jueves, 9 de abril de 2015

Zapata, bajo el trazo crítico de los moneros

Hace 15 años, 10 de abril de 2000, publiqué en Milenio Diario el siguiente texto. En términos generales sigue vigente, salvo en la parte dedicada a Posada que, en texto aparte, referiré.


El Emiliano Zapata, casi idílico, que conocemos no fue visto así por los caricaturistas de la época
La apreciación histórica, e histérica, con que hemos conocido a Zapata se rompe con las imágenes que presentamos. “Atila del Sur”, se le llamó con frecuencia. Los temores del cambio, tras la revolución de 1910, fueron alimentados por la prensa de la época.
Como hoy, cuando la televisión se convierte en juez y se ha convertido en un verdadero dique para el desarrollo democrático, en los años posteriores a la caída de Porfirio Díaz, los medios de comunicación se convirtieron en un elemento perturbador de la incipiente democratización convocada por Francisco I. Madero.
No era gratuito, el dictador tenía comprada, a través de subvenciones, a los periódicos más importantes del país. Así lo señaló El Diario, del 8 de mayo de 1911:
"Desde el día 1o. del mes actual han quedado suprimidas las subvenciones que el gobierno les tenía otorgadas a la prensa. Al presentar los directores de periódicos su recibo por la subvención de mayo, se les notificó que no debían esperar seguir cobrando del nuevo gobierno ninguna cantidad de dinero en pago de su amistad.
Las subvenciones suprimidas son las siguientes, que pagaba cada mes el Tesoro Público: El Imparcial $ 4,200; Mexican Herald $ 1,100;El Tiempo $400; La Iberia $ 400, y Gil Blas $300. Fue suprimida la subvención a varios otros periódicos de menor importancia, así como a otros periódicos del extranjero.

Visto lo anterior, es comprensible la manera tan feroz de retratar a Emiliano Zapata. Multicolor, dirigido por Mario Vitoria y que contaba entre sus filas al Chango García Cabral, volcó su critica hacía Madero y Zapata (y todo lo que representara el cambio).
            En un cartón, Zapata es representado como un criminal peor que todos los asesinos y ladrones del mundo. Si los criminales y el mismo Lucifer se presentara hasta don Emiliano, serían cohibidos y humillados, señala el texto del Chango.
            En la pulquería La Piedad se encuentran Zapata y Madero frente a cuerpos mutilados y el Caudillo del Sur, comenta: “Pacificando, D. Panchito”.
Recién mandado al exilio Porfirio Díaz, las críticas se enfocaron a los revolucionarios, tanto a Madero, como a Zapata. Un cartón que sorprende a propios y extraños, es el realizado por José Clemente Orozco, quien algunos años después, en sus murales, sería uno de los artistas que contribuirán a la mitificación zapatista
En él se mira a Zapata y a Gustavo A. Madero abrazados, con un pie que dice Ay! que dos… ay! que dos… ay! que dos tan…
Y es que el hermano incomodo de don Francisco, fue Gustavo, quien fue desprestigiado en los medios, acusándolo de ser parte de la corrupción y como el nepotismo de su hermano. La crueldad de los caricaturistas fue tal, que no cesaron en burlarse del ojo de vidrio de Gustavo, a quien apodaron, sin piedad, “ojo parado”.
Por otro lado, como se sabe, en 1911, Zapata rompió con Madero y este alejamiento fue documentado a través de diversos cartones.
En La Sátira, la portada titulada, “La verdadera situación de México”, muestra una escena donde Madero y Pino Suárez tratan inútilmente de domar a un toro con el rostro de Zapata, mientras el pueblo dice “Que se me hace jefes, que ustedes no le aguantan los reparos”.
La critica, también, ayudó a que Madero se alejara más de Zapata. En El Ahuizote, se mira a al caudillo suriano jugando con la muerte, mientras se mira a Madero, con su pala de enterrador, como cómplice del zapatismo, alabando los “Juegos malabares de don Emiliano.
El Chango Cabral, otro personaje mitificado, muestra a un grupo de personajes para calificarlos según el grado en que se encuentre: Díaz ha emi-grado; Reyes ha sido malo-grado, Zapata ati-grado y el pueblo, Fre-gado.
Pero dentro de la crítica a la figura de Zapata existe una excepción: la de José Guadalupe Posada quien mirará al caudillo del Sur de otra manera y a veces hasta simpatiza con él. Por lo menos en su grabado muestra a un personaje que es toda dignidad.

La imagen que Zapata tuvo ante sus contemporáneos nada tienen que ver con el personaje mitificado que ha sido visto por cientos de artistas de una manera muchas veces idílicas; se han montado muchas exposiciones oficiales donde suelen hacerse a un lado las caricaturas críticas, con razón o sin ella, pero que son una muestra de cómo era visto.

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