domingo, 25 de mayo de 2014

Doce horas de sueños con Posada

Este texto lo publiqué en Laberinto, del periódico Milenio, el 19 de enero de 2013.

Doce horas de sueños con Posada
Por Agustín Sánchez González
Las doce
Hace veinte años que sueño con Posada.
Me imagino a este hombre viviendo con alegría, sufriendo por encontrar como capturar y aprehender  esas imágenes tan extraordinarias que suele tener cotidianamente, por no decir permanentemente en la cabeza, en esas manos regordetas que son capaces de construir un mundo al revés.
Posada siempre soñaba, estoy seguro. Desde niño le persiguió el terror, los demonios y buscó en el arte el exorcismo.
Lupillo o Lupito, Guadalupe. Nació en San Marcos, uno de los cuatro barrios de Aguascalientes.
Era el 2 de febrero de 1852, día de la Candelaria, tiempo de celebrar las candelas, las velas que iluminan de alegría al mundo al presentar al Niño Jesús en el Templo, al celebrarse los cuarenta días de haber nacido, según la tradición católica. Día de fiesta. Nació Guadalupe.
La una
Lupe vive la tragedia, el horror, la muerte. Cinco años atrás su país perdió la mitad de su territorio; el cólera grande provoca cerca de diez mil muertes. Muchos enfermos son abandonados y pilas de cadáveres se forman en los cementerios.
           Los bandidos asolan la región. En 1863 el Parían es incendiado y las llamas alcanzan alturas insospechadas.
           Se sabe de que en Calvillo hay decenas de fusilamientos tanto de imperialistas como de liberales.
El niño Lupe mira con terror la muerte, los muertos. Pánico, terror, desasosiego. ¿Infancia es destino?
Las dos
No todo es dolor. Su padre hace pan, delicioso pan, venturoso pan, Su tío hace vasijas hermosas, un medio hermano es zapatero y Cirilo, el hermano mayor, es profesor y lleva al pequeño Lupe a entretener a los chamacos con sus trazos.
Imágenes venturosas corren por su vida. Percepciones gozosas que se mezclan con el horror.
En el censo de 1869 se dice que Lupe es pintor. Asiste a la academia de Antonio Varela. Cirilo, un joven liberal, mira el talento de Lupe.
En 1871 hace sus primeras caricaturas en El Jicote. En la primera de ellas, aparece una calavera tradicional; en la segunda, Benito Juárez  recibe una patada en el trasero. Caricaturas críticas y agudas. Políticos maromeros.
La influencia de los caricaturistas de la capital, de La Orquesta y otras publicaciones lo han marcado. Estas, a su vez, llevan la marca francesa de Daumier.
Las tres
Marcha a León al lado de Trinidad Pedroza. Abren un taller con un perfil comercial. Imprime felicitaciones a personajes públicos o privados, estampas religiosas, dibujos de vida cotidiana como la litografía El Carro alegórico de la ciudad. 20 de enero de 1876;  y un abanico de trabajos: vitolas, etiquetas de puros, cigarros y cerillos, de fábricas y talleres.
           Conmueve su calidad de obras destinadas a la basura, a lo efímero. Posada es precursor de la publicidad y su estética impresiona. Ilustra el Libro de Moral Práctica o selecta colección de preceptos y bellos ejemplos destinados para la lectura; también El Mártir del Gólgota, de Enrique Pérez Escrich, y las Efemérides guanajuatenses o datos para formar la historia de la ciudad de Guanajuato. Sus trazos son vanguardistas, inclusive cercanos al cubismo que por esos días se estaba gestando en Europa.
           Mantiene una fidelidad a las formas y las líneas con virtuosismo.         Su obra mueve y conmueve.
           Profesor de litografía, creador de exlibris. Realiza con sus alumnos un excepcional plano directorio comercial de la ciudad. Dibuja en periódicos como La Educación, el Pueblo CatólicoLa Gacetilla.
Conoce a una joven llamada María de Jesús Vela y contrae matrimonio. De esa unión nace Juan Sabino.
Las cuatro
De nuevo la tragedia, pero también la dicha.
En 1888 una terrible inundación arrasa León. Antes o después, Lupe ha decidido irse a la capital del país. Un gran escritor y periodista, Ireneo Paz, cuyo nieto Octavio será Premio Nobel, lo invita a trabajar, a ilustrar libros, revistas y periódicos.
Arturo, hijo de Ireneo, atinó a profetizar que sería el "primer caricaturista, el primer dibujante que tendrá México”.
Con los  Paz su prestigio aumenta. Una hermosa calavera, que presagia las obras de sus últimos años, se presenta en la portada de La Patria Ilustrada.
Aquí se encuentra con uno de los genios de la caricatura: José María Villasana. Entre los personajes creados por Ireneo Paz, e ilustrados por Posada, está el Padre Cobos y Doña Caralampia Mondongo, productos literarios y periodísticos que dejaron honda huella. El primero fue concebido como columna política; Villasana lo materializó, se lo heredó a Jesús Alamilla, pero Posada le dio una versión definitiva. Caralampia Mondongo es un gran personaje femenino. Es una delicia verlos bailar.
Con Arturo Paz, también, realizó excelentes copias de la obra  del pintor español Mariano Fortuny en la Revista de México. Fortuny revolucionó la pintura española con su retrato costumbrista de la vida cotidiana de los personajes sin historia. Posada, asume esa influencia y muestra que gran pintor sería.
Las cinco
Posada participó muchos editores, algunos tan importantes en la historia del periodismo mexicano, como Francisco Montes de Oca, quien dirigió El Popular y fue propietario de de Argos, El Chisme y Gil Blas.
Diseña los cabezales, el  Gil Blas con un sentido elegante y clásico; con un sentido tipográfico El Popular como El Chisme. Pero Argos es otra cosa: una verdadera obra maestra.
Las seis
Antonio Vanegas Arroyo es a quien debemos la mayor parte de la obra conocida por Posada. Fue vecino de Posada en la Cerrada de Santa Teresa y con él compartió trabajos desde 1890 hasta 1913.
Gracias al acervo de Vanegas existen las obras que hoy conocemos. No son las únicas, pero son las sobrevivientes a cien años de andar volando por las calles.
Con Vanegas creó obras tan impactantes como la Gaceta Callejera, las imágenes religiosas, las cartas de amor, los juegos de mesa, la nota roja, el retrato de héroes y santos.
Empero, son las calaveras las que han hecho que todo el mundo siga pensando que sólo eso dibujó, lo cual no es una realidad. El porcentaje de calaveras dibujadas es mínimo, hace falta un inventario de su obra, pero calculo que no debe ser más allá del cinco por ciento.
Las siete
La Calavera Catrina, es la obra más conocida de Posada. Se ha convertido en uno de los iconos de nuestra identidad nacional.
Más allá de su belleza en sí, esta popularidad tiene que ver, sin duda, con el mural de  Diego Rivera, Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, donde lo ubica como una figura central, a la que el muralista toma de la mano y la coloca por delante de la propia Frida. De este momento arranca su fama.
La Catrina fue bautizada por Diego Rivera; la hoja volante donde apareció originalmente se llamaba “Remate de calaveras alegres y sandungueras” y el subtítulo era: Las que hoy son empolvadas garbanceras pararán en deformes calaveras.
 Las garbanceras eran las indígenas que comían garbanzos, es decir, aquellas ladinas que menospreciaban su clase social y querían ser como las patronas españolas. En una parte del texto dice: “Hay unas gatas ingratas, muy llenas de presunción y matreras como ratas, que compran joyas baratas en las ventas de ocasión”.
Es una obra de arte perfecta, con dimensiones exactas, su sombrero es de un estilo barroco que parece girar gracias a su perspectiva y a su profundidad. Si algo caracteriza a las calaveras de Posada, es el movimiento continuo, la dialéctica, el disloque, el perpetuo movimiento hacía todo.
Las ocho
¿Cómo calificar la obra de Posada? ¿dentro de qué estilo? ¿qué tendencia?
           Existen pocos estudios de la estética de Posada, pero hay una parte que rescato en mis sueños compartidos: el surrealismo.          Sus inagotables monstruos, calaveras, demonios, fenómenos y endiablados, muestran una obra fantástica, fabulosa, de ensueño, que sin duda lo acerca a una visón onírica, al surrealismo.
           En Recuerdos de México, André Breton menciona que el atractivo principal de este país era la conciliación entre la vida y la muerte. Dicha visión es expresada por Posada de una manera magistral a través de sus calaveras.
Las nueve
Posada es un artista cuya obra, presumiblemente efímera, quedó para la posteridad por muchas razones, una de ellas, es su presencia en la vida cotidiana.
           Es una producción realizada con la sabiduría de un genio, cuya modestia extrema, jamás alcanzó la vanagloria, de ahí su contradictorio actuar entre el aplauso y el olvido.
           Cronista excepcional que pintó la comedia humana, la tragicomedia mexicana de un siglo que terminaba y otro que nacía. Posada captó todas esas historias de la vida cotidiana: el silencio, la marginalidad, la tragedia, el dolor, la risa, la sorna, la carcajada, el miedo, el regocijo, el pecado, la magnificencia, la fe, la miseria, el llanto, el placer, la vida, la muerte, el blanco, lo negro, el pecado, el amor, lo mexicano.
           Más allá de ponerle cualquier adjetivo, Posada como pocos artistas, ha trascendido en lo que somos, en la imagen de un mexicano que se transforma en universal.
           La tristeza manifestada de un genio como Juan Rulfo, de su inframundo, de sus caciques, de sus vivos y muertos, se emparenta con Posada.
           Esta identidad, marcada por la vida mexicana y manifestada en nuestro arte, es un espejo de nosotros y para nosotros.
           Buena parte de su producción, se encuentra desaparecida pues fue realizada en hojas de papel volando, y no buscó ni muros ni caballetes, ni museos ni galerías.

Las diez
Posada murió en Tepito, solo, en la tristeza total.
Lo paradójico de su vida, fue haber muerto sin que nadie se enterara y ser echado a la fosa común, con sus calaveras del montón, sin que nunca se supiera nada de sus cenizas.
Los restos del fabuloso fabulador, como lo calificó Luis Cardoza y Aragón, fueron a parar a la tierra del Panteón de Dolores, donde queda la Rotonda de los Hombres Ilustres, sin ser acogidos con esos ilustres mexicanos, aunque es probable que sea más ilustre que algunos de ellos.
En Dolores (y tal vez con) quedaron sus restos convertidos en polvo, en polvo enamorado, esparcidos en un país que nunca jamás lo olvidará.

La once y sereno. Nos vamos

Posada es un sueño, como la vida.
           Sólo venimos a soñar, no es verdad que venimos a vivir en la tierra.
           Como la eternidad, mientras exista el mundo quedará el testimonio su grandeza.

           La vida de Posada fue retratar la vida y la muerte; como parte de ella, quedó congelada, como la sonrisa de la Garbancera, para la eternidad. 

2 comentarios:

Areli Segovia dijo...

Que delicia fue leer este articulo, ir de un lugar a otoro, de u tiempo a otro, como en "Media noche en Paris" (de Woody Allen), con la nostalgia romantica de que un tiempo anterior siempre fue mejor. Gracias Agustin por tal epifania, y el retraro en pedacitos de gan excepcional artista mexicano.

Paulina Martinez-Vargas dijo...

Agustín, felicidades por este artículo. Toda una lección de historia entre la vida de Don Lupito y lo que sucedía en México.

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