martes, 14 de octubre de 2014

Historia deliciosa de los chiles en nogada

Nunca he sido partidario de la comida dulce y salada. Soy medio dogmático, o era, porque hace tiempo comencé a abrir mi paladar a esa combinación.
Los chiles en nogada son parte de los mitos nacionales. Una de las versiones acerca de su origen, dice que al firmarse el Acta de Independencia, en 1821, a las madres agustinas del Convento de Santa Mónica, de Pueba, en el día del santo de mi tocayo, el 28 de agosto,  se les ocurrió cocinar un platillo que tuviera los colores de la  bandera: el verde de los chiles, el blanco de la crema y el rojo de la granada.
Así, dicen, nació este platillo delicioso.
Pues bien, les cuento a todos los chilangos que ahora ya no hay que ir a Puebla a comerlos, tan sólo acudir a la calle de Puebla donde se abrió un esplendido restaurante El Angelopolitano.
Justamente ahí he saboreado los más deliciosos chiles en nogada de mi vida.
Hay que decir que hoy concluí que ello se debe, en buena medida, a que tienen como adorno arúgula, una especie de lechuga amargosa cuyo sabor, al chocar con lo dulce, lo ácido y el del chile y la salsa, genera un juego de sabores capaces de trastornar todos los sentido con el mayor espíritu de gula, de un placer infinito.
Vayan a El Angelopolitano, pues dice la propaganda, "debido a la extraña época de lluvias y a nuestros proveedores que hicieron un gran esfuerzo en seguir consiguiéndonos nueces y granadas de la más alta calidad, la temporada de Chiles en Nogada se extiende durante todo Octubre".

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