despertaría al día siguiente...

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