domingo, 13 de febrero de 2011

De nota roja

Ni la violencia ni la sed por leer sobre crudelísimos crímenes son novedad; esto queda claro al hablar del tema con el escritor Agustín Sánchez.

Por Alberto Castillo


La labor del investigador del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas del INBA, Agustín Sánchez González, se ha centrado en el siglo XIX, del que no sólo ha rebuscado en sus letras sino también en sus imágenes. Los caricaturistas de época eran tan virulentos como los de hoy en día y los presidentes no se escapaban de ser ridiculizados. En su libro de reciente aparición Terribilísimas historias de crímenes y horrores en al Ciudad de México en el siglo XIX. (Ediciones B, 2006) Agustín Sánchez entrega una serie de relatos extraídos de la nota roja en los que los hechos de sangre son protagonistas. La entrevista con CAMBIO se dio en un café de la colonia Condesa, evento al que se sumó, por azar, el también escritor Federico Campbell.
—Da la impresión, a leer tu libro, de que la Ciudad de México siempre ha sido violenta…
—Son fenómenos que suceden en todo el mundo. En Madrid hay un fenómeno muy fuerte de libros sobre asesinos de mujeres. Hay títulos incluso como “ellas matan mejor”. Es un poco la moda de allá.
—Sin embargo, con la historia que mencionas de una banda ligada al jefe del Estado Mayor de Antonio López de Santa-Anna, se evidencia que la relación entre el poder y el crimen en México es añeja.
—Por supuesto. Esa fue una parte impresionante. Estas crónicas de nota roja son una buena muestra de un país que cambió para seguir siendo el mismo.
—¿Cómo le entraste a la investigación de la nota roja?
—Hace muchos años habíamos hecho un proyecto con la SOGEM [Sociedad General de Escritores de México] de nota roja de la Ciudad de México y, como los proyectos gubernamentales quedan truncados, nunca lo publicaron y quedó por ahí.

CRIMEN Y PODER
En este momento de la conversación cruza frente a la terraza del café Federico Cambpell, al reconocer a Sánchez se acerca para saludarlo. Entonces, este reportero le explica el tema de la entrevista y Campbell sze interesa por las respuesta de Sánchez”.
“Y sí, este es un país con mucha desigualdad y con gran organización para el crimen. Aquí una de las mejores historias es la que toma Manuel Payno para hacer Los Bandidos de Río Frío.”
—¿Oye, es cierto que los bandidos de Río Frío eran policías?- le pregunta Campbell a Sánchez.
—El asistente de Santa-Anna, Juan Yáñez, el jefe de Estado Mayor, tenía acceso directo a él, así que cuando le decían “señor, vamos a llevar el oro a Veracruz y va en tal lugar’, cuando llegaban los bandidos, ya sabían exactamente en qué lugar buscar”, sin mayor derramamiento de sangre.
—¿Cuál es tu principal fuente para el libro?— cuestiona este reportero.
—Hay varios tipos de textos. Por ejemplo, leí a la marquesa Calderón de la Barca buscando, a Altamirano, a Bustamante, buscando hechos criminales.
—¿Dónde se publicaban estos textos en el siglo XIX?
—No había muchos periódicos. El título del libro es un homenaje a Posada, que tenía una publicación llamada La Gaceta Callejera, donde pone estos títulos que después hereda Alarma. Estos títulos de “La horrorosa historia del horroroso hijo que mató a su horrorosa madre” o “Tristísimas lamentaciones de un enganchado”.
—Yo había pensado que esto era relativamente nuevo…
—No, es una tradición del siglo XIX, que surgió de un cuate llamado Constancio S. Suárez, que era quien hacía las cabezas para La Gaceta Callejera, que era una hojita que aparecía cada vez que había un hecho violento. Entonces Posada imprimía su hojita y la vendía al día siguiente. De hecho el libro termina con la historia de una chava que se lanza de las torres de Catedral por una cuestión amorosa.
Federico Campbell se ríe de la decisión de la joven y comenta: “¡Qué estúpida! Hay muchos peces en el mar”.

LA MODA DEL SUICIDIO
Sánchez agrega datos que hacen la historia aún más risible:
—Se da un fenómeno colectivo de suicidios. Los periódicos prohíben las noticias de suicidio porque se puso de moda.
Campbell relata que durante hace unos años se dio una ola de suicidios de niños en Japón, debido a que se les presionaba para obtener cada vez mejor calificaciones. De vuelta al siglo XIX Sánchez relata el conocidísimo caso de Manuel Acuña, aquél del Nocturno a Rosario:
—Acuña se suicida por Rosario de la Peña, que traía locos a todos los intelectuales de la época. Y el único que se suicida es Manuel Acuña. Además es muy chistoso, porque este cuate, que en realidad no quería suicidarse, camina de noche por toda la Ciudad de México buscando que lo asalten, que lo maten y no le pasa nada. Entonces al día siguiente se suicida. A veces los periódicos pagan por noticias, y hay una historia de un tipo que llega a la redacción de un periódico y dice “¿Aquí compran noticias de crímenes y asaltos?” y le responden que sí; “¿y cuánto pagan?”, pregunta; “pues depende de la noticia”; “¿y cuánto pagan por esto?”, dice y se destapa el vientre y enseña las tripas de fuera.
Campbell abre los ojos y comenta: ¡A poco pasó eso! Si lo pones en una novela nadie te lo cree.
Resulta evidente que Agustín Sánchez consigue su objetivo: atraer lectores. En la parte final de esta entrevista se lamenta de lo poco que se lee en México. Estas historias terribilísimas son su granito de arena para acercar al gran público a la lectura. Están bien escritas, documentadas, hablan de la historia de este violento país y, sobre todo, son entretenidas y sorprendentes.

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